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Los Watchmen de Zack Snyder: la gran decepción… IV y última

Posted in Alan Moore, Cine, Comics, Zack Snyder with tags , , , , , , , , on abril 12, 2009 by deepfocusmagazine

Es decir, mientras los personajes de Conrad se articulan como expresiones que parecen  llevadas por una fuerza sobrenatural cuya capacidad para el más elemental libre albedrío es baja, los de Alan Moore, meditan, sufren y son conscientes de sí mismos, sin caer del todo en una visión polar del universo. Desde ahí, toda una contradicción en el seno del comic, pues se trata de supuestas marionetas que luchan en una batalla por el bien contra el mal.

No obstante, no de detiene allí. Como el excelente artesano que es, les confecciona toda una personalidad, digna de ser memorable.

Esa cosita que tienes dentro…

Uno de los momentos más deficientes de la cinta, cuando se aprecia que dirección tendrá, es durante la entrevista con el psiquiatra.

En esta escena se ve de la niñez de Rorschach uno de sus primeros brotes explícitos de violencia. Sin embargo,  ampliamente matizado respecto al original, ya que pese a tratarse de un recuento personal, encubierto en mentiras durante una prueba proyectiva, el niño de la cinta es una verdadera bestia que disfruta su salvajismo, cuando en el comic no fue así.

Se entiende la génesis del personaje a partir de sus recuerdos, aunque no todos surgen a lo largo de una sola entrevista ni están encadenados unos a otros. De hecho, se trata de más de un encuentro entre el psiquiatra y Rorschach, quien al ser recluido en la cárcel, transita gradualmente de “interno incomprendido ante sus esfuerzos por la justicia”, hacia “psicópata maltrecho con aspiraciones de justiciero” ante los ojos del lector.

Vaya, la intención de este tratamiento, puesto que gracias a Rorschach el público se conduce a lo largo de la narración, es romper la empatía inicial entre un supuesto representante del orden y una razón bastante plausible para entender el funcionamiento de los llamados vigilantes, quienes ocultan tras sus intenciones de bondad la necesidad de restaurar externamente orden y equilibrio de los que carecen a nivel interno.

Es más, Moore, con lujo de cinismo y talento, critica simultánemente a más de un representante del orden y la normalidad: policía, instituciones médicas y los superhéroes.

La película se limita a cerrar todos los episodios entre Rorschach y el psiquiatra en una misma entrevista, apresurada, sin medias tintas ni profundidad.

Incluso, origen y razón de ser del personaje tienen un lugar aparte en la historia del comic.

Quién sabe si por consulta a fuentes especializadas o genio destilado en estado puro, pero la descripión que hace Rorschach en nueve cuadros acerca de cómo asumió su identidad es psicología pura.

Empieza en el rechazo a la figura materna, una prosituta arrepentida de haber omitido el aborto para que naciera Walter Kovacs, subrayado frente a él desde la niñez. La reaparición del objeto transicional que suelen ser aquellas piezas con que los niños juegan desde pequeños para manejar la separación de la madre; la ausencia de matices en el juicio, según un esquema psíquico rígido; carencia de representaciones que indiquen la existencia de una instancia de orden en la cual ampararse o que sirva como modelo, así como la fase del espejo apuntalada hacia el descubrimiento de la propia identidad, encubierta por todas las referencias maternas, mediante una licencia poética que cambia el horror de un Norman Bates, totalmente absorbido por la figura de su madre, en un Rorschach jugando al superhéroe.

Sencillamente, genial. Y no está en la película. Por si eso fuera poco, Moore se las arregla para que la, ya de por sí endeble, estructura psíquica de Kovacs dé luz al sabueso en que se convertirá, pero insertándole un quiebre psicótico definitivo.

Como notarán aquellos que asistieron a la proyección, hay más sangre y toques mórbidos respecto a los propuestos por el comic, francamente innecesarios.

El contraste entre la propuesta original y la cinta es de un grotesco barato e insufrible que no alcanza descripción.

Simplemente para ilustrar las dimensiones del ya mencionado quiebre, basta referirse a uno famoso en la vida real, recreado en la cinta Claroscuro ( Shine, Scott Hicks, 1996).

El término refiere aquél momento en que una estructura psíquica alcanza su límite y se desmorona, para dejar en su lugar a un individuo que a duras penas puede ser llamado sujeto social. Dependiendo de la naturaleza y rasgos de quien lo experimenta, consecuencias y manifestaciones varían como decir desde el Sol hasta Plutón.

Pero, a la vez, ya que el contexto es un examen y confrontación de toda suerte de inocencias, el psiquiatra, tras verse en una posición privilegiada, pasa a tercer plano, humillado y vulnerado por Rorschach, entre una serie de verdades que lo aplastan del todo.

De nueva cuenta, no está en la película. En su lugar queda otro grotesco en que Rorschach pide a gritos le devuelva su máscara. Irónicamente y para subrayar la ausencia —quién sabe ya si deliberada, de una sensibilidad a propósito de los procesos en juego—, esta interpretación del personaje, en lugar de mantener su independencia declarada, sigue supeditado al médico.

En la medida que al anglosajón promedio no se le da muy a menudo reflexionar acerca de la conciencia, pero sí recurrir a la farmacia para solucionar problemas, pasa lo mismo con Laurie, quien de ser una especie de adolescente histérica de más de 30 años, cuando descubre el origen de su historia personal por mérito propio, atravesando las mentiras y secretos de su madre, queda en pie una mujer dueña de sí misma, de su vida y hasta de su futuro.

En la película, no. No es capaz de eso, tiene que intervenir el Dr. Manhattan para que consiga ver su realidad personal. En el sentido más humanista de la expresión, la reduce a una verdadera imbécil y marioneta de todos cuantos la rodean. Jamás logra convertirse en el personaje que realmente es: el catalizador universal de la narración.

Ya aquí, realmente pesa ver tan perdida semejante obra.

Para matar un dragón, se necesita otro dragón

Si bien es cierta la importancia de Watchmen, así como las innovaciones narrativas de Alan Moore, ocurrió hace más de dos décadas. El tono de la obra es oscuro, pesimista y poco o nada esperanzador.

La sola empresa de proponer un ejercicio que pudo quedarse en mero capricho de estilo, para volverse piedra angular de las narraciones del comic, es un ejemplo prácticamente imposible de seguir.

El pasado es bueno que se quede allí; que sirva para construir y edificar, para crear referencias y transformar el futuro. Pero cuando la edificación alcanza proporciones magnas, vivir bajo la sombra tampoco es alentador. La mera existencia de un ejemplo de semejante magnitud invita a la más abrumadora humildad o la desmedida ambición de algo superior, mil veces mejor o igual de bueno.

Afortunadamente, Alan Moore logró más que posarse en un pedestal inalcanzable, fundó escuela. De hecho, uno de los más brillantes escritores después de él, prácticamente igual de genial es Grant Morrison.

Crítico abierto de Watchmen, aunque da reconocimiento al cuerpo total de la obra de Moore, Morrison es prácticamente lo opuesto de Moore en más de un sentido.

Allí donde Moore es nostálgico y reflexivo, Morrison se muestra descarado y absurdo. Virulento, irreverente, anárquico, nihilista, también es inglés y no menos respetado que Moore.

El título que hasta la fecha representa a Morrison es la demencial serie The Invisibles.

En esta, un grupo de vigilantes que combinan magia, ciencia y fenómenos paranormales, se encuentran a cargo de la realidad no como la percibe el ser humano, sino desde una capa superior, el blanco de un grupo extraterrestre/extradimensional que pretende acabar con los humanos.

Viajando por tiempo, espacio y dimensiones paralelas, Los Invisibles revelaron el carácter delirante de un nuevo tipo de comic, no menos extremo que el propuesto por Moore, incluso más anclado en la actualidad.

Baste decir que de las entregas y estilo presentes en este comic, Grant Morrison hizo proceder una demanda contra los hermanos Wachowsky, ya que más de un diálogo y situaciones, tal y como aparecen en The Matrix, es idéntico a los escritos por Morrison. Pero la demanda resultó improcedente porque el contexto de cada relato era distinto, aunque poco faltó para que los Wachowsky entregaran su fortuna a Morrison.

Este personaje, quien además de impresionantemente prolífico ha derramado litros y litros de tinta con críticas casi todas a su favor, no ha dejado de innovar el campo del comic con nuevas propuestas.

Además de haber escrito y dirigido la reciente Final Crisis de DC Comics, se dice que planea reescribir Watchmen a partir de los personajes originales de Charlton comics: Blue Beetle (Escarabajo azul)/Búho Nocturno, Captain Atom (Capitán átomo)/Dr. Manhattan, Nightshade (Sombra nocturna)/Espectro de seda y The Question (La pregunta)/Rorschach, en un nuevo tratamiento que dista en todo de la famosa deconstrucción elaborada por Moore.

Así, sólo queda poner, no un ladrillo más sobre una tumba vieja, sino rosas frente a un arte complicado que no alcanzó a ser una nueva The Dark Knight por abierta miopía.

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¿Quién vigila a los Watchmen? ¡Alan Moore! (III y última)

Posted in Alan Moore, Alan Moore, Autores, Ciencia Ficción, Comics, Historia, Watchmen with tags , , , , on noviembre 23, 2008 by deepfocusmagazine

Pero, ¿qué clase de entorno puede ser?

El momento en que Moore escribe Watchmen, tiene todo menos buenas expectativas. El título es fiel testigo de su tiempo: guerra nuclear como peligro inminente, crisis política en los bloques social-comunista y capitalista; el nacimiento de la tecnología de cómputo, en calidad de alternativa para control, amenaza y dispositivo de poder; condiciones económicas cuestionables, insatisfacción social, así como un entorno moralmente ambigüo.

Pero lo que preocupa a Moore son dos cosas: pérdida de la inocencia y sublevación/corrupción del poder. Determinada calidad de vida para la que fantasía, honor, dignidad, voluntad, dejan de ser ideales vueltos nociones abstractas sin sostén ni propósito. Asimismo, una vez perdida la dimensión pacificadora de la imaginación, una condición constructiva pese al absurdo cotidiano, un estado de esperanza activa que lucha por sí misma sin importar el panorama, todo se sustituye por apetito desmedido de control, omisión del prójimo, al igual que desvanecimiento de toda frontera humana frente al derrotismo.

En otras palabras, que el individuo pierda todo punto de referencia, ante la capacidad aniquiladora del proceso civilizatorio en sí.

Pero no era una idea nueva entre los temas tratados por Alan Moore, a propósito de las preocupaciones del autor. De hecho, años antes de Watchmen, en 1982, desarrolló el planteamiento del “superhombrenietzcheano, desde la perspectiva del “superhéroe” de los cómics, todavía hoy consumada como LA narración definitiva en torno a la utopía de criaturas superiores al hombre, con atributos y cualidades semejantes a las de dioses: Marvelman/Miracleman, donde elaboró las consecuencias últimas de semejante estado de descomposición humana, consumada por la figura del superhombre.

El prólogo, basado en una de las aventuras del personaje original de los años 50, Moore lo trabajó de tal modo que sirviera como parteaguas para el desarrollo de todo el argumento: personas ordinarias soñando con un mundo maniqueísta, donde caos y orden pelean entre sí, aunque en la práctica tal premisa corresponde a otra cosa.

Es en el remate como se aprecia el genio de Moore. En lugar de un relato según la costumbre de la época —en apariencia, a donde se dirige—, el autor modificó el tono para pasar de un pretexto gratuito a una tesis escalofriante: ¿qué ocurriría si una sola de semejantes personas pudiese adquirir poderes como los mencionados? La mentalidad de un niño con el poder de una bomba atómica, incapaz de distinguir matices ni ligeras variaciones que marcan el acento en cuestiones de tipo afectivo.

Es decir, ¿qué pasaría si un individuo sin suficiente conciencia de sí mismo, se convirtiera en la cristalización perfecta de todos los aparatos de poder que se supone conforman una civilización? Esto es, en lugar de adquirir conciencia propia.

Hasta aquí, debe quedar claro el contraste entre Miracleman y Watchmen, a propósito de esta posibilidad: superhombre versus superhéroe. Sin embargo, en ambos casos está de por medio el planteamiento de una distopía/utopía, donde las dos variedades se manifiestan; asimismo, los distintos tratamientos que involucra cada una.

Miracleman

Despedida

Despedida

Monte Miracleman

Monte Miracleman

Final

Final

Watchmen

Manhattan, Laurie 01

Manhattan, Laurie 01

Manhattan-Laurie, 02

Manhattan, Laurie 02

Manhattan-Laurie, 03

Manhattan, Laurie 03

Así, una de las grandes quejas en torno a la obra, adaptada sin considerar los pequeños giros, las sutiliezas propias del trabajo que representó conjurar una de las piezas más elaboradas en la historia del comic, es el verdadero reclamo de Alan Moore, cuando muestra su malestar contra todo lo que involucre el cine y la forma en que se ha modificado su visión de las cosas.

Por un lado, mientras Miracleman representa una pieza magistral, es del pasado. Watchmen, simplemente por su construcción, es infinitamente más compleja desde una perspectiva literaria y de comic. Las únicas comparaciones que sostienen un parecido con la obra de Moore suelen ser El Quijote de la Mancha, cuando a la mitad de la obra es retomada por tres escritores más; Si una noche de invierno, un viajero, de Italo Calvino, con su incensante cambio de escenarios, personajes y capítulos, además de la obra de Borges. Aunque parezca exageración, no lo es.

Mucho después, esta necesidad de elevar el comic a estaturas por encima de la convención, así como transformar su visión personal de la literatura, llevaron a Moore en otra dirección, también muy cuestionada.

The Mindscape of Alan Moore

The Mindscape of Alan Moore

Lo curioso y único de esta declaración es que se rumoraba algo así, mucho tiempo antes de que DeZ Vylenz, realizador del documental, la captara de boca del mismo Moore. En suma, un trabajo muy valiente de ambos, a la vez que una declaración amplia y sincera como no las hay en abundancia por parte del autor, salvo en el documental Monsters, Maniacs and Moore (1987).

Faltan pocos meses para el estreno de la cinta, pero sólo como pretexto  para aproximarse a otra más de las narraciones que han llevado a tan singular escritor a la cúspide misma de la fama.

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¿Quién vigila a los Watchmen? ¡Alan Moore! II

Posted in Alan Moore, Alan Moore, Autores, Comics, Historia, Scott McCloud, Watchmen with tags , , , on septiembre 3, 2008 by deepfocusmagazine

Actualización: Para todos aquellos pendientes del futuro estreno de Watchmen, una mala noticia: desde que se mencionó el 12 de febrero de este año, no se le dió suficiente importancia por parecer simple rumor, aunque ya se confirmó su certeza.

En estos momentos los estudios Fox están disputando con Warner Bros. la propiedad de los derechos para la adaptación cinematográfica de Watchmen, debido a que entre 1986 y 1990, Fox adquirió todos los derechos de adaptación de los 12 ejemplares del comic, a partir de los guiones de Charles McKeown y Sam Hamm. En 1991 se asignó el desarrolló del proyecto a Largo International, casa productora independiente, bajo advertencia de que tales derechos seguirían en vigor para Fox, sin importar que fueran delegados a un tercero.

Con el desmantelamiento de la casa productora, la responsabilidad de los derechos fue transferida a Lawrence Gordon. Gordon asumió la responsabilidad de pagar cualquier prima, en caso de participar en el desarrollo de Watchmen con cualquier estudio o permitir que se produjera por otra persona.

En estos momentos, Fox afirma que nadie, Gordon o Warner Bros., ha realizado pago alguno cuando la especificación del contrato es tal.

Después, el 31 de agosto, Fox hizo pública su demanda, argumentando que no se puede llevar a cabo el estreno de la cinta el 6 de marzo del 2009, debido a que deben restituirse sus derechos.

No obstante, pese a que el caso ya se emplazó para la corte, hay atenuantes a favor de Warner: aunque resulta bastante simpático, el caso comenzará el 6 de enero, apenas días despúes de las fiestas de año nuevo, en apariencia porque el juez Gary Allen Feess ¡también es admirador de la novela! No es seguro, pero a él se debe que se programara dicha fecha, para sorpresa de todos.

Según la declaración del juez ante los medios, quiere que el caso se concluya rápido, pero dejó el resto del año para la preparación de evidencias de ambas partes. Sin embargo, este tipo de maniobras no es común, ya que de las ocasiones en que se ha presentado, sirve como recurso para boicotear una cinta, dejando paso libre a la compañía demandante.

El 3 de septiembre se dieron a conocer estos pormenores y, de entre las distintas comunidades en internet siguiendo la evolución de la cinta hasta su estreno oficial, muchos se alegraron, pero falta saber cómo concluirá el caso.

Pero, ¿cuál es la importancia de Watchmen, visto en retrospectiva? Este título es para el comic lo que el Ciudadano Kane (Citizen Kane, Orson Welles, 1941) representa para la cinematografía universal. Sirvió para sentar las bases de casi toda temática de los siguientes 22 años, a partir de la publicación del primer ejemplar en septiembre de 1986 y el cierre de la serie en agosto de 1987.

Portadas de los doce ejemplares originales

Oscuro, nihilista, controvertido, excéntrico, el argumento aborda un cuestionamiento tradicional que, indirectamente, dio origen a las vertientes separando esta expresión industrial de movimientos alternativos, regionales y underground: ¿qué pasaría si los superhéroes fuesen conscientes de su lugar en la sociedad, no sólo como entidades representando la lucha entre el bien y el mal, sino seres cuya noción de la realidad oscilara entre la más pura humanidad, totalmente falible, además del poder absoluto, por completo corrupto?

Quién es quién...

La noción general de lo que representa un comic suele ser sinónimo de superpoderes, héroes y villanos incluidos, cuando en realidad el término abarca toda expresión que amalgame por un lado gráficos mientras en el otro texto, delineados por las convenciones de un lenguaje en constante evolución.

Definición de comic, según Scott McCloud, en "Understanding Comics"

En la práctica, el cómic de superhéroes tiende a ser la expresión opuesta de todo eso; la más cuadrada, vieja, decadente de todas las posibilidades que el medio puede plantear. Sirve muy bien como cliché, al mismo tiempo que pretexto, pero depositar todo el rigor del relato en este recurso como único elemento, ya no es la opción privilegiada. Cuando es propositivo basado en esta temática (Wanted, Mark Millar; The Boys, Garth Ennis…) el resultado es una provocación directa a las convenciones que lo definen, pero todas deben algo a Watchmen.

Los antecesores de Watchmen

Versión reciente

Versión reciente

Lo interesante es que Alan Moore detectó prácticamente todas sus debilidades como género, para convertirlas no sólo en fortalezas sino fuerza motriz de la narración.

El comienzo de la historia es muy semejante a numerosas entregas en las que —tratándose aquí de Rorschach— Batman inicia una investigación para dar con el responsable de un crimen; de una forma u otra, recorre a todos los candidatos involucrados en la cuestión. Salvo contadas historias, superhéroes y supervillanos incluidos. En forma bastante clásica, se apega al esquema de Agatha Christie: el detective sale de cacería, con los culpables potenciales a la cabeza. Luego, desarrollo y resolución del caso se conforman poco a poco. El problema de raíz es que quien efectúa la pesquisa es un paranoico hecho y derecho; el método con que se plantea resolver el conflicto no es menos enfermo.

Rorschach

En primer lugar, opera en la marginalidad. Tras un edicto gubernamental llamado Acto Keene, todas las actividades relacionadas con vigilantes se consideran ilegales y motivo de provocación al orden establecido. Por esa razón, todos los que alguna vez fueron superhéroes se encuentran en el retiro o caidos en desgracia.

El recuento de los daños

El recuento de los daños

Rorschach intuye que algo está mal; pero la gran ironía es que hostigando, mediante tortura, provocando, tan sólo repite aquello que ha hecho durante años, cuando en realidad sabe que es de mayor proporción que la simple confrontación física.

Búho nocturno (Nite Owl)

Búho nocturno (Nite Owl)

Llegado a cierto punto, tras conocer la galería de personajes que conforman el relato, hay dos quienes representan facetas conocidas: el inventor Nite Owl (Búho nocturno), quien también combatió el crimen con aparatos y disfraces, todos diseñados de acuerdo con el ave de presa y Ozimandias, genio superdotado y multimillonario, reconocido como el hombre más brillante sobre la Tierra.

Ozimandias

Moore pone en personajes diferentes lo que generalmente recayó en Batman como un todo y, dependiendo del escritor de la historia, en lo que se puso más relieve de una u otra característica: detective, inventor o genio millonario.

El peso de esa decisión radica en que se ahonda en la estructura de cada personalidad según tales atributos: uno torturado por la necesidad de encontrar una razón a los problemas del mundo, buscando culpables entre ladrones y homicidas; otro, deprimido porque sin el pretexto para salir por las noches a divertirse con juguetitos, se descubre ridículo siempre quejándose por haber aumentado de peso, rumiando glorias pasadas; por último, el genio, pudriéndose en dinero, ocultando todo cuanto tiene que ver con él, pero en realidad rodeado de esquemas de alcance global. No obstante, la investigación corre a cargo del paranoico.

Dr. Manhattan

Luego, el Dr. Manhattan, antes de experimentar su transformación, fue desde niño una persona acostumbrada a que decidieran por él; incluso su nombre es resultado de la decisión de una compañía de relaciones públicas. La criatura más poderosa del mundo, sin el recurso necesario para elevarse definitivamente por encima de todo: libre albedrío. Desde entonces, dada su capacidad, desprendimiento e interés tienen que ver con todo menos emociones elementales.

Silk Spectre (Espectro de seda), hija de una superheroína madre soltera, es empujada a continuar su carrera sin estar a gusto con la idea de prolongar una decisión ajena, hasta que encuentra al sustituto de un padre todopoderoso, a quien quiere y consigue como pareja: el Dr. Manhattan.

El encuentro

Moore elaboró personalidades que lejos de ser el equivalente de las “ Historias de origen”, es decir, relatos en los que se explicaba el nacimiento del superhéroe y la razón de sus poderes, se ven sus defectos personales como la razón principal para haber elegido semejante actividad.

Con tal clase de vigilantes, en lugar de percibir la naturaleza maniqueísta del bien y el mal, se dio una reflexión de lo humano en contexto límite, ya no por las peleas libradas, sino conflictos personales con que debían mantenerse en pie. Por si esto fuera poco, su entorno dista de ser placentero.

¿Quién vigila a los Watchmen? ¡Alan Moore!

Posted in Alan Moore, Alan Moore, Autores, Ciencia Ficción, Cine, Comics, Historia, Watchmen, Zack Snyder with tags , , , , , , , on agosto 30, 2008 by deepfocusmagazine

El 17 de Julio de este año, una noticia llenó páginas y páginas de medios especializados tanto en comics como cinematografía, ya que con la exhibición del trailer oficial, seguidores, especialistas, aficionados y nuevas generaciones de amantes del comic podrían acceder a la versión cinematográfica de la leyenda que transformó los años 80 y todos los comics subsecuentes: Watchmen, dirigida por Zack Snyder, también realizador de 300.

Único en su especie, Watchmen planteó la visión de una Tierra donde superhéroes y supervillanos existían, pero en calidad de marginados con licencias y aspiraciones de poder socialmente admitidos, hasta la aparición de una criatura llamada “Dr Manhattan”, cuyas habilidades bien podían compararse con las de un dios.

El nacimiento del Dr. Manhattan en la Cámara de Campo Intrínseco

Versión cinematográfica del accidente

Versión cinematográfica del accidente

Nacido por error y de origen estadunidense, el gobierno deposita en el Dr. Manhattan todo equilibrio político, manejándolo como arma de exterminio total, para mantener a raya cualquier país que no concordase con sus políticas.

Dr. Manhattan interviniendo en Corea

Dr. Manhattan interviniendo en Corea

Versión cinematográfica

Versión cinematográfica

A partir de entonces, todos los llamados vigilantes pasan a segundo plano y reciben un ultimatum de opción múltiple: renunciar en forma definitiva a sus actividades ilegales, suscribirse al nuevo programa designado por el gobierno de Estados Unidos o permanecer bajo la mira, en espera de ser capturados.

El homicidio de "El Comediante"

El homicidio de

Versión cinemtográfica del homicidio

Versión cinematográfica del homicidio

La historia da comienzo cuando uno de los adheridos al nuevo esquema, “El comediante”, aparece muerto en la banqueta, a varios pisos de distancia de su penthouse. Nadie le da importancia ni siquiera el gobierno, excepto “Rorschach”, vigilante proscrito por la justicia, determinado a resolver la muerte de “El comediante”.

Rorschach rondando los barrios bajos

Rorschach rondando los barrios bajos

Versión cinematográfica

Versión cinematográfica

La naturaleza de este comic, a diferencia de muchos otros de aquél entonces, depositó su impacto menos en la extravagancia, poses anatómicas rebuscadas y artificios visuales, que en la consistencia y originalidad de su narración, así como los recursos con que resolvió el planteamiento de su propio relato. Por un lado, el punto de partida mostrado con el “Comediante” —en realidad un mercenario acostumbrado al uso de la fuerza bruta, además de una visión amoral del mundo—, es el hilo conductor para todos los personajes, quienes lo recuerdan como el único de una generación de superhéroes, carente de la necedad e ingenuidad propia de los héroes disfrazados, mismos a los que rebajó a la calidad de bufones, para después rebasarlos en expectativas y propósito social.

En forma bastante poética, el deceso de este personaje, a lo largo de toda la narración aparece como “La muerte de la inocencia”, pues conforme se desarrolla el argumento, el suspenso de la resolución desciende hacia un clima político terrorífico, en el que predominan brotes de violencia civil, agresión intrafamiliar, acoso de los medios, etcétera.

Control civil

Control civil

Nueva versión

Nueva versión

En la actualidad, parte del entusiasmo por esta adaptación se ve reflejado sólo en la semejanza de las imágenes originales, contrastadas con la versión cinematográfica, en calidad de un buen indicio a propósito de la fidelidad respecto a la fuente que las inspira.

Como se aprecia, no es tanto una novelita gráfica como las que se estilaban por aquellos días y, en buena medida, este carácter revolucionario propio de los grandes trabajos, es la razón porque muchos aficionados de corazón al comic ya empiezan a preguntarse, ¿en realidad será tan fiel? ¿Conservará ese espíritu revolucionario que le define? No se sabe.

Hasta la intervención de Jack Snyder, Watchmen se consideró otra obra cercana a lo inadaptable. Reto parecido al que enfrentó Peter Jackson con “El señor de los anillos” y ya se conoce el resultado.

Pese al entusiasmo de los productores, Alan Moore, autor de este hito en el comic, define así el trabajo emprendido con Watchmen:

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