Archive for the Historia Category

Doctor Who, un diminuto repaso II

Posted in Autores, BBC, Ciencia Ficción, Cine, Historia with tags , , , , , , on noviembre 25, 2013 by deepfocusmagazine

1291311250_7.jpgPor un lado, Tom Baker ingresó a la serie mediante el proceso de regeneración —como ya se había hecho costumbre en la lógica interna de las historias—, pero su entrada suponía un reajuste traumático que involucraba el tránsito de una personalidad agonizante para darle paso a una nueva, con rasgos y características propios. Tom-baker-thinking.jpeg

Tras el cambio, el Doctor entrante debía reflejar desde memorias confusas hasta la momentánea incapacidad física para ejecutar la locomoción ordinaria, al menos durante las primeras horas de su metamorfosis, pero la entrada de Baker fue memorable porque su transición, en lugar de moderada y gradual, instaló de manera permanente a un sujeto que rompió con los cánones del personaje: impredecible, errático, arrogante, pueril, insensato… El Doctor debutante parecía más un lunático prófugo que fuente de respeto y respuestas incuestionables.

Aunque el argumento oficial detrás de todas las “regeneraciones”, todavía hoy, apela a mantener interesante la figura del Doctor en busca de una constante actualización para conservarlo fresco e innovador, también hay razones de carácter administrativo, logístico y de relaciones personales de las que nunca se informa al público y han afectado el curso de la serie desde su origen, como refleja muy bien el docudrama An Adventure in Time and Space (Terry McDonough, 2013).

shot0004.png A propósito de ello, The Ark in Space (Rodney Bennett, 1975), una de las primeras aventuras ya con Baker caracterizado y a cargo del papel, también es el primer anuncio de lo que ocurrirá en años posteriores, puesto que así como se aprecia una inversión importante de recursos para la producción de ese relato en particular, por igual asoma una contradicción que no es resultado de negligencia.

shot0005.pngEn los capítulos hay un conjunto de salas, pasillos y túneles de lo que se supone es la nave/arca titular, que ostenta utilería ingeniosa (maquinaria, consolas, tableros), uniformes, entre otros. Una de las escenas memorables de la narración es cuando se ve a uno de los personajes experimentando su mutación de humano a insecto, que por falta de recursos, debió sustituirse el uso de maquillaje de efectos especiales por plástico burbuja coloreado. A partir de ese momento, el Doctor Who habría de confrontar al peor de sus enemigos en una batalla permanente: el presupuesto de producción.

 El único, inolvidable y más poderoso Doctor Who de todos: la escritura

Si Tom Baker se mantiene como uno de los Doctores más indelebles de la historia, se debe a la participación de guiones muy inteligentes y audaces e interpretaciones comprometidas, pese a las condiciones más y más austetom_baker_surrounded_by_crowd.jpgras que fueron dominando la producción de la serie conforme pasaba el tiempo.

Es muy probable que gracias a la necesidad de un contraste entre los actores previos y una época de precariedad que se avecinaba, la BBC haya apostado por Tom Baker dada su encarnación atípica del Doctor para mantener al público enganchado con una caracterización excéntrica, así como la disponibilidad del intérprete para arriesgarse con experimentos narrativos que nadie había ensayado.

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The Ark in Space, por ejemplo, además de Terrore nello spazio (Mario Bava, 1965), se consideran dos de las influencias directas para el argumento de Alien (Ridely Scott, 1979). Pero si eso sucedía con la segunda narración del personaje, el repertorio de historias en las que participó Baker son un repertorio de delirio creativo.planetposter2.jpg

Bajo su nombre empezaron a surgir —cuando no se consolidaron— terminajos como «universo de bolsillo», «robots microscópicos», «alteración biológica», «inteligencia artificial», «representación de un cerebro artificial», «dimensiones hermanas»… que, en orden, sus equivalentes contemporáneos serían “subproducto cuántico”, “nanorobots”, “ingeniería genética”, “realidad virtual”, “dimensiones paralelas”, décadas antes de ser popularizadas por Hollywood.THE-TARDIS-insides-2.jpg

El TARDIS (Time and Relative Dimension in Space [tiempo y espacio en una dimensión relativa]), después de la entrada a la consola principal, con el paso de los años se descubrió era una nave cuyo tamaño real equivalía al de una ciudad miniatura, pese a las proporciones de la cabina desde afuera. Esa fue una de las primeras referencias al universo de bolsillo, al margen de Nikolai Gogol en Almas muertas.

Invasion1_2721084b.jpgTras el encuentro con los Cybermen que daría muerte al primer Doctor, en sus futuras confrontaciones el Doctor se dedicó a estudiar debilidades y fortalezas de la raza de cyborgs, entre las que encontró robots microscópicos (nanorobots) diseñados para invadir el cuerpo de nuevos huéspedes de la inteligencia colectiva. Mucho después, el mismo principio sería aplicado en Star Trek, The New Generation, con los Borgs.

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En Genesis of the Daleks, además de que la narración transcurre como una especie de flashback en que participa el Doctor en forma activa, el tono del relato se da de tal manera que parece una suerte de metáfora del origen del aparato nazi, pero en lugar de las juventudes hitlerianas se trata del dalek, la mutación encerrada en un sistema cibernético. Aquí es cuando además de conocer la creación de su enemigo más peligroso, se conoce al autor de la misma: Davros.

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Otra historia por demás peculiar es The Face of Evil, en la que el Doctor aterriza en un planeta poblado por aldeas primitivas que además practican rituales bárbaros. Para sorpresa del Doctor, descubre que dispersos entre escombros y maleza, hay aparatos científicos muy sofisticados para el uso de los pobladores de la cercanía. Conforme progresa la historia, se sabe que una vez, mucho tiempo atrás, el Doctor enlazó su mente con la computadora de una nave para ayudar a los tripulantes, pero olvidó borrar los rastros de la conexión, lo que provocó el nacimiento de una inteligencia consciente de sí misma. Cuando la embarcación encontró un planeta, el ordenador esclavizó a los sobrevivientes y los redujo a tribus salvajes. Una de las pocas historias en que el Doctor crea una forma de enemigo moldeada con su referencia. Además de 2001: A Space Oddisey (Kubrick, 1968) y Colossus: The Forbin Project (Argent, 1970), esta es otra muestra de la inteligencia artificial contra el hombre de ese entonces.

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Por último, otro de los momentos más extraños y elaborados en la trayectoria de Tom Baker fue The Deadly Assassin, única en su tipo gracias a que no hay otro relato de aquel tiempo con el Doctor actuando por cuenta propia y sin secuaces, se supo del límite en el número de regeneraciones para los Señores del tiempo, así como se ensayó una idea totalmente novedosa: la realidad virtual. En ella, el Doctor vuelve a su planeta natal para evitar el homicidio de uno de los grandes mandatarios, pero descubre que en realidad se trata de una estratagema de su rival acérrimo, el Amo, quien sobrevive a duras penas en una forma que le impide morir, pero es el la última reserva que le queda de vida. Su intención es acceder a la energía que mueve el viaje en el tiempo y el espacio para reactivar sus regeneraciones, por lo que parte de su plan consiste en hacer uso de la computadora que concentra la sabiduría de todos los Señores del tiempo, quienes sin saberlo, han creado un universo adentro de la máquina, donde se ocultan las pistas para evitar que el plan del Amo se consolide. Amén de cualquier referencia que haya servido para The Matrix (1999).The-Deadly-Assassin-Doctor-Who.pngda5.jpg

Josh Bernhard y hacia Pioneer One, el ciberespacio capitulado II

Posted in Artes, Autores, Ciencia Ficción, Cine, Historia, Nigel Kneale, Quatermass Experiment, TV with tags , , , , , , on septiembre 3, 2011 by deepfocusmagazine

A través de Pioneer One, de manera harto paradójica, Josh Bernard revisitó uno de los clásicos más importantes de la ciencia ficción británica que a largo plazo redefinió el esquema de la producción para televisión: The Quatermass Experiment.

Primer título importante producido por la BBC, The Quatermass Experiment fue uno de los hitos que —aunque poco se ha hablado formalmente de ello— se copió y transmutó en una de las referencias indispensables para el tratamiento de historias de ciencia ficción, a propósito de la llegada de vida extraterrestre inteligente capaz de infiltrarse en el modus vivendi humano sin ser percibida.

Por ejemplo, apenas un año después de la adaptación para el cine (The Quatermass Xperiment, Val Guest, 1955) tras el éxito de su transmisión por tv, en Estados Unidos se estrenó La invasión de los muertos vivientes (Invasion of the Body Snatchers, Don Siegel, 1956), tratamiento del que sobrevive la reacción de un grupo de humanos conscientes de la presencia de vida alienígena, excepto porque la narración se enfoca en la reacción de este encuentro en el contexto de un poblado pequeño, mientras en la versión original participa de primera mano el científico titular, Bernard Quatermass.

El argumento narra cómo el doctor Quatermass, tras enviar al espacio la primera nave tripulada por humanos, busca explicación a la pérdida de contacto con el aparato para después recuperarlo pero solo con uno de los tres astronautas que lo abordaron. De hecho, cuando se examina al viajero, presenta cambios en su estructura celular que anuncian una metamorfosis iniciada durante la desaparición de la nave.

Así, en una vena muy similar a la aportación de Nigel Kneale, guionista y creador de la serie, Josh Bernard presenta Pioneer One.

A la vuelta del Siglo XXI

¿Por qué sería paradójica la semejanza entre Pioneer One y Quatermass? Porque el realizador de la primera quizás se vuelva pionero de una forma de producción independiente con la que finalmente se demuestre la efectividad de internet como plataforma de distribución, con reglas, como en su momento fue innovador Kneale al demostrar que el nuevo medio de aquél entonces no era limitación para relatar una buena historia. Además, el parecido de sus narraciones.

Sin demeritar el trabajo de Bernard, mientras buena parte de la ciencia ficción de los años 50 mostró la cara de la paranoia estadounidense —debida en muy buena medida a la cacería de brujas macartista— y casi toda la producción del género se orientó por ella como metáfora del miedo hacia la «amenaza comunista», la inspiración de Kneale pasó al olvido y el desconocimiento masivos.

Pioneer One funciona como un homenaje hacia su trabajo, aunque se actualiza con ideas propias del joven autor, quien además revela una particular maestría para dominar el género con una premisa que ensambla hábilmente preocupaciones del anglosajón contemporáneo.

Durante una noche, desde diferentes puntos en la frontera entre Canadá y Estados Unidos, se avista la presencia de un objeto cuya caída primero es confundida con una estrella fugaz y después un misil arrojado por terroristas, ya que el objeto emite radiación y contamina tanto población como territorio de Edmonton. De inmediato se envían fuerzas especiales supervisadas por agencias gubernamentales para determinar la causa, pero en el lugar del impacto encuentran una cápsula tripulada por un joven quien viste un uniforme espacial de la Unión Soviética, habla ruso y la documentación consigo explica que proviene de una misión para colonizar Marte, donde nació en los años 80.

A partir de ese momento comienza una suerte de carrera contra el tiempo cuyo propósito consiste en determinar la naturaleza del fenómeno que cae en manos de dos agentes de seguridad nacional. Muy a la manera de la dupla Mulder/Scully en Los archivos secretos X, Tom Taylor (James Rich) y Sofie Larson (Alexandra Blatt) primero intentan resolver el enigma, pero nada consiguen hasta que se respaldan en la supervisión del científico Zachary Walzer (Jack Haley), cuya participación se vuelve decisiva para encontrar evidencias ante el silencio del muchacho.

Sin embargo, justo cuando podría confundirse con un refrito de la producción de Fox Television, mirando con cuidado surge una semejanza remota y muy sutil con otra serie de televisión británica: Zafiro y Acero (Sapphire and Steel, 1979), los agentes paranormales encargados de resolver disturbios en tiempo y espacio, dado el carácter de los personajes al igual que la tensión afectiva entre ellos, sin tocar siquiera de lejos el contraste creyente/suspicaz que predominó entre Mulder y Scully. Solo por eso, la dinámica de la narración gana en efectividad, al tiempo que hace un guiño para el aficionado al género.

Expectación a la vuelta de la esquina

Pero lejos de rememorar series originales por falta de creatividad, desde el primer episodio Pioneer One logró algo que se habría considerado casi imposible desde sus días de producción en 2010, hasta el último capítulo producido a la fecha: 3,170,095 descargas.

Ya que la mayoría del material presentado en Vodo.net se encuentra en proceso de producción, salvo si se trata  de una sola exhibición o un largometraje, los títulos dependen por completo del apoyo de los visitantes para recaudar los costos de producción a través de donaciones.

Bien mirado, equivale al costo de la taquilla en una película, una porción de la tarifa por el servicio de televisión en cable o algún servicio de transmisión exclusivo, por ello el apoyo recibido por este título es admirable, aunque de ninguna forma inesperado.

Proyectado como un trabajo en seis entregas de media hora para la primera temporada, cada uno de los episodios que la componen ha logrado mantener al espectador pegado en el borde de sus asientos. No le pide un cabello a una sola de las producciones más costosas de la televisión contemporánea, pese a la austeridad de la producción, que cuando se trata de locaciones, utilería, vestuario y efectos, es increíble la diferencia que pueden hacer en el manejo de recursos, a la vez que cambian y provocan cuestionamientos de fondo en torno a estereotipos y clichés hollywoodenses.

Todavía en el cuarto capítulo, faltan dos entregas, mismas de las que el quinto capítulo ya debe estar próximo a aparecer, con un epílogo en la cuarta emisión donde se refleja el entusiasmo del reparto, al igual que el apoyo recibido por el proyecto en su totalidad.

Ya en esas, ante el posible suspenso de Pioneer One, deténgase a pensar un momento y pregúntese: ¿daría ese dinero que paga a los piratas para promover cine y televisión independientes? Porque en estos momentos se está considerando la posibilidad de transmitir la totalidad de la serie entre los competidores de la televisión tradicional. Imagine lo que pasará cuando cristalice el proyecto Google TV.

Por eso Vodo.net tiene todas sus esperanzas puestas en este proyecto, porque con él habría un cambio definitivo en el mundo de la televisión e internet.

Hasta la próxima.

George Lucas, Arqueología Pura…

Posted in Artes, Cine, Historia on junio 30, 2009 by deepfocusmagazine

Este video no puede pasarse por alto. Aquí aparece un director joven, con ambiciones por ser un buen realizador,  metas de corte artístico después de la producción de THX1138, pero años antes de American Graffitti y Star Wars.

Que lo disfruten.

Ferenc Rófusz, una leyenda semi desconocida

Posted in Animación, Arte Contemporáneo, Artes, Cine, Historia with tags , , , , , , on febrero 4, 2009 by deepfocusmagazine

Este es el rostro del hombre que cambió definitivamente el concepto de la cámara subjetiva o POV ( Point of View), arrebatándosela de golpe a la óptica de la cámara cinematográfica.

Por supuesto, el origen de todo está en La mosca ( A légy, 1980), el mini relato del insecto campestre cuya mirada es el eje de la acción , además de fuente para innumerables plagios calcados de la idea de Rófusz.

No obstante, el talento del autor no pareció prosperar o así se hizo parecer, pues en la medida que su carrera se desarrolló justo en medio de la ocupación estatal rusa, fue seguido escrupulosamente tras haber ganado el Oscar con su cortometraje.

Dos de sus trabajos siguientes, Gravitáció (1984) y Holtpont (1985), el primero apenas consiguió distribución, mientras el segundo pasó enlatado prácticamente 20 años.

Gravitáció (1984)

Holtpont (1985)

Cada cinta se consideró una agresión frontal contra el aparato comunista: primero por el deseo de huir con desesperación del mismo y, en el segundo caso, todavía censurado, las voces originales de los soldados estaban en ruso, no húngaro, pero para sobrevivir a mayor mutilación fueron cambiadas por la versión del Soldado desconocido de The Doors.

Estos videos se encuentran aquí por cortesía y dedicación de los administradores de www.daazo.com, portal de cortometrajes que fijó una porción de su sitio web para Ferenc Rófusz, en homenaje a una trayectoria genial y el aprecio a los trabajos del autor.

Visiten www.daazo.com/rofuz, donde podrán conocer más de la obra de este emblema de la resistencia y la voluntad de creación por encima de todas las cosas.

Dos realizadores para “El señor de los anillos” o Cómo chupar la teta de Tolkien

Posted in Animación, Cine, Historia, Ralph Bakshi with tags , , , , , , , on noviembre 27, 2008 by deepfocusmagazine

Aunque es cierto, Peter Jackson se encuentra entre los cineastas más propositivos e innovadores de los últimos años, también le cuelga de la espalda un peso muerto espectacular.

El señor de los anillos nunca fue un proyecto cinematográfico libre de problemas. Las anécdotas relatando el interés de Stanley Kubrick y John Boorman para sacar adelante la producción, tampoco son desconocidas.

No obstante, entre 1976 y 1977, Saul Zaentz (actual propietario de los derechos de la obra de J. R. R. Tolkien) y Ralph Bakshi ( Fritz, el gato [ Fritz The Cat , 1972], Coonskin [1975], La historia de la música americana [ American Pop , 1981], Hielo y Fuego [ Fire and Ice , 1983], Mundo Cool [ Cool World , 1992]…), unieron fuerzas para que la novela clasificada como imposible viera la luz.

Saul Saentz (izq.)  y Ralph Bakshi (1978)

Saul Zaentz y Ralph Bakshi (1978)

La realización se planteó como técnica mixta: dibujo animado y filmaciones con actores —para hacer con el material referencias de rotoscopio—, en parte para delinear el contraste entre los miembros de la comunidad del anillo y los ejércitos de Saurón.

Bakshi con el reparto de El señor de los anillos en el set  (1977)

Bakshi con el reparto de El señor de los anillos en el set (1977)

Sin embargo, a la mitad del proceso, United Artists suspendió los fondos por disparidad de criterios. De tal modo, Ralph Bakshi continuó en pie hasta el final de la primera parte del proyecto, sólo con dinero de su bolsillo.

Una vez estrenada la cinta, en 1978, recaudó lo invertido y tuvo un éxito comercial decoroso, pero considerando la extensión de la obra original, se finalizó nada más el contenido que comprende “La comunidad del anillo” y la primera mitad de “Las dos torres”. La segunda película, en que estarían las dos porciones restantes, conclusión de “Las dos torres” y “El retorno del rey”, se produjo pero no alcanzó a finalizarse.

Ya solo y por su cuenta, en medio de reacciones mixtas, Bakshi decide renunciar a cualquier proyecto de adaptación para proseguir con proyectos personales. Incluso el apoyo inicial de Saul Zaentz, disminuyó hasta desvanecerse por completo.

Sin ser un hecho confirmado, fechas y evidencias indican que Saentz compró los derechos literarios de la obra, para desde allí controlar cualquier futuro movimiento de la misma, incluida la adaptación de Bakshi, justo donde se oscurece el manejo del material creado por él, para luego ser usado como referencia por Peter Jackson.

Árbol

Bakshi (1978)

Jackson (2001)

Persecución de los jinetes

Bakshi (1978)

Jackson (2001)

Moria

Bakshi (1978)

Jackson (2001)

Gandalf y el Balrog

Bakshi (1978)

Jackson (2001)

Años después, ya en el Siglo XXI, primero por quejas de Bakshi, a la que se sumaron periodistas que sabían o habían visto la realización, Peter Jackson debió responder en más de una ocasión qué pensaba en torno al trabajo de Ralph Bakshi.

Bakshi dirigiendo

Bakshi dirigiendo

Al principio, Jackson respondió “¿Ralph quién?”

Ante la insistencia y acosado por internet, mediante evidencias como la anterior, Peter Jackson reconoció que fue gracias a Bakshi que se acercó a la obra de Tolkien y como llegó a considerar la posibilidad de filmar su propia versión de la cinta. En la práctica, jamás hizo tal cosa.

De hecho, aunque sí hay elementos que pueden considerarse sus aportaciones, Jackson cometió el error de repetir escenas y las mismas libertades que se tomó Bakshi.

En el set

En el set

Llegó hasta el punto de exceder la importancia del ahora llamado PreViz (previsualización por computadora), para certificar que se trataba de una película estudiada desde todo ángulo para ser más efectiva —como si fuese cosa de ciencia. Pero en eso también se equivocó, porque hizo lo que todo mundo insiste no debe hacerse, confiar demasiado en materiales que no son definitivos, pues mientras Bakshi usó el rotoscopio hasta el cansancio, el empleó en exceso el PreViz.

Así, cuando Jackson cumplió con su cometido, tres películas de “El señor de los anillos”, para que le soltaran los derechos para filmar su propia versión de King Kong —convenio y razón porque aceptó el proyecto de Tolkien—, armado con guión, fama y equipo de cómputo de alta tecnología para hacer PreViz, enfrentó la más ingrata de todas las taquillas, un verdadero fracaso: le faltó material de previsualización con sello Bakshi.

Bakshi dibujando

Bakshi dibujando

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¿Quién vigila a los Watchmen? ¡Alan Moore! (III y última)

Posted in Alan Moore, Alan Moore, Autores, Ciencia Ficción, Comics, Historia, Watchmen with tags , , , , on noviembre 23, 2008 by deepfocusmagazine

Pero, ¿qué clase de entorno puede ser?

El momento en que Moore escribe Watchmen, tiene todo menos buenas expectativas. El título es fiel testigo de su tiempo: guerra nuclear como peligro inminente, crisis política en los bloques social-comunista y capitalista; el nacimiento de la tecnología de cómputo, en calidad de alternativa para control, amenaza y dispositivo de poder; condiciones económicas cuestionables, insatisfacción social, así como un entorno moralmente ambigüo.

Pero lo que preocupa a Moore son dos cosas: pérdida de la inocencia y sublevación/corrupción del poder. Determinada calidad de vida para la que fantasía, honor, dignidad, voluntad, dejan de ser ideales vueltos nociones abstractas sin sostén ni propósito. Asimismo, una vez perdida la dimensión pacificadora de la imaginación, una condición constructiva pese al absurdo cotidiano, un estado de esperanza activa que lucha por sí misma sin importar el panorama, todo se sustituye por apetito desmedido de control, omisión del prójimo, al igual que desvanecimiento de toda frontera humana frente al derrotismo.

En otras palabras, que el individuo pierda todo punto de referencia, ante la capacidad aniquiladora del proceso civilizatorio en sí.

Pero no era una idea nueva entre los temas tratados por Alan Moore, a propósito de las preocupaciones del autor. De hecho, años antes de Watchmen, en 1982, desarrolló el planteamiento del “superhombrenietzcheano, desde la perspectiva del “superhéroe” de los cómics, todavía hoy consumada como LA narración definitiva en torno a la utopía de criaturas superiores al hombre, con atributos y cualidades semejantes a las de dioses: Marvelman/Miracleman, donde elaboró las consecuencias últimas de semejante estado de descomposición humana, consumada por la figura del superhombre.

El prólogo, basado en una de las aventuras del personaje original de los años 50, Moore lo trabajó de tal modo que sirviera como parteaguas para el desarrollo de todo el argumento: personas ordinarias soñando con un mundo maniqueísta, donde caos y orden pelean entre sí, aunque en la práctica tal premisa corresponde a otra cosa.

Es en el remate como se aprecia el genio de Moore. En lugar de un relato según la costumbre de la época —en apariencia, a donde se dirige—, el autor modificó el tono para pasar de un pretexto gratuito a una tesis escalofriante: ¿qué ocurriría si una sola de semejantes personas pudiese adquirir poderes como los mencionados? La mentalidad de un niño con el poder de una bomba atómica, incapaz de distinguir matices ni ligeras variaciones que marcan el acento en cuestiones de tipo afectivo.

Es decir, ¿qué pasaría si un individuo sin suficiente conciencia de sí mismo, se convirtiera en la cristalización perfecta de todos los aparatos de poder que se supone conforman una civilización? Esto es, en lugar de adquirir conciencia propia.

Hasta aquí, debe quedar claro el contraste entre Miracleman y Watchmen, a propósito de esta posibilidad: superhombre versus superhéroe. Sin embargo, en ambos casos está de por medio el planteamiento de una distopía/utopía, donde las dos variedades se manifiestan; asimismo, los distintos tratamientos que involucra cada una.

Miracleman

Despedida

Despedida

Monte Miracleman

Monte Miracleman

Final

Final

Watchmen

Manhattan, Laurie 01

Manhattan, Laurie 01

Manhattan-Laurie, 02

Manhattan, Laurie 02

Manhattan-Laurie, 03

Manhattan, Laurie 03

Así, una de las grandes quejas en torno a la obra, adaptada sin considerar los pequeños giros, las sutiliezas propias del trabajo que representó conjurar una de las piezas más elaboradas en la historia del comic, es el verdadero reclamo de Alan Moore, cuando muestra su malestar contra todo lo que involucre el cine y la forma en que se ha modificado su visión de las cosas.

Por un lado, mientras Miracleman representa una pieza magistral, es del pasado. Watchmen, simplemente por su construcción, es infinitamente más compleja desde una perspectiva literaria y de comic. Las únicas comparaciones que sostienen un parecido con la obra de Moore suelen ser El Quijote de la Mancha, cuando a la mitad de la obra es retomada por tres escritores más; Si una noche de invierno, un viajero, de Italo Calvino, con su incensante cambio de escenarios, personajes y capítulos, además de la obra de Borges. Aunque parezca exageración, no lo es.

Mucho después, esta necesidad de elevar el comic a estaturas por encima de la convención, así como transformar su visión personal de la literatura, llevaron a Moore en otra dirección, también muy cuestionada.

The Mindscape of Alan Moore

The Mindscape of Alan Moore

Lo curioso y único de esta declaración es que se rumoraba algo así, mucho tiempo antes de que DeZ Vylenz, realizador del documental, la captara de boca del mismo Moore. En suma, un trabajo muy valiente de ambos, a la vez que una declaración amplia y sincera como no las hay en abundancia por parte del autor, salvo en el documental Monsters, Maniacs and Moore (1987).

Faltan pocos meses para el estreno de la cinta, pero sólo como pretexto  para aproximarse a otra más de las narraciones que han llevado a tan singular escritor a la cúspide misma de la fama.

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Lucas Samaras, narciso distorsionado

Posted in Arte Contemporáneo, Fotografía, Historia with tags , , , , on noviembre 9, 2008 by deepfocusmagazine

Apenas iniciada la década de los 70, un artista plástico se abrió paso en forma abrupta y desconcertante. Tras experimentar en pintura y escultura, encontró un aparato sencillo, sin más complejidad que la invertida en la fotografía de aquél entonces, pensada sólo para lograr imágenes rápidas, al vuelo. El griego Lucas Samaras había descubierto la fotografía polaroid y, por su técnica, abriría paso a la inspiración de millones en la apenas naciente fotografía digital, ya que solo dos años después, la NASA enviaría al espacio la sonda Viking, equipada con el primer equipo fotográfico digital sobre la faz de la Tierra.

El único antecedente, relativamente cercano, al principio de la manipulación de imagenes fotográficas, más allá de Man Ray, con la transformación como principio explícito, se puede decir pertenece a Samaras.

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Concebido como un ejercicio de manipulación, orientado a la transformación de la emulsión de imágenes polaroid, Samaras se encuentra entre los primeros en haber desarrollado lo que hoy se conoce como “transferencia polaroid”: tras tomar la fotografía, humedecer imagen y su soporte en una solución, para así desprender la gelatina impregnada en la superficie de plástico. Una vez hecho eso, trasladar la gelatina a otro soporte para en la nueva superficie hacer con dicha imagen lo que se quiera.

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Derritiendo, diluyendo, raspando, quemando, rompiendo, maltratando la emulsión, Samarás desarrolló la serie “Autoentrevistas”, conjunto de autorretratos en los que ocupa el lugar de un modelo en diferentes circunstancias, hablando de tal modo con el lente, que la percepción de la imagen no se encuentra supeditada a la maestría sobre el mecanismo de la cámara, menos aun, en la fantasía que el modelo tiene de sí mismo y por ello como se proyecta ante los ojos de un espectador imaginario.

Se trata, en todo caso, de un descenso pesadillesco hacia la construcción de un cuestionamiento deliberado.

Samaras toma de los cabellos la poesía lírica del foto periodismo —particularmente el de guerra—, de la misma forma que agrede la cada vez más ampulosa y compleja fotografía de modas, cuyos modelos aspiran a volverse frente a la cámara una imagen no sólo ideal, aspiraciones de carne y hueso de aquello a lo que debería aspirar un ser humano.

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En su lugar, Samaras elabora una confrontación con el espectador; plantea un tipo de mirada que se aparta de la belleza y, sin recurrir al fotomontaje, pues todo lo trabaja en una misma gelatina, cambiar la dinámica: un hombre común, alguien con quien se podría tropezar cualquiera en la calle, pero accediendo a él a partir de las representaciones que de sí mismo forma.

A cambio de glamour, miedo; en lugar de un campo bombardeado, la intimidad de una habitación; sin un ícono del mundo del espectáculo, un simple y vulgar desnudo, aunque sin los retoques ni afeites propios de una fotografía dirigida. En otras palabras, la búsqueda de un cuerpo tan deteriorado, como la idea de su propietario.

La obra fotográfica de Samaras hoy forma parte de la colección de más de una decena de museos. Pese a que entre su trabajo se encuentra una porción relevante del arte contemporáneo de finales del siglo XX, incluidas pinturas, arte objeto y escultura, prácticamente ninguna de ellas rivaliza con su trabajo fotográfico durante la primera mitad de los años 70.

Incluso hoy, Samaras también está entre los pioneros de la fotomanipulación digital, cortesía de Photoshop.

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