Archivo para Fotografía

A despecho de perenne felicidad…

Posted in Arte Contemporáneo, Comics, Fotografía with tags , , , , , on julio 7, 2009 by deepfocusmagazine

Es bien sabido que después de Shrek hubo una suerte de boom en todo lo relacionado con narraciones que reinterpretaron la naturaleza de los cuentos de hadas; dicha iniciativa dejó claro cuánto había envejecido el espíritu Disney respecto al entonces próximo cambio de siglo e inicio de un nuevo milenio.

Resultó más curioso ver toda clase de fauna derivada de fábulas, llevada hasta el extremo de las implicaciones morales y personalidad, en ausencia de una crisis dramática que rivalizara por contraste con preocupaciones contemporáneas.

Quizás el acierto más grande hasta la fecha en la realización de Shrek haya consistido en simplemente emprender la idea. Lo interesante es que el esfuerzo bastó para estimular nuevas aproximaciones personales a la misma temática.

En esa dirección, Dina Goldstein desarrolló una propuesta por igual divertida y lograda con la serie “Princesas caídas”, pues al tratarse de fotografía dirigida, se aprecia de inmediato el esfuerzo invertido para la realización de cada imagen.

Cenicienta

Blanca Nieves

Rapunzel

Jazmín

La bella durmiente

Caperucita Roja

Bella (de "La bella y la bestia")

Restan por tomarse dos imágenes para cerrar el concepto que planteó Goldstein, pero no termina allí.

La mecánica del cuento de hadas, además de encerrar buena parte de la educación narrativa de todo niño y estar anclado en la memoria de cada adulto, sirvió para arrancar un proyecto no menos descabellado en el terreno del comic, mismo que a la fecha goza de abierta simpatía entre lectores, autores y críticos, hasta el punto de haber desarrollado suficiente interés en el título para que de él se adapte una serie de televisión.

Aun si se queda en la mesa de negociaciones para jamás estar en la luz de un monitor, Fables merece una ligera revisión de los 85 números que hasta la fecha componen la serie, ya que traducidos en periodos de entrega de un comic, 12 números por año, la historia creada por Bill Willingham está cerca de alcanzar 8 años de producción ininterrumpida.

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Joshua Hoffine, nostalgia de la repulsión

Posted in Arte Contemporáneo, Autores, Fotografía with tags , , , on junio 3, 2009 by deepfocusmagazine

Siempre es agradable encontrar un creador con gusto por los métodos tradicionales y peculiar sentido del humor. Aunque la temática se presta más para estar a tono con noviembre, el trabajo de Joshua Hoffine es regular a lo largo del año.

Amante del cine de horror y mediante equipo de fotografía tradicional, con negativo, diapositivas e impresiones, su temática se enfoca en un homenaje hacia las películas tradicionales de horror, aunque en contextos que no refieren directamente los argumentos de una cinta, sino la reacción de un personaje imaginario contra la presencia de una criatura o situación fantástica.

Un detalle distintivo en la obra de Hoffine es nulo uso de recursos digitales para plasmar el contenido de cada imagen, pues en cada una de las fotografías trabaja directamente con iluminación, maquillaje y reproducciones de objetos, en la tradición de una escena dirigida. Es decir, ninguno de los elementos visibles corresponden a una alteración directa sobre la imagen mediante la manipulación con Photoshop u otros editores digitales, cada fotografía fue retratada in situ.

A ello se añade que además de la calidad visual de las fotografías, hay la constante de un entorno de pesadilla, casi siempre protagonizado por niños. Puesto que la dificultad para lograr una composición así no es poca, después de revisar minuciosamente las imágenes, se descubre como constante a niños de apariencia similar, que no es coincidencia.

Cada uno de los niños que apoyan con su presencia las imágenes son familiares de Hoffin, motivo por el que consigue tanto aire de dominio y plasticidad en los distintos retratos, por no mencionar cooperación y credibilidad en el resultado.

Amante del cine gore y cuanto monstruo ha engendrado el celuloide, Hoffine produce una foto tras otra, mismas que pone a la venta en un número limitado de impresiones para el comprador que desee adquirir su trabajo.

Así, mediante la venta de su trabajo, este creador sigue generando nuevos escenarios para el conjunto de su obra. Ya sea porque simpatizan con el género, curiosidad o quieren comprar una foto a Hoffine, pueden visitarlo en:

www.joshuahoffine.com

Miroslav Tichý, ese dulce y extraordinario vagabundo

Posted in Arte Contemporáneo, Artes, Autores, Fotografía with tags , , , on febrero 7, 2009 by deepfocusmagazine

En vista de que Lucas Samaras despertó la atención, a continuación otro fotógrafo quien surgió de la nada y dejó al mundo de rodillas: Miroslav Tichý.

Tichý

Este nombre representa casi todo lo que se podría pensar acerca de la nulidad ofrecida por el cambio de tecnología analógica a digital, así como la superficialidad/profundidad del acto fotográfico.

Nacido en 1926 y egresado de la Academia de Artes de Praga, a partir del 24 de febrero de 1948, cuando el gobierno socialista derroca el gobierno demócrata de la República Checa, Miroslav Tichý se convierte en uno de los muchos sospechosos según el aparato soviético, ya que el entonces pintor, ajeno a simpatías de partido y movimientos de corte social, sólo se interesaba en su producción e independencia.

Fue arrestado bajo sospecha de agitación y posible traición al Estado, para pasar quince años encarcelado e interno en instituciones psiquiátricas.

Una vez demostrado que se trataba de un artista sin adhesiones políticas peligrosas, fue liberado bajo una sola condición: no debía pintar un solo lienzo.

Ya en la década de los 60, libre y reubicado en Kyjov, su pueblo natal, decide hacer una transición de disciplina: sustituye pincel por objetivo fotográfico. No obstante, bajo la constante vigilancia del socialismo, efectúa este cambio de la manera más sutil y conmovedora.

En plena marginalidad, viviendo como indigente, construye sus cámaras con desperdicios: latas de tomates, lentes abandonados, pedacería de cartón aglomerado, así como material fotográfico que elaboró por cuenta propia, gracias a que conocía la química del laboratorio.

Haciendo gala de una voluntad indomable, se forja el hábito de tomar 100 fotografías diarias en su errar por las calles de Kyjov, hasta que aparece el tema favorito de su obra: las mujeres. Todas y cada una de las que nunca mirarían al loco, el paria del Estado, apuntándoles con el artificio de una cámara en apariencia inservible.

Así, Tichý construye desde la soledad una obra cuyo personaje central es el erotismo de la mujer checa, indiferente, ignorante de la mirada que le atrapa, ajena a su propia voluptuosidad.

Tomada la decisión, Tichý trabajó de esta forma durante 30 años, en la vena de la más pura austeridad y vigor artístico, pero solo y sin reconocimiento hasta la intervención de Roman Buxbaum.

Psiquiatra y allegado de Tichý, supo del proceso personal de este artista —ya que su familia lo conocía de tiempo atrás—, pero cuando entró en contacto con su obra, decide retirar de él la burla colectiva del viejo loco repleto de fotografías, cuya cultura se había desentendido del todo del medio ambiente.

Un poco a regañadientes, Tichý accede a que Buxbaum proponga la exposición de su obra, misma a la que Tichý tampoco da suficiente importancia, razón por la que Buxbaum recoge con mayor libertad el corpus fotográfico, pues Tichý se considera a sí mismo pintor mientras las imágenes que toma son mero resultado secundario, accesorio de lo primero.

Buxbaum se dirige a Zurich para presentar las fotografías y, a partir del 2004, la obra de Tichý pasa consecutivamente de una exhibición a otra: la bienal de Sevilla en el 2004, la Nolan/Eckman Gallery de Nueva York, la Künsthaus de Zürich, Arndt de Berlín y, hasta la fecha, sus exposiciones siguen circulando.

Envejecido, con dos documentales en torno a su persona (Tarzan in Pension, Buxbaum; Worldstar, Nataša von Kopp, 2007) y ante el asombro de los nativos de Kyjov, quienes no se explican cómo es posible que las fotografías de la burla local se consideren arte —algunas de dichas fotos cotizadas entre 4,000 y 8,000 euros—, Tichý responde: “No soy pintor, fotógrafo ni filósofo: soy un Tarzán retirado”.

Para todos los interesados en el seguimiento de la obra de Tichý, el siguiente vínculo lleva a la página del autor.

http://www.tichyocean.ch/

Lucas Samaras, narciso distorsionado

Posted in Arte Contemporáneo, Fotografía, Historia with tags , , , , on noviembre 9, 2008 by deepfocusmagazine

Apenas iniciada la década de los 70, un artista plástico se abrió paso en forma abrupta y desconcertante. Tras experimentar en pintura y escultura, encontró un aparato sencillo, sin más complejidad que la invertida en la fotografía de aquél entonces, pensada sólo para lograr imágenes rápidas, al vuelo. El griego Lucas Samaras había descubierto la fotografía polaroid y, por su técnica, abriría paso a la inspiración de millones en la apenas naciente fotografía digital, ya que solo dos años después, la NASA enviaría al espacio la sonda Viking, equipada con el primer equipo fotográfico digital sobre la faz de la Tierra.

El único antecedente, relativamente cercano, al principio de la manipulación de imagenes fotográficas, más allá de Man Ray, con la transformación como principio explícito, se puede decir pertenece a Samaras.

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Concebido como un ejercicio de manipulación, orientado a la transformación de la emulsión de imágenes polaroid, Samaras se encuentra entre los primeros en haber desarrollado lo que hoy se conoce como “transferencia polaroid”: tras tomar la fotografía, humedecer imagen y su soporte en una solución, para así desprender la gelatina impregnada en la superficie de plástico. Una vez hecho eso, trasladar la gelatina a otro soporte para en la nueva superficie hacer con dicha imagen lo que se quiera.

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Derritiendo, diluyendo, raspando, quemando, rompiendo, maltratando la emulsión, Samarás desarrolló la serie “Autoentrevistas”, conjunto de autorretratos en los que ocupa el lugar de un modelo en diferentes circunstancias, hablando de tal modo con el lente, que la percepción de la imagen no se encuentra supeditada a la maestría sobre el mecanismo de la cámara, menos aun, en la fantasía que el modelo tiene de sí mismo y por ello como se proyecta ante los ojos de un espectador imaginario.

Se trata, en todo caso, de un descenso pesadillesco hacia la construcción de un cuestionamiento deliberado.

Samaras toma de los cabellos la poesía lírica del foto periodismo —particularmente el de guerra—, de la misma forma que agrede la cada vez más ampulosa y compleja fotografía de modas, cuyos modelos aspiran a volverse frente a la cámara una imagen no sólo ideal, aspiraciones de carne y hueso de aquello a lo que debería aspirar un ser humano.

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En su lugar, Samaras elabora una confrontación con el espectador; plantea un tipo de mirada que se aparta de la belleza y, sin recurrir al fotomontaje, pues todo lo trabaja en una misma gelatina, cambiar la dinámica: un hombre común, alguien con quien se podría tropezar cualquiera en la calle, pero accediendo a él a partir de las representaciones que de sí mismo forma.

A cambio de glamour, miedo; en lugar de un campo bombardeado, la intimidad de una habitación; sin un ícono del mundo del espectáculo, un simple y vulgar desnudo, aunque sin los retoques ni afeites propios de una fotografía dirigida. En otras palabras, la búsqueda de un cuerpo tan deteriorado, como la idea de su propietario.

La obra fotográfica de Samaras hoy forma parte de la colección de más de una decena de museos. Pese a que entre su trabajo se encuentra una porción relevante del arte contemporáneo de finales del siglo XX, incluidas pinturas, arte objeto y escultura, prácticamente ninguna de ellas rivaliza con su trabajo fotográfico durante la primera mitad de los años 70.

Incluso hoy, Samaras también está entre los pioneros de la fotomanipulación digital, cortesía de Photoshop.

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