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Doctor Who, un diminuto repaso II

Posted in Autores, BBC, Ciencia Ficción, Cine, Historia with tags , , , , , , on noviembre 25, 2013 by deepfocusmagazine

1291311250_7.jpgPor un lado, Tom Baker ingresó a la serie mediante el proceso de regeneración —como ya se había hecho costumbre en la lógica interna de las historias—, pero su entrada suponía un reajuste traumático que involucraba el tránsito de una personalidad agonizante para darle paso a una nueva, con rasgos y características propios. Tom-baker-thinking.jpeg

Tras el cambio, el Doctor entrante debía reflejar desde memorias confusas hasta la momentánea incapacidad física para ejecutar la locomoción ordinaria, al menos durante las primeras horas de su metamorfosis, pero la entrada de Baker fue memorable porque su transición, en lugar de moderada y gradual, instaló de manera permanente a un sujeto que rompió con los cánones del personaje: impredecible, errático, arrogante, pueril, insensato… El Doctor debutante parecía más un lunático prófugo que fuente de respeto y respuestas incuestionables.

Aunque el argumento oficial detrás de todas las “regeneraciones”, todavía hoy, apela a mantener interesante la figura del Doctor en busca de una constante actualización para conservarlo fresco e innovador, también hay razones de carácter administrativo, logístico y de relaciones personales de las que nunca se informa al público y han afectado el curso de la serie desde su origen, como refleja muy bien el docudrama An Adventure in Time and Space (Terry McDonough, 2013).

shot0004.png A propósito de ello, The Ark in Space (Rodney Bennett, 1975), una de las primeras aventuras ya con Baker caracterizado y a cargo del papel, también es el primer anuncio de lo que ocurrirá en años posteriores, puesto que así como se aprecia una inversión importante de recursos para la producción de ese relato en particular, por igual asoma una contradicción que no es resultado de negligencia.

shot0005.pngEn los capítulos hay un conjunto de salas, pasillos y túneles de lo que se supone es la nave/arca titular, que ostenta utilería ingeniosa (maquinaria, consolas, tableros), uniformes, entre otros. Una de las escenas memorables de la narración es cuando se ve a uno de los personajes experimentando su mutación de humano a insecto, que por falta de recursos, debió sustituirse el uso de maquillaje de efectos especiales por plástico burbuja coloreado. A partir de ese momento, el Doctor Who habría de confrontar al peor de sus enemigos en una batalla permanente: el presupuesto de producción.

 El único, inolvidable y más poderoso Doctor Who de todos: la escritura

Si Tom Baker se mantiene como uno de los Doctores más indelebles de la historia, se debe a la participación de guiones muy inteligentes y audaces e interpretaciones comprometidas, pese a las condiciones más y más austetom_baker_surrounded_by_crowd.jpgras que fueron dominando la producción de la serie conforme pasaba el tiempo.

Es muy probable que gracias a la necesidad de un contraste entre los actores previos y una época de precariedad que se avecinaba, la BBC haya apostado por Tom Baker dada su encarnación atípica del Doctor para mantener al público enganchado con una caracterización excéntrica, así como la disponibilidad del intérprete para arriesgarse con experimentos narrativos que nadie había ensayado.

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The Ark in Space, por ejemplo, además de Terrore nello spazio (Mario Bava, 1965), se consideran dos de las influencias directas para el argumento de Alien (Ridely Scott, 1979). Pero si eso sucedía con la segunda narración del personaje, el repertorio de historias en las que participó Baker son un repertorio de delirio creativo.planetposter2.jpg

Bajo su nombre empezaron a surgir —cuando no se consolidaron— terminajos como «universo de bolsillo», «robots microscópicos», «alteración biológica», «inteligencia artificial», «representación de un cerebro artificial», «dimensiones hermanas»… que, en orden, sus equivalentes contemporáneos serían “subproducto cuántico”, “nanorobots”, “ingeniería genética”, “realidad virtual”, “dimensiones paralelas”, décadas antes de ser popularizadas por Hollywood.THE-TARDIS-insides-2.jpg

El TARDIS (Time and Relative Dimension in Space [tiempo y espacio en una dimensión relativa]), después de la entrada a la consola principal, con el paso de los años se descubrió era una nave cuyo tamaño real equivalía al de una ciudad miniatura, pese a las proporciones de la cabina desde afuera. Esa fue una de las primeras referencias al universo de bolsillo, al margen de Nikolai Gogol en Almas muertas.

Invasion1_2721084b.jpgTras el encuentro con los Cybermen que daría muerte al primer Doctor, en sus futuras confrontaciones el Doctor se dedicó a estudiar debilidades y fortalezas de la raza de cyborgs, entre las que encontró robots microscópicos (nanorobots) diseñados para invadir el cuerpo de nuevos huéspedes de la inteligencia colectiva. Mucho después, el mismo principio sería aplicado en Star Trek, The New Generation, con los Borgs.

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En Genesis of the Daleks, además de que la narración transcurre como una especie de flashback en que participa el Doctor en forma activa, el tono del relato se da de tal manera que parece una suerte de metáfora del origen del aparato nazi, pero en lugar de las juventudes hitlerianas se trata del dalek, la mutación encerrada en un sistema cibernético. Aquí es cuando además de conocer la creación de su enemigo más peligroso, se conoce al autor de la misma: Davros.

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Otra historia por demás peculiar es The Face of Evil, en la que el Doctor aterriza en un planeta poblado por aldeas primitivas que además practican rituales bárbaros. Para sorpresa del Doctor, descubre que dispersos entre escombros y maleza, hay aparatos científicos muy sofisticados para el uso de los pobladores de la cercanía. Conforme progresa la historia, se sabe que una vez, mucho tiempo atrás, el Doctor enlazó su mente con la computadora de una nave para ayudar a los tripulantes, pero olvidó borrar los rastros de la conexión, lo que provocó el nacimiento de una inteligencia consciente de sí misma. Cuando la embarcación encontró un planeta, el ordenador esclavizó a los sobrevivientes y los redujo a tribus salvajes. Una de las pocas historias en que el Doctor crea una forma de enemigo moldeada con su referencia. Además de 2001: A Space Oddisey (Kubrick, 1968) y Colossus: The Forbin Project (Argent, 1970), esta es otra muestra de la inteligencia artificial contra el hombre de ese entonces.

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Por último, otro de los momentos más extraños y elaborados en la trayectoria de Tom Baker fue The Deadly Assassin, única en su tipo gracias a que no hay otro relato de aquel tiempo con el Doctor actuando por cuenta propia y sin secuaces, se supo del límite en el número de regeneraciones para los Señores del tiempo, así como se ensayó una idea totalmente novedosa: la realidad virtual. En ella, el Doctor vuelve a su planeta natal para evitar el homicidio de uno de los grandes mandatarios, pero descubre que en realidad se trata de una estratagema de su rival acérrimo, el Amo, quien sobrevive a duras penas en una forma que le impide morir, pero es el la última reserva que le queda de vida. Su intención es acceder a la energía que mueve el viaje en el tiempo y el espacio para reactivar sus regeneraciones, por lo que parte de su plan consiste en hacer uso de la computadora que concentra la sabiduría de todos los Señores del tiempo, quienes sin saberlo, han creado un universo adentro de la máquina, donde se ocultan las pistas para evitar que el plan del Amo se consolide. Amén de cualquier referencia que haya servido para The Matrix (1999).The-Deadly-Assassin-Doctor-Who.pngda5.jpg

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Doctor Who, un diminuto repaso I

Posted in Autores, BBC, TV with tags , , , , , , , , on noviembre 23, 2013 by deepfocusmagazine

shot0002.pngAunque Doctor Who en estos días celebra su quincuagésimo aniversario, no está de más detenerse y considerar que el festejo también tiene su parte de homenaje acéfalo. Lo anterior no sin una dosis de mala leche, en la medida que la fama actual del Doctor Who es genuina en todo el amplio sentido de la palabra, pero resulta de procesos que se dan a partir de 2005 gracias a la intervención de Russell T. Davies.

showbiz_russel_t_davies.jpgEs decir, el Doctor Who que alguna vez existió hasta 1989, en realidad es artículo de un pasado tan perdido en el tiempo como los artilugios en el libreto de una historia en torno al personaje, porque su reciente fama mundial es más bien hija bastarda no deseada cuya legitimidad está a prueba de toda duda. ¿Motivo? Se trata del fenómeno social más apabullante de la narrativa de los siglos XX y XXI, porque cuando la BBC abandonó la idea de continuar su producción, décadas antes del surgimiento de las redes sociales en Internet, su base de aficionados impidió que se perdiera y la hizo resurgir con la fuerza que tiene en la actualidad.

La malicia antes de Baker

dwa6600.jpgDoctor Who fue una serie de televisión muy importante durante los años 60, en la medida que sirvió como escenario para recrear la ciencia ficción que despuntaba tras el final de la segunda guerra mundial, debido sobre todo a la aparición de la bomba atómica, así como los diferentes proyectos para salir de la atmósfera terrestre. Pero una vez que el hombre pisó la luna en 1969, el sub género debió admitir que buena parte de lo producido para los medios no era otra cosa sino fantasías disparatadas.

Así, la ruta que trazó la serie con las intervenciones de William Hartnell, Patrick Troughton y Jon Pertwee, además de entusiastas, poco a poco empezaron a verse afectadas por un factor cultural paralelo que le dio a Doctor Who el sello imperecedero que hoy ostenta: el Doctor no solo era un alienígena con apariencia humana transportándose por el tiempo y el espacio, era un anarquista con la resolución de cambiar las diferentes versiones de la realidad en que lograba participar.dwa6800.jpg

Desde 1963 hasta 1974, esos venerables actores —además de sus papeles— encarnaron las inquietudes de una época que recorrió aquello admitido como la norma; los procederes social, cultural y políticamente aceptados, gradualmente vueltos objeto de argumentos que trataron cuidado ecológico, genocidio, guerra fría, mutaciones producto de la intervención genética, militarismo, políticas internacionales… en una serie de televisión supuestamente dirigida al público infantil. Doctor Who fue el artífice de metáforas en torno a problemas tan o más contemporáneos que supuestas producciones «serias» para adultos.DW1971ann01cvrs.jpg

Pero así como la BBC de Londres aparecía en calidad de hogar del Doctor Who, también era motivo de preocupación que Gran Bretaña fuese objeto de críticas indirectas, tejidas con el espíritu de los años sesenta desde la producción televisiva oficial. Durante su undécimo año, el presupuesto había disminuido considerablemente hasta el punto de economizar los efectos especiales, pero justo cuando se preparaba la transición de Pertwee para el nuevo actor a punto de retomar la estafeta, la llegada de Tom Baker habría de transformar todo cuanto se sabía del personaje así como la ciencia ficción de su tiempo.

Una mirada inclusiva

Posted in Animación, Animación 3D, Arte Contemporáneo, Artes, BBC with tags , on julio 24, 2012 by deepfocusmagazine

Con eso de que las olimpíadas están contagiando de un espíritu igualitario al globo, las especies animales no pueden ser excepción, aunque desde su singular perspectiva.
Aquí les va un video de Leo Bridle y Asmael Isnard.
Mientras tanto, BBC ya lanzó el video oficial, siquiera para probar el contraste.

Bernard Quatermass: el invento del monstruo universal II

Posted in Autores, BBC, Bernard Quatermass, Ciencia Ficción, Nigel Kneale, Quatermass Experiment, TV with tags , , , , , , on octubre 19, 2008 by deepfocusmagazine

A selection of Kneale's material available on DVD.

Obra de Nigel Kneale

(Imagen vía Wikipedia)

Por una parte, en efecto, el fantasma de la Guerra, tecnologías de aquel entonces, la expectativa de viajes espaciales, se antojaban terriblemente complejas y peligrosas; por otra, su elaboración a través de nuevos medios culturales como cine, radio y la recién nacida televisión, dejó ver qué tipo de tratamiento formuló cada sociedad anglosajona, en términos de su capacidad para asimilar el cambio del que no sólo eran protagonistas, sino responsables directos.

Mientras para Estados Unidos se abría la posibilidad de jugar con un concepto no del todo claro, pues en su literatura apenas figuraba como una temática que ya hubiese trascendido para su sociedad, otro tanto sucedía en cine y televisión: los argumentos de la ciencia ficción estaban relegados a la esfera del género infantil en TV y radio, al pulp en medios impresos y a producciones B en cine.

Las representaciones gráficas del pulp

Las representaciones gráficas del pulp

Dicho de otro modo, productos y expresiones de baja calidad, minimizados en importancia, atractivos para un muy pequeño grupo de autores, dirigidos a un consumo masivo, aparentemente sin compromiso estético de la menor especie.

Por otro lado, el tratamiento de las narraciones, sin importar fascinación y horror ante lo desconocido, se encontraban limitadas por representaciones de figuras heroicas contra amenazas del más allá; adaptaciones de relatos western en escenarios de ciencia ficción, en los que gunslingers y cowboys se sustituyeron por astronautas, así como el espacio exterior asumió el valor de una nueva frontera por colonizar.

Es justo en ese punto donde radica el genio de Nigel Kneale. En lugar de plantear un relato arbitrario, delineado con clichés de un sub género para adaptarlo a otro todavía en pañales, elige la ruta menos cómoda y elaborada: estructurar una narración compleja a partir de personajes que todos interactúan a coro, tal cual pasaría en una tragedia griega; cada uno posee profundidad, además de estar absorbido en dilemas morales. Asimismo, el protagonismo no se concentra sólo en la persona del personaje titular, también aparecen involucrados milicia y gobierno con sus respectivos representantes. En otras palabras, una puesta en escena a gran escala.

La llegada

La llegada del agente del caos...

A su vez, un giro que no se había dado en décadas con la precisión que Kneale consiguió. Desde una perspectiva opuesta a la de Mary Shelley con Frankenstein —pues con ella se decide que el resultado de la ciencia es el horror, porque desafía el orden de lo natural—, Kneale planteó hacer frente al horror a través de la ciencia, porque la naturaleza es parte de un descubrimiento continuo, sin volcarse a una forma de positivismo ciego.

Escena de Johnny Jupiter

Escena de Johnny Jupiter

Prácticamente sin proponérselo, Kneale sentó las bases de una diferencia mayúscula en la literatura de géneros instrumentada por los medios masivos: por un lado la ciencia ficción —gobernada casi en su totalidad por los recursos y entusiasmo de Estados Unidos—, elucubrando los efectos de la ciencia en términos de su puesta en práctica en condiciones sociales; por otro, la ficción especulativa, menos ocupada en las posibilidades que en escenarios con problemáticas ya montadas, donde la historia prácticamente arranca con el conflicto de por medio, además de incorporar —en calidad de contrato con la sociedad— valores cien por ciento estéticos.

Así, la fantasía televisada de un científico participando en la competencia por la conquista del espacio —16 años antes de materializarse en la vida real—, no sólo se antojaba posible, sino el sueño anhelado que podría poner las cartas sobre la mesa y con ello elevar de nuevo a Inglaterra.

II) Frankenstein no era el monstruo, sino el científico.

El personaje de Quatermass, entre otras cosas, es un coctel de ambigüedades; aunque se muestra decidido, en realidad está plagado por preocupaciones, que van desde la seguridad de los miembros del equipo con que trabaja, implicaciones éticas y morales de forzar el resultado de una investigación, años antes de contar con resultados confiables, hasta las posibles repercursiones en la población de la Tierra, por un error de diseño de su nave. De hecho, en las tres narraciones clásicas, Quatermass está gobernado permanentemente por la duda.

Aquí, a diferencia de muchos relatos de entonces, el accidente, en lugar de ser un fenómeno fortuito, es parte integral del personaje y, por las mismas razones, el núcleo del relato.

Este pequeño detalle marca una diferencia astronómica entre los personajes de la ciencia ficción de entonces, incluso de otros “sub-géneros” (policíaco, horror, incluida la novela rosa): contrario al proceso de reconstrucción que solía darse en todo evento difícil o desconocido, para el que se pedía la asistencia de un experto, mismo que se portaba con aplomo y pleno dominio de la situación, sin importar que los hechos fueran por demás descabellados.

Hay una forma de involucramiento, tanto personal como psicológica, que enturbia la pureza de la investigación y desde la que se perfilará toda la forma de la narración.

La incógnita, cualquiera que fuese, invariablemente sería enfrentada y resuelta por un agente del orden, capaz de lidiar contra semejante cantidad de caos. En ningún momento fue así con Quatermass.

El sello que le impuso Kneale fue más bien el de un investigador hermenéutico, arrojándose a la interpretación de los datos conforme estos aparecían, en espera de que sus conclusiones resultasen apropiadas para dar el siguiente paso. Paradójicamente, este margen de duda resultó ser ampliamente funcional para propósitos de producción, pues por medio de este recurso narrativo, extendía también el interés de radio escuchas y televidentes de capítulo en capítulo, a medida que la duda de la entrega anterior era resuelta o más esclarecida en la siguiente.

Mientras el hecho de encontrar un personaje, bastante parecido a un hombre común enfrentando lo incierto, ya resultaba verosímil y confiable, otro tanto se añadió con un segundo factor humano que, incluso hoy, señala la presencia de Quatermas como una de las series de ciencia ficción más sobrias jamás emprendidas: el científico está en el apogeo de su carrera, pero después de mucho tiempo de trabajo.

Es un hombre de mediana edad, entre los 50 y 60 años; aparenta un ligero descuido en su persona, aunque se reserva cierto toque de sobriedad y buen gusto al que no da importancia. No se trata aquí del científico entre los 20 y 35 años, ya con un descubrimiento espectacular; incluso, joven genio de excelente apariencia física.

Con ese personaje y escenario, el ensayo da inicio.

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Bernard Quatermass: el invento del monstruo universal

Posted in Autores, BBC, Bernard Quatermass, Ciencia Ficción, Cine, Nigel Kneale, Quatermass Experiment, TV with tags , , on junio 28, 2008 by deepfocusmagazine

Las dos caras de Quatermass

Bernard Quatermass: Reginald Tate (1953) y Jason Flemyng (2005)

Gran Bretaña se ha distinguido por crear verdaderas leyendas de la ciencia ficción, tanto televisiva como cinematográfica; sin embargo, estas dieron comienzo tras The Quatermass Experiment (1953), quizás la más influyente de todas, pues a partir de las características establecidas en Quatermass Experiment —al igual que adaptaciones para cine, series subsecuentes a la original y un remake de la misma—, nació una vertiente de ciencia ficción cuyo estilo no sólo es emblemático y representativo de Inglaterra, sino toda una filosofía respecto a cómo abordar el género.

De hecho, los hallazgos e ingenio narrativo de Nigel Kneale (1922-2006), creador del personaje —así como otras obras maestras de las que se hablará después—, aunque no son del todo conocidos en América Latina, siguen trascendiendo y retomándose de este genial guionista, algunas veces con todo descaro, sin el menor afán de maquillar su influencia, pero por igual ignorando todo crédito ni hablar de él.

En los incios de su carrera

Thomas Nigel Kneale (en el set de Quatermass II, con los planos del cohete tras él)

Tan sólo para señalar la importancia de este autor, de la serie Quatermass se desprenden e inspiran  Muertos vivientes/La invasión de los usurpadores de cuerpos ( Invasion of the Body Snatchers, Don siegel, 1956), 2001: Una odisea espacial ( 2001: A Space Odyssey, Stanley Kubrick, 1968), Alien, el octavo pasajero ( Alien, Ridley Scott, 1979), Aliens (James Cameron, 1986), Doctor Who (1963-…), entre otras.

Aun más extraño, el medio en que prosperó Kneale, contrario a lo que dicta la historia de los medios masivos, fue la televisión, no el cine, restringiendo su fama a un fenómeno local, más que global, como también se verá en otro momento.

La narración en seis capítulos de Quatermass Experiment partió de la siguiente premisa: tres astronautas coordinados por el profesor Bernard Quatermass (Reginald Tate), son enviados al espacio de acuerdo con un programa cuyo propósito es participar en la carrera para conquistar la luna. Patrocinado por la Corona Británica, Quatermass desarrolla un prototipo que ignora cómo se desempeñará en la práctica, sin importar cuan profesionales son él y su equipo de científicos.

Así, los viajeros son lanzados al espacio, pero se pierde toda comunicación con ellos durante 57 horas debido a una falla en el diseño, resultando en un regreso de emergencia por la fuerza. De vuelta en la Tierra, sólo está Victor Carroon (Duncan Lamont) a bordo de la nave, sin más rastros de los otros dos que sus trajes vacíos. Tras examinar al sobreviviente, su fisiología y metabolismo presentan rasgos absurdos para lo que se considera un adulto normal, además de hablar alemán, sin ser su idioma nativo ni haberlo practicado en la vida.

I) El Caldero seminal

En la línea de muchas historias de ciencia ficción abordadas en la década de los 50, había un viaje al espacio, un científico, su equipo de ayudantes, el infaltable periodista, un enigma surgido más allá de la Tierra, policías, —menos frecuentes aunque también— políticos de altos vuelos… Hasta allí, todo habría sido de lo más ordinario, salvo por su escritor, quien tuvo la iniciativa de transformar la ciencia ficción en un género dramático, mediante metáforas alusivas a los años de la Segunda Guerra Mundial.

El antecedente de Welles con la narración radiada de La guerra de los mundos había dejado claro que sin importar ingenuidad ni desinformación, entre los radioescuchas de aquél entonces había vagas nociones de ciencia y tecnología más allá del ámbito casero, entre las que figuraban ingeniería para vuelos teledirigidos, armas avanzadas, políticas inestables… sumadas a las inquietudes del mundo real. Tal y cómo aparecieron interrelacionadas, evidenciaron también, más allá de la penetración mediática, que los parámetros para escribir y narrar una historia habían cambiado de manera radical.

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