Archive for the TV Category

El hombre del I Ching

Posted in Cine, TV with tags , , on enero 23, 2015 by deepfocusmagazine

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El reciente estreno de El hombre del castillo (The Man in the High Castle) después de la transmisión del episodio piloto en Amazon Prime, no solo prefigura hasta dónde podría llegar la compañía de ventas en Internet en términos del control de contenidos creados bajo sus condiciones exclusivas de trabajo, sino que ahora pueden darse lujos no explorados por los estudios de TV ni de cine, el caso de esta adaptación del original de Philip K. Dick.

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Situada en un Estados Unidos donde el territorio fue dividido por las fuerzas del Eje (Alemania, Italia, Japón) tras ganar la segunda guerra mundial, Alemania y Japón dominan todo Norteamérica con mano férrea. En este contexto se advierte la formación de un grupo de insurrectos quienes han entrado en contacto con La langosta se ha posado, un relato en el que se habla de un mundo paralelo donde Hitler, en lugar de triunfar como en la versión conocida por los personajes de El hombre…, no solo fue derrotado por las fuerzas aliadas, sino que debió chocar contra Rusia y menos logró avance alguno en Londres durante el “blitz”.

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Pese a que la ucronía ni de lejos fue inventada por Philip K. Dick, después de El hombre… se convirtió en una temática no solo irresistible para la ciencia ficción, sino el acicate para una cantidad impresionante de relatos cuyo punto de partida es un momento concreto de la historia por todos conocida.

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Es de llamar la atención que un clásico de Philip K. Dick, a 53 años de publicado, alcance una cuota de interés como la de Ridley Scott —en el equipo de producción tras éste título—, considerando lo intrincado de su complejidad. Si a ello se añade la peculiar fascinación de Dick con el rompimiento de la norma aristotélica por vía de la disociación afectiva, en calidad de dispositivo para interrogar la percepción de la realidad, habrá que preguntarse por la sensatez de su enfoque. Recuérdese Despertando a la vida (Waking Life, Linklater, 2001), durante la escena del bar donde el protagonista del filme se encuentra con el director de la misma y le narra la experiencia que llevó a K. Dick a escribir Fluyan mis lágrimas, dijo el policía, en torno a la falsa certeza que tenemos de la realidad. De por sí difícil y sólo un pasaje anecdótico, falta saber cómo se resolverá para El hombre en el castillo.

Lo cierto es que para tratarse de un despegue, la presente adaptación posee una fuerza perturbadora más allá del simple accidente.

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Doctor Who, un diminuto repaso I

Posted in Autores, BBC, TV with tags , , , , , , , , on noviembre 23, 2013 by deepfocusmagazine

shot0002.pngAunque Doctor Who en estos días celebra su quincuagésimo aniversario, no está de más detenerse y considerar que el festejo también tiene su parte de homenaje acéfalo. Lo anterior no sin una dosis de mala leche, en la medida que la fama actual del Doctor Who es genuina en todo el amplio sentido de la palabra, pero resulta de procesos que se dan a partir de 2005 gracias a la intervención de Russell T. Davies.

showbiz_russel_t_davies.jpgEs decir, el Doctor Who que alguna vez existió hasta 1989, en realidad es artículo de un pasado tan perdido en el tiempo como los artilugios en el libreto de una historia en torno al personaje, porque su reciente fama mundial es más bien hija bastarda no deseada cuya legitimidad está a prueba de toda duda. ¿Motivo? Se trata del fenómeno social más apabullante de la narrativa de los siglos XX y XXI, porque cuando la BBC abandonó la idea de continuar su producción, décadas antes del surgimiento de las redes sociales en Internet, su base de aficionados impidió que se perdiera y la hizo resurgir con la fuerza que tiene en la actualidad.

La malicia antes de Baker

dwa6600.jpgDoctor Who fue una serie de televisión muy importante durante los años 60, en la medida que sirvió como escenario para recrear la ciencia ficción que despuntaba tras el final de la segunda guerra mundial, debido sobre todo a la aparición de la bomba atómica, así como los diferentes proyectos para salir de la atmósfera terrestre. Pero una vez que el hombre pisó la luna en 1969, el sub género debió admitir que buena parte de lo producido para los medios no era otra cosa sino fantasías disparatadas.

Así, la ruta que trazó la serie con las intervenciones de William Hartnell, Patrick Troughton y Jon Pertwee, además de entusiastas, poco a poco empezaron a verse afectadas por un factor cultural paralelo que le dio a Doctor Who el sello imperecedero que hoy ostenta: el Doctor no solo era un alienígena con apariencia humana transportándose por el tiempo y el espacio, era un anarquista con la resolución de cambiar las diferentes versiones de la realidad en que lograba participar.dwa6800.jpg

Desde 1963 hasta 1974, esos venerables actores —además de sus papeles— encarnaron las inquietudes de una época que recorrió aquello admitido como la norma; los procederes social, cultural y políticamente aceptados, gradualmente vueltos objeto de argumentos que trataron cuidado ecológico, genocidio, guerra fría, mutaciones producto de la intervención genética, militarismo, políticas internacionales… en una serie de televisión supuestamente dirigida al público infantil. Doctor Who fue el artífice de metáforas en torno a problemas tan o más contemporáneos que supuestas producciones «serias» para adultos.DW1971ann01cvrs.jpg

Pero así como la BBC de Londres aparecía en calidad de hogar del Doctor Who, también era motivo de preocupación que Gran Bretaña fuese objeto de críticas indirectas, tejidas con el espíritu de los años sesenta desde la producción televisiva oficial. Durante su undécimo año, el presupuesto había disminuido considerablemente hasta el punto de economizar los efectos especiales, pero justo cuando se preparaba la transición de Pertwee para el nuevo actor a punto de retomar la estafeta, la llegada de Tom Baker habría de transformar todo cuanto se sabía del personaje así como la ciencia ficción de su tiempo.

El laboratorio de Dexter Morgan

Posted in Animación, Autores, TV with tags , , , on octubre 13, 2012 by deepfocusmagazine

Aunque hace varios meses no actualizo esta página, cosa por la que debo muchas y graves disculpas, aquí les va una entrada que me resultó irresistible, ¿se imaginan al Dexter del dibujo animado encarnando a su homónimo el asesino en serie?

Aprovecho para presentar a la responsable del “retardo”, que por cierto es muy celosa de cómo invierto mi tiempo.

Josh Bernhard y hacia Pioneer One, el ciberespacio capitulado II

Posted in Artes, Autores, Ciencia Ficción, Cine, Historia, Nigel Kneale, Quatermass Experiment, TV with tags , , , , , , on septiembre 3, 2011 by deepfocusmagazine

A través de Pioneer One, de manera harto paradójica, Josh Bernard revisitó uno de los clásicos más importantes de la ciencia ficción británica que a largo plazo redefinió el esquema de la producción para televisión: The Quatermass Experiment.

Primer título importante producido por la BBC, The Quatermass Experiment fue uno de los hitos que —aunque poco se ha hablado formalmente de ello— se copió y transmutó en una de las referencias indispensables para el tratamiento de historias de ciencia ficción, a propósito de la llegada de vida extraterrestre inteligente capaz de infiltrarse en el modus vivendi humano sin ser percibida.

Por ejemplo, apenas un año después de la adaptación para el cine (The Quatermass Xperiment, Val Guest, 1955) tras el éxito de su transmisión por tv, en Estados Unidos se estrenó La invasión de los muertos vivientes (Invasion of the Body Snatchers, Don Siegel, 1956), tratamiento del que sobrevive la reacción de un grupo de humanos conscientes de la presencia de vida alienígena, excepto porque la narración se enfoca en la reacción de este encuentro en el contexto de un poblado pequeño, mientras en la versión original participa de primera mano el científico titular, Bernard Quatermass.

El argumento narra cómo el doctor Quatermass, tras enviar al espacio la primera nave tripulada por humanos, busca explicación a la pérdida de contacto con el aparato para después recuperarlo pero solo con uno de los tres astronautas que lo abordaron. De hecho, cuando se examina al viajero, presenta cambios en su estructura celular que anuncian una metamorfosis iniciada durante la desaparición de la nave.

Así, en una vena muy similar a la aportación de Nigel Kneale, guionista y creador de la serie, Josh Bernard presenta Pioneer One.

A la vuelta del Siglo XXI

¿Por qué sería paradójica la semejanza entre Pioneer One y Quatermass? Porque el realizador de la primera quizás se vuelva pionero de una forma de producción independiente con la que finalmente se demuestre la efectividad de internet como plataforma de distribución, con reglas, como en su momento fue innovador Kneale al demostrar que el nuevo medio de aquél entonces no era limitación para relatar una buena historia. Además, el parecido de sus narraciones.

Sin demeritar el trabajo de Bernard, mientras buena parte de la ciencia ficción de los años 50 mostró la cara de la paranoia estadounidense —debida en muy buena medida a la cacería de brujas macartista— y casi toda la producción del género se orientó por ella como metáfora del miedo hacia la «amenaza comunista», la inspiración de Kneale pasó al olvido y el desconocimiento masivos.

Pioneer One funciona como un homenaje hacia su trabajo, aunque se actualiza con ideas propias del joven autor, quien además revela una particular maestría para dominar el género con una premisa que ensambla hábilmente preocupaciones del anglosajón contemporáneo.

Durante una noche, desde diferentes puntos en la frontera entre Canadá y Estados Unidos, se avista la presencia de un objeto cuya caída primero es confundida con una estrella fugaz y después un misil arrojado por terroristas, ya que el objeto emite radiación y contamina tanto población como territorio de Edmonton. De inmediato se envían fuerzas especiales supervisadas por agencias gubernamentales para determinar la causa, pero en el lugar del impacto encuentran una cápsula tripulada por un joven quien viste un uniforme espacial de la Unión Soviética, habla ruso y la documentación consigo explica que proviene de una misión para colonizar Marte, donde nació en los años 80.

A partir de ese momento comienza una suerte de carrera contra el tiempo cuyo propósito consiste en determinar la naturaleza del fenómeno que cae en manos de dos agentes de seguridad nacional. Muy a la manera de la dupla Mulder/Scully en Los archivos secretos X, Tom Taylor (James Rich) y Sofie Larson (Alexandra Blatt) primero intentan resolver el enigma, pero nada consiguen hasta que se respaldan en la supervisión del científico Zachary Walzer (Jack Haley), cuya participación se vuelve decisiva para encontrar evidencias ante el silencio del muchacho.

Sin embargo, justo cuando podría confundirse con un refrito de la producción de Fox Television, mirando con cuidado surge una semejanza remota y muy sutil con otra serie de televisión británica: Zafiro y Acero (Sapphire and Steel, 1979), los agentes paranormales encargados de resolver disturbios en tiempo y espacio, dado el carácter de los personajes al igual que la tensión afectiva entre ellos, sin tocar siquiera de lejos el contraste creyente/suspicaz que predominó entre Mulder y Scully. Solo por eso, la dinámica de la narración gana en efectividad, al tiempo que hace un guiño para el aficionado al género.

Expectación a la vuelta de la esquina

Pero lejos de rememorar series originales por falta de creatividad, desde el primer episodio Pioneer One logró algo que se habría considerado casi imposible desde sus días de producción en 2010, hasta el último capítulo producido a la fecha: 3,170,095 descargas.

Ya que la mayoría del material presentado en Vodo.net se encuentra en proceso de producción, salvo si se trata  de una sola exhibición o un largometraje, los títulos dependen por completo del apoyo de los visitantes para recaudar los costos de producción a través de donaciones.

Bien mirado, equivale al costo de la taquilla en una película, una porción de la tarifa por el servicio de televisión en cable o algún servicio de transmisión exclusivo, por ello el apoyo recibido por este título es admirable, aunque de ninguna forma inesperado.

Proyectado como un trabajo en seis entregas de media hora para la primera temporada, cada uno de los episodios que la componen ha logrado mantener al espectador pegado en el borde de sus asientos. No le pide un cabello a una sola de las producciones más costosas de la televisión contemporánea, pese a la austeridad de la producción, que cuando se trata de locaciones, utilería, vestuario y efectos, es increíble la diferencia que pueden hacer en el manejo de recursos, a la vez que cambian y provocan cuestionamientos de fondo en torno a estereotipos y clichés hollywoodenses.

Todavía en el cuarto capítulo, faltan dos entregas, mismas de las que el quinto capítulo ya debe estar próximo a aparecer, con un epílogo en la cuarta emisión donde se refleja el entusiasmo del reparto, al igual que el apoyo recibido por el proyecto en su totalidad.

Ya en esas, ante el posible suspenso de Pioneer One, deténgase a pensar un momento y pregúntese: ¿daría ese dinero que paga a los piratas para promover cine y televisión independientes? Porque en estos momentos se está considerando la posibilidad de transmitir la totalidad de la serie entre los competidores de la televisión tradicional. Imagine lo que pasará cuando cristalice el proyecto Google TV.

Por eso Vodo.net tiene todas sus esperanzas puestas en este proyecto, porque con él habría un cambio definitivo en el mundo de la televisión e internet.

Hasta la próxima.

¿Spam?

Posted in Historia, TV with tags , , , on octubre 29, 2008 by deepfocusmagazine

Una de las pesadillas contemporáneas para todo usuario de computadoras, consiste en el diario limpiar sus cuentas de correo electrónico. A la fecha, prácticamente no existe un solo proveedor de esta clase servicio que esté libre de basura, plagado de mensajes incoherentes, la mayoría de corte sexual o buscando estafar algún ingenuo.

Ampliamente conocido como correo spam, la palabra no tiene mucho sentido y casi todas las traducciones en castellano son bastante vagas, pero su origen se remonta a 1970, cuando al final de la transmisión del capítulo 12 de su segunda temporada, The Monty Python Flying Circus cerró el programa con un sketch de vikingos y un restaurant, rayano en el mismísimo delirio.

Gracias al uso insistente e inválido de la palabra “Spam” —pronunciada 138 veces en el lapso de tres minutos—, años después, los programadores decidieron bautizar a todo cuerpo de información redundante y sin sentido con la palabra Spam, en honor a la broma de Monty Python.

A manera de remate y al margen de su contribución a la cultura digital, baste ver otra de las aportaciones de Monty Python con “El ministerio de las caminatas tontas”:

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Bernard Quatermass: el invento del monstruo universal II

Posted in Autores, BBC, Bernard Quatermass, Ciencia Ficción, Nigel Kneale, Quatermass Experiment, TV with tags , , , , , , on octubre 19, 2008 by deepfocusmagazine

A selection of Kneale's material available on DVD.

Obra de Nigel Kneale

(Imagen vía Wikipedia)

Por una parte, en efecto, el fantasma de la Guerra, tecnologías de aquel entonces, la expectativa de viajes espaciales, se antojaban terriblemente complejas y peligrosas; por otra, su elaboración a través de nuevos medios culturales como cine, radio y la recién nacida televisión, dejó ver qué tipo de tratamiento formuló cada sociedad anglosajona, en términos de su capacidad para asimilar el cambio del que no sólo eran protagonistas, sino responsables directos.

Mientras para Estados Unidos se abría la posibilidad de jugar con un concepto no del todo claro, pues en su literatura apenas figuraba como una temática que ya hubiese trascendido para su sociedad, otro tanto sucedía en cine y televisión: los argumentos de la ciencia ficción estaban relegados a la esfera del género infantil en TV y radio, al pulp en medios impresos y a producciones B en cine.

Las representaciones gráficas del pulp

Las representaciones gráficas del pulp

Dicho de otro modo, productos y expresiones de baja calidad, minimizados en importancia, atractivos para un muy pequeño grupo de autores, dirigidos a un consumo masivo, aparentemente sin compromiso estético de la menor especie.

Por otro lado, el tratamiento de las narraciones, sin importar fascinación y horror ante lo desconocido, se encontraban limitadas por representaciones de figuras heroicas contra amenazas del más allá; adaptaciones de relatos western en escenarios de ciencia ficción, en los que gunslingers y cowboys se sustituyeron por astronautas, así como el espacio exterior asumió el valor de una nueva frontera por colonizar.

Es justo en ese punto donde radica el genio de Nigel Kneale. En lugar de plantear un relato arbitrario, delineado con clichés de un sub género para adaptarlo a otro todavía en pañales, elige la ruta menos cómoda y elaborada: estructurar una narración compleja a partir de personajes que todos interactúan a coro, tal cual pasaría en una tragedia griega; cada uno posee profundidad, además de estar absorbido en dilemas morales. Asimismo, el protagonismo no se concentra sólo en la persona del personaje titular, también aparecen involucrados milicia y gobierno con sus respectivos representantes. En otras palabras, una puesta en escena a gran escala.

La llegada

La llegada del agente del caos...

A su vez, un giro que no se había dado en décadas con la precisión que Kneale consiguió. Desde una perspectiva opuesta a la de Mary Shelley con Frankenstein —pues con ella se decide que el resultado de la ciencia es el horror, porque desafía el orden de lo natural—, Kneale planteó hacer frente al horror a través de la ciencia, porque la naturaleza es parte de un descubrimiento continuo, sin volcarse a una forma de positivismo ciego.

Escena de Johnny Jupiter

Escena de Johnny Jupiter

Prácticamente sin proponérselo, Kneale sentó las bases de una diferencia mayúscula en la literatura de géneros instrumentada por los medios masivos: por un lado la ciencia ficción —gobernada casi en su totalidad por los recursos y entusiasmo de Estados Unidos—, elucubrando los efectos de la ciencia en términos de su puesta en práctica en condiciones sociales; por otro, la ficción especulativa, menos ocupada en las posibilidades que en escenarios con problemáticas ya montadas, donde la historia prácticamente arranca con el conflicto de por medio, además de incorporar —en calidad de contrato con la sociedad— valores cien por ciento estéticos.

Así, la fantasía televisada de un científico participando en la competencia por la conquista del espacio —16 años antes de materializarse en la vida real—, no sólo se antojaba posible, sino el sueño anhelado que podría poner las cartas sobre la mesa y con ello elevar de nuevo a Inglaterra.

II) Frankenstein no era el monstruo, sino el científico.

El personaje de Quatermass, entre otras cosas, es un coctel de ambigüedades; aunque se muestra decidido, en realidad está plagado por preocupaciones, que van desde la seguridad de los miembros del equipo con que trabaja, implicaciones éticas y morales de forzar el resultado de una investigación, años antes de contar con resultados confiables, hasta las posibles repercursiones en la población de la Tierra, por un error de diseño de su nave. De hecho, en las tres narraciones clásicas, Quatermass está gobernado permanentemente por la duda.

Aquí, a diferencia de muchos relatos de entonces, el accidente, en lugar de ser un fenómeno fortuito, es parte integral del personaje y, por las mismas razones, el núcleo del relato.

Este pequeño detalle marca una diferencia astronómica entre los personajes de la ciencia ficción de entonces, incluso de otros “sub-géneros” (policíaco, horror, incluida la novela rosa): contrario al proceso de reconstrucción que solía darse en todo evento difícil o desconocido, para el que se pedía la asistencia de un experto, mismo que se portaba con aplomo y pleno dominio de la situación, sin importar que los hechos fueran por demás descabellados.

Hay una forma de involucramiento, tanto personal como psicológica, que enturbia la pureza de la investigación y desde la que se perfilará toda la forma de la narración.

La incógnita, cualquiera que fuese, invariablemente sería enfrentada y resuelta por un agente del orden, capaz de lidiar contra semejante cantidad de caos. En ningún momento fue así con Quatermass.

El sello que le impuso Kneale fue más bien el de un investigador hermenéutico, arrojándose a la interpretación de los datos conforme estos aparecían, en espera de que sus conclusiones resultasen apropiadas para dar el siguiente paso. Paradójicamente, este margen de duda resultó ser ampliamente funcional para propósitos de producción, pues por medio de este recurso narrativo, extendía también el interés de radio escuchas y televidentes de capítulo en capítulo, a medida que la duda de la entrega anterior era resuelta o más esclarecida en la siguiente.

Mientras el hecho de encontrar un personaje, bastante parecido a un hombre común enfrentando lo incierto, ya resultaba verosímil y confiable, otro tanto se añadió con un segundo factor humano que, incluso hoy, señala la presencia de Quatermas como una de las series de ciencia ficción más sobrias jamás emprendidas: el científico está en el apogeo de su carrera, pero después de mucho tiempo de trabajo.

Es un hombre de mediana edad, entre los 50 y 60 años; aparenta un ligero descuido en su persona, aunque se reserva cierto toque de sobriedad y buen gusto al que no da importancia. No se trata aquí del científico entre los 20 y 35 años, ya con un descubrimiento espectacular; incluso, joven genio de excelente apariencia física.

Con ese personaje y escenario, el ensayo da inicio.

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Terminator, Sarah Connor y los derechos de autor II

Posted in Autores, Ciencia Ficción, Harlan Ellison, Harlan Ellison, Outer Limits, Rod Serling, TV, Twilight Zone with tags , on septiembre 9, 2008 by deepfocusmagazine

En un punto de su carrera, durante la década de los 60, Harlan Ellison ya era reconocido como uno de los autores más originales y controvertidos de la ciencia ficción.

Harlan Ellison

Harlan Ellison

Creador de los relatos “No tengo boca y quiero gritar”, “La bestia que gritaba ‘Amor’ en el corazón del mundo”, “¡Arrepiéntete, Arlequín! —dijo el Señor Tic-Tac”, “Un niño y su perro”; capítulos de la entonces nueva Star Trek, la incursión en guiones de comics, así como la antología “Visiones peligrosas”, ya se le tenía instalado entre los nuevos valores de la literatura de género.

Además, tenía por vocación la crítica y uno de sus blancos favoritos, desde siempre, fue la televisión.

En la medida que The Outer Limits se propuso para ser competencia directa de la Dimensión desconocida (The Twilight Zone), salvo que no manejaría contenidos de carácter sobrenatural ni fantástico, sino pura y exclusivamente ciencia ficción, se buscó entre los autores más vanguardistas y afines con los intereses de los estudios MGM, para dar el vuelco respecto al trabajo de Rod Serling en Universal Pictures. Fue cuando se consideró a Ellison como uno de los mejores candidatos para la serie.

La primera temporada, compuesta por 32 capítulos, además de kilométrica, tuvo un apoyo inicial digno de intimidar al más optimista, pero no resultó la mitad de exitosa que se esperaba.

La segunda temporada, con 17 capítulos y menos recursos, se filmó en condiciones precarias, así como mucha precaución en el cuidado del presupuesto.

En la apertura de su segunda etapa, fue Soldier (19 de septiembre de 1964) la que inauguró el nuevo periodo de la serie; un mes después se estrenó Demon With a Glass Hand (17 de octubre de 1964).

Qarlog

Qarlo

El enemigo

El enemigo

Soldier relata la llegada de dos soldados procedentes del futuro, quienes en el momento mismo que van a combatir cuerpo a cuerpo, son atrapados por una combinación de fuerzas que los envía al pasado. Qarlo Clobregnny (Michael Ansara), protagonista de la narración, llega íntegro al presente para enfrentarse a una realidad que no entiende, entre humanos con los que no puede establecer comunicación, pues nadie asimila cuál es la lengua con que se expresa. Mientras tanto, el otro viajero queda atrapado entre ambas épocas, hasta que se libera y va en busca de Qarlo para acabar con él.

Interrogando a la computadora

Interrogando a la computadora

Demon With a Glass Hand, por su parte, es acerca de un adulto amnésico, quien a falta de información para indicarle qué pasa y dónde está, debe recurrir a los datos que le proporciona su mano izquierda: un apéndice transparente que actúa como computadora, pero a la que le faltan tres dedos para funcionar a toda su capacidad. Hasta entonces podrá saber cuál es su misión y cómo vencer al enemigo: una raza extraterrestre que lo ha perseguido hasta el pasado para destruirlo y con él, acabar de una vez por todas con la humanidad.

Las premisas de ambas historias, como ya se dijo, fueron el pretexto ideal para conformar el argumento de Terminator, salvo porque en la práctica se fundieron y James Cameron añadió un aspecto que hasta la fecha es su sello particular: Sarah Connor, la Vírgen María posmoderna que habría de redondear el relato para todos los espectadores contemporáneos.

Ellison en la actualidad, en el documental "Dreams With Sharp Teeth"

Ellison en la actualidad, en el documental "Dreams With Sharp Teeth"

Desgranando poco a poco cada relato, se encuentran las semejanzas y variaciones. Más videos en la siguiente entrega.

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