Archivo para Arte

De regreso, una vez más…

Posted in Arte Contemporáneo, Artes, Cine, Danza with tags , , , , , , , on enero 28, 2012 by deepfocusmagazine

Ha pasado mucho tiempo y numerosas cosas. Aunque se trata de una entrada breve, que sea para devolverle un poco de vida a esta página, bastante olvidada en el transcurso de unos meses.

Primero, le agradezco a Josh Bernhard por ligar esta página con su cuenta de Twitter luego del artículo escrito en torno a Pioneer One; a Sean Hartter, con quien tengo una entrada pendiente pero ya es un seguidor de Reloj Makech y, sobre todo, a quienes no han dejado de visitar la página y más a quienes se han afiliado a los contenidos que van apareciendo en ella.

No es fácil mantener un lugar con estas características, del que se ha preguntado “¿Cuántas personas escriben en él?” “Como que es un blog medio raro… ¿no?” “Siempre son cosas de las que casi nadie habla…” entre otras, pero a medio camino de la intuición, la curiosidad y una buena porción de mera suerte, así se publicó una entrada de Ron Mueck cuando apenas se estaba organizando la exposición en Monterrey, a principios de 2011 y en 2008 se habló de Jason De Caires Taylor, cuyos registros en video hoy son una cortinilla de Canal Once… algo está funcionando bien.

Pero cuando se trabaja a solas, guiado como a palos de ciego, es difícil saber si se está siguiendo el camino apropiado, que en este caso específico es única y exclusivamente el del lector

Ya que no se trata de un trabajo con remuneración económica, sino el placer de escribir para convidar al lector interesado, así como editar para que la presentación sea tan decorosa como quepa, sí, es un hecho: Reloj Makech está muy lejos de morir. En el caso de que así parezca, sintonicen sus redes sociales, porque la vida diaria es la que determinará que las pausas sean cortas o extensas, pero esta página, los alientos que la sostienen, se mantendrán hasta que ya no quede más razón ni vida para continuar con el proyecto.

Así las cosas, para recibir a los recién llegados y animar a quienes regresan, una pequeña cucharada de ritmo y buen sabor con dos videos que considero mis muy personales favoritos.

Gracias por seguir aquí.

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Josh Bernhard y hacia Pioneer One, el ciberespacio capitulado II

Posted in Artes, Autores, Ciencia Ficción, Cine, Historia, Nigel Kneale, Quatermass Experiment, TV with tags , , , , , , on septiembre 3, 2011 by deepfocusmagazine

A través de Pioneer One, de manera harto paradójica, Josh Bernard revisitó uno de los clásicos más importantes de la ciencia ficción británica que a largo plazo redefinió el esquema de la producción para televisión: The Quatermass Experiment.

Primer título importante producido por la BBC, The Quatermass Experiment fue uno de los hitos que —aunque poco se ha hablado formalmente de ello— se copió y transmutó en una de las referencias indispensables para el tratamiento de historias de ciencia ficción, a propósito de la llegada de vida extraterrestre inteligente capaz de infiltrarse en el modus vivendi humano sin ser percibida.

Por ejemplo, apenas un año después de la adaptación para el cine (The Quatermass Xperiment, Val Guest, 1955) tras el éxito de su transmisión por tv, en Estados Unidos se estrenó La invasión de los muertos vivientes (Invasion of the Body Snatchers, Don Siegel, 1956), tratamiento del que sobrevive la reacción de un grupo de humanos conscientes de la presencia de vida alienígena, excepto porque la narración se enfoca en la reacción de este encuentro en el contexto de un poblado pequeño, mientras en la versión original participa de primera mano el científico titular, Bernard Quatermass.

El argumento narra cómo el doctor Quatermass, tras enviar al espacio la primera nave tripulada por humanos, busca explicación a la pérdida de contacto con el aparato para después recuperarlo pero solo con uno de los tres astronautas que lo abordaron. De hecho, cuando se examina al viajero, presenta cambios en su estructura celular que anuncian una metamorfosis iniciada durante la desaparición de la nave.

Así, en una vena muy similar a la aportación de Nigel Kneale, guionista y creador de la serie, Josh Bernard presenta Pioneer One.

A la vuelta del Siglo XXI

¿Por qué sería paradójica la semejanza entre Pioneer One y Quatermass? Porque el realizador de la primera quizás se vuelva pionero de una forma de producción independiente con la que finalmente se demuestre la efectividad de internet como plataforma de distribución, con reglas, como en su momento fue innovador Kneale al demostrar que el nuevo medio de aquél entonces no era limitación para relatar una buena historia. Además, el parecido de sus narraciones.

Sin demeritar el trabajo de Bernard, mientras buena parte de la ciencia ficción de los años 50 mostró la cara de la paranoia estadounidense —debida en muy buena medida a la cacería de brujas macartista— y casi toda la producción del género se orientó por ella como metáfora del miedo hacia la «amenaza comunista», la inspiración de Kneale pasó al olvido y el desconocimiento masivos.

Pioneer One funciona como un homenaje hacia su trabajo, aunque se actualiza con ideas propias del joven autor, quien además revela una particular maestría para dominar el género con una premisa que ensambla hábilmente preocupaciones del anglosajón contemporáneo.

Durante una noche, desde diferentes puntos en la frontera entre Canadá y Estados Unidos, se avista la presencia de un objeto cuya caída primero es confundida con una estrella fugaz y después un misil arrojado por terroristas, ya que el objeto emite radiación y contamina tanto población como territorio de Edmonton. De inmediato se envían fuerzas especiales supervisadas por agencias gubernamentales para determinar la causa, pero en el lugar del impacto encuentran una cápsula tripulada por un joven quien viste un uniforme espacial de la Unión Soviética, habla ruso y la documentación consigo explica que proviene de una misión para colonizar Marte, donde nació en los años 80.

A partir de ese momento comienza una suerte de carrera contra el tiempo cuyo propósito consiste en determinar la naturaleza del fenómeno que cae en manos de dos agentes de seguridad nacional. Muy a la manera de la dupla Mulder/Scully en Los archivos secretos X, Tom Taylor (James Rich) y Sofie Larson (Alexandra Blatt) primero intentan resolver el enigma, pero nada consiguen hasta que se respaldan en la supervisión del científico Zachary Walzer (Jack Haley), cuya participación se vuelve decisiva para encontrar evidencias ante el silencio del muchacho.

Sin embargo, justo cuando podría confundirse con un refrito de la producción de Fox Television, mirando con cuidado surge una semejanza remota y muy sutil con otra serie de televisión británica: Zafiro y Acero (Sapphire and Steel, 1979), los agentes paranormales encargados de resolver disturbios en tiempo y espacio, dado el carácter de los personajes al igual que la tensión afectiva entre ellos, sin tocar siquiera de lejos el contraste creyente/suspicaz que predominó entre Mulder y Scully. Solo por eso, la dinámica de la narración gana en efectividad, al tiempo que hace un guiño para el aficionado al género.

Expectación a la vuelta de la esquina

Pero lejos de rememorar series originales por falta de creatividad, desde el primer episodio Pioneer One logró algo que se habría considerado casi imposible desde sus días de producción en 2010, hasta el último capítulo producido a la fecha: 3,170,095 descargas.

Ya que la mayoría del material presentado en Vodo.net se encuentra en proceso de producción, salvo si se trata  de una sola exhibición o un largometraje, los títulos dependen por completo del apoyo de los visitantes para recaudar los costos de producción a través de donaciones.

Bien mirado, equivale al costo de la taquilla en una película, una porción de la tarifa por el servicio de televisión en cable o algún servicio de transmisión exclusivo, por ello el apoyo recibido por este título es admirable, aunque de ninguna forma inesperado.

Proyectado como un trabajo en seis entregas de media hora para la primera temporada, cada uno de los episodios que la componen ha logrado mantener al espectador pegado en el borde de sus asientos. No le pide un cabello a una sola de las producciones más costosas de la televisión contemporánea, pese a la austeridad de la producción, que cuando se trata de locaciones, utilería, vestuario y efectos, es increíble la diferencia que pueden hacer en el manejo de recursos, a la vez que cambian y provocan cuestionamientos de fondo en torno a estereotipos y clichés hollywoodenses.

Todavía en el cuarto capítulo, faltan dos entregas, mismas de las que el quinto capítulo ya debe estar próximo a aparecer, con un epílogo en la cuarta emisión donde se refleja el entusiasmo del reparto, al igual que el apoyo recibido por el proyecto en su totalidad.

Ya en esas, ante el posible suspenso de Pioneer One, deténgase a pensar un momento y pregúntese: ¿daría ese dinero que paga a los piratas para promover cine y televisión independientes? Porque en estos momentos se está considerando la posibilidad de transmitir la totalidad de la serie entre los competidores de la televisión tradicional. Imagine lo que pasará cuando cristalice el proyecto Google TV.

Por eso Vodo.net tiene todas sus esperanzas puestas en este proyecto, porque con él habría un cambio definitivo en el mundo de la televisión e internet.

Hasta la próxima.

El semillero de gobelinos

Posted in Animación, Arte Contemporáneo, Artes, Autores with tags , , , , on julio 12, 2011 by deepfocusmagazine

Gobelins, la escuela de animación que se abrió paso en Europa desde 1975, en el transcurso de los últimos cinco años se ha colocado entre la crema y nata de la comunicación visual del mundo.

Desde los programas académicos entre 2005-2007, año con año Gobelins presenta cortometrajes en cuya galería destacan nuevos talentos que despuntan por un abierto despliegue de innovación y experimentos formales que infunden más vida en el ámbito de la animación.

Cuando no es así, hay casos de autores que dan indicios de empujar el campo con iniciativas formales y narrativas en un futuro no muy lejano.

El cierre de fin de ciclo que recién ha deslumbrado este año corresponde a Who’s Afraid of Mr. Greedy?, una auténtica maravilla a la que bastan apenas cuatro minutos y medio para sobrecoger a cualquiera, interesado o no en el mundo de la animación.

Sachiko Kodama, detrás del efecto Pigmalión

Posted in Arte Contemporáneo, Artes, Autores, Ciencia, Escultura with tags , , , on mayo 18, 2011 by deepfocusmagazine

En la mitología griega hay una de pocas referencias en torno a la creación escultórica y la formación de un lazo afectivo con la obra conjurada por el autor.

Pigmalión, rey y artista, en algún punto de su vida renuncia a la búsqueda de la mujer perfecta por lo que decide refugiarse en la escultura, de donde emerge Galatea, obra cuya fidelidad y realismo cautivan al soberano hasta el punto de enamorarse de su propia creación. Afrodita, testigo de este episodio, se apiada de él y le concede la oportunidad para amar a Galatea con vida propia.

Tras la mecánica de la escultura se esconde, al menos en la contradicción explícita que representa el trabajo con un objeto inanimado, la necesidad de que éste refleje por sí mismo vitalidad propia, autónoma, intrínseca a la capacidad del artista para que del material se proyecte aquello que sin voluntad ni ojo del creador habría sido quizás accidente u otro elemento de la naturaleza.

Pese a ello, el sueño de una «escultura viva» ha sido constante a lo largo de la humanidad, ya que parte de la noción correspondiente a un autómata sería tanto adquisición como dominio de un recurso para lograr el movimiento de objetos inertes, hoy atribuido y focalizado en androides y robots.

Así, en medio del eterno debate y búsqueda de nuevos materiales con que seguir incidiendo en la realidad, Sachiko Kodama, originalmente investigadora en el ámbito de la física, coincidió con una propuesta personal para experimentar en torno a la aparición del ferrofluido, sustancia aceitosa impregnada en partículas metálicas susceptibles a corrientes magnéticas, cuyo diseño procedía de la NASA.

Su investigación consistió en probar la capacidad del material para adaptarse a los cambios inducidos por un conjunto de estímulos externos y, del entorno de las ciencias duras que se percibiría estéril, sin imaginación ni recursos expresivos para producir un ápice de belleza, Kodama pasó de las ciencias a las bellas artes.

Ron Mueck, muecas de un realismo exacerbado

Posted in Arte Contemporáneo, Artes, Autores, Escultura with tags , , , on marzo 23, 2011 by deepfocusmagazine

El hiperrealismo es una de las tendencias más delirantes de las que se haya llevado registro en la historia del arte. En líneas generales, actúa como apelación al enigma de la existencia.

Por un lado plantea la maestría del ejecutante respecto al dominio de una técnica que, a su vez, registra con minucia espectacular cuanto pretende duplicar de una referencia —la mayoría de las veces anatomías humanas o entidades orgánicas cuya sola existencia es en sí misma motivo de asombro—, pero en el proceso de creación lleva ya inscrita una forma de cuestionamiento, así como una abstracción flotante, indefinida, dado que parte del proceso estético de estos trabajos —cualquiera de los que pertenecen al ámbito hiperrealista—, provocan el efecto de una obra congelada en el tiempo. De una criatura desencajada del flujo normal de la naturaleza que, además de perturbar, fascina por un efecto mórbido de rompimiento.

Aunque fue un movimiento con una generación de representantes, en realidad era una población pequeña, en parte porque para el momento de su aparición el privilegio se concedía a las obras abstractas, en parte porque la ejecución en esta vertiente implica una pasión maníaca por la perfección técnica, misma que pondría en cuestión cuál de los elementos de una obra tiene mayor importancia: si el perfil obsesivo del autor haciendo un despliegue impresionante de habilidades o la pieza en sí misma, cuyo contenido debería desprenderse de todo aparato montado para asombrar a un espectador hipotético, sea cual fuere su propósito.

El hiperrealismo, con el paso del tiempo, perdió su vigor en calidad de escuela/movimiento, ya que la recuperación de las escuelas clásicas no estaban cuestionadas como referencias directas para el desarrollo de un estilo ni la capacidad para proveer a un autor de las herramientas indispensables para desarrollarse.

No obstante, pese a la dificultad profesional, así como el riesgo estético de una propuesta hiperrealista, goza de cierto prestigio y admiración. En la actualidad la obra de uno de los mayores ponente contemporáneos de este movimiento ha llegado a México: Ron Mueck.

Espectacular a más no poder, Mueck debutó en Monterrey en las instalaciones del MArCo (aunque ya había expuesto en 1999) con la primera exposición individual que presenta once de sus trabajos en gran formato, y desde los preparativos de la curación fue un montaje sin precedentes en la historia del museo: el uso de una grúa para introducir a «La bebé», tras haber desmontado la ventana del piso superior, hasta la disposición de la obra bajo el ojo vigilante del escultor.

Pese a que el autor no asistió a la inauguración de su muestra, la presencia de Mueck en México es uno de los eventos más esperados en años para la comunidad artística nacional.

La trayectoria del artista se encuentra envuelta, entre otras cosas, por un halo de misticismo propio del éxito caído del cielo. Aunque formado en el contexto de las bellas artes, durante años trabajó para la industria cinematográfica hasta que la mamá de su esposa le pidió esculpir un Pinocho y desde entonces el creador tanto de utilería como efectos especiales ingresó al mundo del arte.

A continuación, el vínculo lleva al sitio web del museo de Brooklyn, donde se presenta uno de los mejores videos con la participación del autor, así como el proceso de creación de una de sus esculturas: Ron Mueck.

 

La vida loca (Christian Poveda, 2009)

Posted in Artes, Autores, Cine, Fotografía with tags , , , , on octubre 1, 2010 by camadorz

“Yo tomo la fotografía como una herramienta

de denuncia, para hablar de algo que no funciona”.

Christian Poveda

“Casi todo lo que está en la

pantalla está muerto”.

Michael Rabiger

“La paz es una utopía y la muerte una realidad” en El Salvador, afirmaba Christian Poveda, tan sólo unas semanas antes de su certero asesinato, a un periodista francés en un pre-estreno de su documental La vida loca. Y entre la utopía y la realidad se mueve el discurso de Christian en el documental sobre la dieciocho. La utopía de pensarse dueño de su propia vida y la realidad de saberse preso sólo de la muerte; la utopía de pertenecer a algo, cuando en realidad ese algo es inasible; la utopía de creer que una prótesis de ojo nos quitará las cicatrices internas y la realidad de que ese ojo ficticio sólo nos ajustará en el momento en que nos cierren los ojos bajo el frío cristal de un ataúd; la utopía de pensar que el mundo empieza y acaba en La Campanera y la realidad de que el lobo no está afuera, sino dentro; la utopía de que un nefasto rito mortuorio limpia el alma y reconstruye el espíritu y la realidad de que las palabras están huecas y el ataúd lleno; la utopía de considerar que de ese espanto puede brotar la dignidad humana y la cruda realidad de encontrarse con cuatro balazos en la cara.

La vida loca (Poveda, Francia-México-España, 2009) es el documental por el que irremediablemente se ubicará la obra de Christian Poveda. Y no por ser un documento único en cuanto a su contenido, sino por ser la película por la que Poveda fue asesinado en La Campanera, barriolúmpen salvadoreño donde viven y sobreviven los miembros de la M18, una de las dos pandillas Maras que asolan San Salvador. No sé si será justo que el nombre de Christian Poveda haya sido por siempre tatuado en la piel del fenómeno mara, pero es un hecho que pasarán años antes de que otro documentalista tenga los arrestos para adentrarse en ese mundo irracional e ilógico que es el pandillerismo salvadoreño. ¿Cómo acercarse, entonces, al documento audiovisual por el que un experimentado periodista fue asesinado? ¿Cómo deshacerse de este tamiz de sacrificio y martirologio? ¿Cómo desvestirlo de esa aura de solemnidad que la muerte de su autor le ha conferido? Tal vez de la manera en que Christian Poveda se acercó siempre a los temas que le interesaron. Con una calculada subjetividad.

Yo en lo que hago no soy objetivo. Siempre defiendo un punto de vista bien claro que es el mío y cada uno es libre de pensar lo que quiera sobre él”. De esta forma justificó Christian la crudeza de su obra, lo mismo la que habla sobre los fanáticos de la ultraderecha europea que sobre los “maras” salvadoreños; lo mismo la de las fotografías de una glamorosa vida de Nueva York en el NY Times que sobre los disturbios estudiantiles franceses en Le Figaro Magazine; lo mismo como corresponsal de guerra para Newsweek en El Salvador y Nicaragua, que como cronista visual urbano en Paris. Christian Poveda siempre ubicó su discurso del lado de los desamparados, siempre trató de articularlo con la idea de darle voz a quienes se les ha negado. De ahí lo interesante de su obra. Su lente no sólo buscaba una imagen, sino lo que esa imagen desprendía. Y lo que desprende la imagen de un miembro de la M18 es por demás interesante y cautivador. Esos cuerpos tatuados de manera irregular, con la cabeza rapada y la piel ceniza, la afrenta en el gesto y la soledad en la mirada fueron el objeto ideal de seducción para un fotógrafo y periodista como Poveda. Si a esto se le suma su pasada estancia en El Salvador durante la guerra civil y ahora, tras la instauración de la democracia con un gobierno de izquierda (salido incluso de las filas guerrilleras del FMLN), los elementos se conjugaron para que Poveda hiciera de este país centroamericano, el más violento de la región, su casa por más de tres años. El primer acercamiento que Poveda tuvo con los maras fue a través de largas sesiones fotográficas y de conversación en las cárceles de El Salvador. Posteriormente, de acuerdo con sus propios testimonios, Poveda incursionó en las zonas de control de la M18, pandilla asentada en el barrio La Campanera, en el suburbio de Soyapango, identificado como uno de los espacios más violentos de la capital del país. Una vez establecidos los términos de su investigación y los límites de su trabajo (jamás revelados por Poveda a medio alguno, ni siquiera a los productores del documental, según testimonios de éstos), el documentalista franco-español grabó a lo largo de 14 meses en La Campanera, en una prisión estatal, en los juzgados locales de El Salvador, en un centro de readaptación para menores y en la morgue municipal. El resultado es uno de los documentos modernos más aterradores y palpables sobre la violencia pandilleril de los maras de El Salvador.

Cuando se arma un documental siempre se tiene una tesis avanzada. Pero también siempre ocurre que a lo largo del proceso de producción esa tesis se estrella contra una realidad que nos es desconocida. Christian Poveda repitió en varias ocasiones que su motivación inicial para la realización del documental fue la de entender por qué un niño de 12 años decidía convertirse en un asesino, cuáles son las causas que lo orillan a abrazar un destino tan cruel. Pero al ver La vida loca uno jamás entiende por qué sucede esto y tampoco alcanza a ver que el realizador haya intentado adelantar esa respuesta. Muchos han sido los artículos tremendistas que sobre el fenómeno mara han aparecido en la prensa, pero pocos han profundizado en sus causas y son contados quienes han dado seguimiento al fenómeno, ya no para entenderlo, sino para saber hacia dónde va. El antropólogo argentino Ernesto García Canclini expresó en una conferencia en la UAM que todo fenómeno social es orgánico y que se debe vigilar su evolución muy de cerca para no llamarse después a la sorpresa. Y el documental de Poveda es tan sólo el inicio de lo que tendría que haber sido un puntual seguimiento al fenómeno mara. De hecho, tras una breve ausencia de apenas 9 meses, Poveda regresa a una Campanera distinta, donde los mandos de las pandillas han cambiado y ahora los líderes son más violentos y renuentes a negociar una tregua de paz. “Esta situación me tiene preocupado, porque creo que van a aumentar los homicidios y las autoridades gubernamentales no tienen ni idea del monstruo que tienen enfrente. Una situación difícil que en mi opinión podría desencadenar en otro tipo de guerra civil”.

La vida loca lleva al espectador a través de la agonía de un grupo de pandilleros maras de la M18, pandilla que controla varias zonas del Salvador profundo. El documental no es una disección del fenómeno, sino un fresco de cómo el fatal destino de estos pandilleros está igual de marcado que su cuerpo; no es un tratado antropológico sobre el fenómeno mara, pero sí una visión distinta y muy humanizada de cómo estos pandilleros lidian con una realidad que no sólo nos es ajena, sino inescrutable; no es una película justificatoria de su condición como pandilleros, pero sí un espejo en el cual vernos como una sociedad que privilegia la violencia como herramienta de ejercicio de poder, la sordera como política social y la ceguera como herramienta de convivencia.

La obra de Christian era un trabajo en permanente construcción. Su mirada nunca estaba quieta y si su lente fijaba una imagen, su mente y su andar la ponían en movimiento. Por eso alternaba la cámara fotográfica con la de video. Por eso sus trabajos en video tenían la esencia de la fotografía y por eso sus portafolios fotográficos emanaban esa dinámica de la imagen en movimiento.

Un buen fotógrafo tiene que tener la capacidad de editar personalmente su trabajo. La edición es todo un arte que se aprende al recorrer, estudiar y analizar trabajos, libros, exposiciones de maestros y de nuevos talentos. Es un ejercicio permanente que todo fotógrafo tiene la obligación de imponerse a todo lo largo de su carrera”. Esto escribió Christian en su blog, semanas antes de que fuese encontrado muerto con cuatro balazos en la cara, a propósito del profesionalismo con que un fotógrafo debe desempeñarse. Y tal vez fue este sentimiento de profesionalismo lo que llevó a Christian a su inevitable asesinato.

Sergio García Michel, la voz y la imagen

Posted in Artes, Autores, Cine, Documental with tags , , , , on septiembre 28, 2010 by camadorz

Antes de hablar, quisiera decir algo.

Groucho Marx

Sergio García es (así en presente) de esos escasos cineastas mexicanos que prestan su voz para que sea la de otros la que se escuche. A diferencia de quienes intentan hacer cine de autor, de quienes se abrazan al cine comercial, de aquellos que se esfuerzan por realizar un cine documental o de los que buscan experimentar con el cine, la obra de Sergio García se identifica con aquellos que hacen del cine un medio para expresarse a través de la voz de los otros, de definir la voz de una sociedad a través de la voz de un grupo social, de alzar la voz contra quienes vociferan para acallar a todos, de hacer del silencio voz, de la voz música y de la música contemplación.

Es ocioso referir el hecho de que si Sergio García hubiese nacido en otro país (EUA, Francia, España) su cine habría tenido una resonancia de acuerdo con su valía. Pero es cierto. Es inútil recomendar a estas alturas la obra de Sergio García como necesaria para entender la evolución de la cultura pop y la contracultura mexicanas. Pero es verdad. De nada vale recordar que sin la obra de Sergio García la cinematografía mexicana estaría un tanto miope de su enfoque documental. Pero es lo justo.

Sergio García fue un realizador lírico, maestro dedicado, terco productor, inigualable compañero y un cineasta completo. En él era común conjuntar al director, productor, guionista, camarógrafo, sonidista y editor. Las películas (cortos, largos, ficción, documental, reportajes, videoclips) de Sergio García tienen esa extraña cualidad de la ingenua mirada del novel cineasta, de aquel que hace del cuadro su lienzo y su página escrita, pero también una ventana para mirar al exterior y que los otros nos miren hacia adentro.

Se ha catalogado la obra de Sergio García como experimental, de culto, documental, de vanguardia, de crítica social y hasta de adelantada a su tiempo. Pero también se le ha visto como naive, arcaica, sin estructura, complaciente, proselitista y hasta inocua. Todos estos calificativos validan una obra surgida no de la pretensión, sino de la entraña; no del conformismo, sino de la inquietud; no de la ridícula imitación, sino de la instintiva búsqueda; no para la complacencia de las élites intelectuales, sino para el registro de la memoria popular.

Quien conozca la obra de Sergio García podrá adivinar a la persona y quienes lo conocimos entendemos del por qué de sus temáticas y su estilo. No es que Sergio tratara de hacer filmes oníricos, sino que le era fácil reconocer la belleza en la cotidianeidad; no es que se negara a crecer, sino que su mirada siempre fue adolescente; no es que buscara escandalizar, sino que buscaba reflejar aquello que ocultamos; no es que quisiera trascender, sino que sus palabras guardan una cercana identificación con nuestros anhelos.

Al revisitar la trayectoria fílmica y videográfica de Sergio García nos encontramos lo mismo con cortos experimentales de narración no lineal (El fin, 1970; Eran tres, 1972), largos de docu-ficción (Un toke de roc, 1988) y documentales tradicionales (Superman cayó en Vietnam y Tarzán en Angola, 1979; El ángel de la paz, 1995), rockumentales (Jorge Reyes en el año del eclipse, 1992; El cantar de los cantores, 2010) y gran cantidad de cortos de una amplia variedad de géneros. Pero más que en su filmografía, la valía de su cine está en la manera en que lo ejecutaba.

Sergio García trabajaba fuera de la industria y de los grupos. Más que un outsider era un maverick. Gozaba su independencia y hacía gala de ella al momento de grabar (sus últimos trabajos fueron en video. Dejó el celuloide hace muchos años). Los recursos monetarios eran escasos, si no inexistentes. Sus actores no cobraban y la gran mayoría de ellos juraban que trabajarían de nuevo con él cuando se los pidiese.

Ajustaba la historia a las locaciones, la dinámica de grabación a los actores y todo era parte orgánica de la película. Sus grabaciones nunca estuvieron del todo planeadas. Siempre dejaba espacio para el azar y la improvisación. Era un fiel creyente en que la labor del realizador es la de coordinar el talento de los demás y acomodar las piezas al final. Por esos sus filmes son tan distintos entre sí en cuanto al nivel de ejecución, pero tan similares en su esencia. Encontrar un cineasta como Sergio García en la historiografía mexicana no sólo es raro, sino excepcional. Para acercarse a ella hay que dejar de lado cualquier viso de lectura comercial o de autor. ¡Caray! Hay que dejar de lado, incluso, nuestro aprendizaje del lenguaje audiovisual que las nuevas tecnologías y la TV han traído consigo.

Las imágenes de Sergio García son anteriores no sólo a Youtube y a la TV, sino anteriores también a ese cine que se vale de la exagerada fragmentación del cuadro para poder diluir un discurso vacuo y carente de sustento. Las imágenes de Sergio García tienen esa extraña cualidad de estar viendo algo real, desnudo de drama innecesario y evitando los ejercicios de estilo que el mercado exige.

Sergio García no deja una obra inconclusa, sino accesible para quien quiera leerla.

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