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3D: entre la tentación victoriana y el medievo I

Posted in Artes, Autores, Ciencia, Ciencia Ficción, Cine, Escultura, Fotografía, Literatura with tags , , , , , , , , , , , on marzo 24, 2012 by deepfocusmagazine

El patrimonio velado

Es 1927 y Aldous Huxley está sentado en una sala de cine. Frente a él se proyecta una película de la que se dice constituye un hito en la historia del séptimo arte: El cantante de Jazz (The Jazz Singer). Mientras el público se deleita, el autor británico siente poco menos que horror ante Al Jolson maquillado y cantando, pero su perturbación se debe a la expectativa que se cierne para el futuro próximo.

En 1929 Huxley publica El silencio es dorado (Silence is Golden), ensayo en el que aborda la profanación del cine al romper su propio mutismo, pero la reacción visceral del autor se debe al miedo que despierta en él la posibilidad de una expresión con la capacidad de abordar las sensaciones humanas, hasta el punto de darles forma y hacer de ellas el resultado de una intervención industrial, ahora amplificada por el sonido, dado su potencial para sugerir en lo político y modificar lo cultural. Tres años después, aparecerá Un mundo feliz (Brave New World, 1932).

En ella, Huxley dedica un pasaje completo a la existencia de un espectáculo basado en el principio del sensorama, cuya razón de ser consiste en producciones diseñadas para que los asistentes al evento experimenten una forma de entretenimiento que se extiende a todos los sentidos (olfato, gusto, tacto, vista, oído), pero una vez concluido y ya sin el estímulo artificial, los espectadores vuelven a un estado de indolencia que es el común de sus vidas cotidianas, excepto por la asistencia a esa variante de un “cine total”.

Aunque Un mundo feliz es una de las críticas más agudas hacia el principio de desarrollo y modernidad inscrito en las sociedades civilizadas, Huxley se traicionó con una referencia vaga, prácticamente inadvertida, de la que no habló ni dio indicios pero quedan rastros en la historia y está ligada con la experiencia familiar, ya que mientras el autor es uno de los literatos más connotados de su tiempo, en su genealogía destaca un grupo de Huxley compuesto por diplomáticos, académicos, militares y un científico cuyas relaciones con los avances de su tiempo fueron el patrimonio de su parentesco: Thomas Henry Huxley.

Por una vista diferenciada

Durante el debate en torno a la posibilidad de que Charles Darwin tuviera razón o no, al menos en Inglaterra se planteó la pertinencia de sus postulados en contraste con los de Thomas Henry Huxley, quien coincidió con más de una de las teorías de Darwin, cuando no fue un ardiente defensor de sus hallazgos, dada la confianza que había entre ambos, incluido que Thomas fue uno de los primeros en conocer El origen de las especies antes de su publicación.

Pese a que Thomas Henry no goza en la actualidad del prestigio histórico que le corresponde a Darwin, sí se sabe que gracias al ancestro de Aldous prevalece un aura de respeto y rigor hacia la ciencia que no se ve invadido ni afectado por intervenciones religiosas, militares, políticas ni monárquicas, ya que fue uno de los principales promotores de la independencia del pensamiento científico en Gran Bretaña, porque contribuyó a la fundación del Club X.

Así, en el círculo de colegas de Thomas figuró un investigador versátil con quien comparte tanto avidez como audacia, casi en igual medida que originalidad, ya que Charles Wheatstone —además de diseñar un método de telegrafía para la transmisión de mensajes mediante impulsos eléctricos— se interesó en la percepción visual diferenciada, propia de los depredadores y aquellos seres vivos cuyos ojos están en la parte frontal del cráneo y abarcan un área limitada, pero les aportan información que otras criaturas desconocen.

Fue en 1838 cuando Wheatstone reveló la capacidad del cerebro para construir imágenes tridimensionales a partir del registro de una misma captura visual desde dos ángulos distintos, emplazada de tal forma que frente a los dos globos oculares, diferenciada y en un ángulo preciso, es posible una imagen tridimensional a la que bautizó estereoscópica; con ella Wheatstone inauguró el apetito por una forma de experiencia que rebasara las limitaciones perceptuales.

Tras numerosos fracasos, diferentes dispositivos y la realidad de la presbicia (defecto congénito que aparta los ojos de un mismo eje, por el que la simple exposición a una imagen de esas características no solo se vuelve complicada, también un genuino dolor de cabeza debido al esfuerzo prolongado del cerebro para compensar la anomalía visual), el éxito de la iniciativa siempre ha sido de escasa duración y ligado a la fama momentánea del aparato con que se populariza una variante, para después caer en el olvido.

Un fortuito pero ineludible “depredador”

Sin embargo, la conjugación que alcanzara la tecnología hasta lograr un espectáculo total, por completo absorbente y en gobierno de la percepción humana, en realidad escondía el recuerdo anecdótico de Wheatstone cuyo desarrollo en la fotografía de ese entonces, de un modo u otro sí concibió Aldous Huxley en una extrapolación compleja, a la que añadió el resto de los sentidos.

Su temor apuntaba hacia la gradual anulación de un albedrío capaz de elegir solo aquello producido para una evasión sin más, indolente e indiferente, contrario a la supervisión totalitaria de un Gran Hermano enfocado en el control ideológico, ya que para Huxley ese terreno donde la sumisión protagonizaba cuanto había del hombre en calidad de despojo, era resultado de la inercia tecnológica.

Paradójicamente, el autor predijo la necesidad de una imagen cuyo volumen bien podía traspasar la limitación bidimensional y muy a su pesar, instaló las precauciones —no del futuro holograma que crearía Dennis Gabor— ante la interacción con un objeto intangible, cuya relación observador/usuario bien podría modificar la experiencia de quien se pusiera en contacto con él.

Pero ese temor, además de precautorio, era el vivo reflejo de una sociedad victoriana no solo capaz de elucubrar un posible futuro, sino de proyectar las condiciones en que la realidad de la imagen era vivida, sin que hubiese en el proceso lo ensayado por Da Vinci desde la Edad Media, la anamorfosis: juego e interacción de un espectador con una producción visual.

En otras palabras, pese a una relación preestablecida y medianamente delineada del objeto con que habrá de establecerse contacto, la imagen está sujeta a recreación. Pero el propio espíritu a cargo del juego, para el victoriano era motivo de perspicacia.

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El extraño caso del libro promovido

Posted in Artes, Autores, Cine, Comics, Literatura with tags , , , , , , , , , , on febrero 18, 2012 by deepfocusmagazine

En 2005, entre las series populares de la casa editorial Marvel, se publicó la miniserie Marvel Zombies, una extraña aventura en torno al resultado de 4 fantásticos que entraban en contacto con su versión alternativa de otra dimensión, salvo porque una vez formalizado el encuentro, los héroes del mundo paralelo en realidad eran los despojos de una forma de contaminación que había convertido a todos los superhéroes en zombies, quienes a su vez habían devorado a todos los humanos normales, hasta que ya solos y sin más recursos con que sostenerse, deciden intentar nuevos medios para seguir devorando seres vivos.

A partir de entonces, durante dos años se presentó una suerte de boom editorial que propició la aparición de títulos con una temática similar en diferentes casas de cómic. Al cabo de unos meses, ante la millonaria recaudación, esa iniciativa se materializó en un descubrimiento cultural del que no se tenía conciencia: los zombies son para los estadounidenses el equivalente de Godzilla para los japoneses, en apariencia porque el interés enmascara la paranoia ante la explosión de las torres gemelas en Estados Unidos. La potencial amenaza de un zombie no es otra cosa que la metáfora del miedo ante un golpe terrorista siempre latente.

Pero lejos de limitarse al espacio del cómic, el número de ficciones que en 2009 trataron el tema alcanzó 15 títulos y la atención de Publishers Weekly, que dedicó un artículo a la rara emergencia de semejante racha de creadores enfocados en el tema, ya que mientras La noche de los muertos vivientes (Night of the Living Dead, George A. Romero, 1968) inauguró la referencia definitiva con que se instalaría el género en la cultura popular, antes de cierta fecha no se había presentado una variante a cargo de asimilar relatos originales para variar su argumento de tal forma, que la expectativa original quedase modificada por la licencia inscrita en el nuevo argumento. En ese mismo texto se mencionó el best-seller responsable de la inserción del fenómeno en la narrativa de ficción: Pride & Prejudice & Zombies (Orgullo, prejuicio y zombies).

Interpretación libérrima del original de Jane Austen, el libro nació por sugerencia de Jason Rekulak, quien se comunicó con Seth Grahame-Smith para darle el título, cuya mención bastó para que el autor tomase todos los elementos de la novela, de la que retiró la atmósfera de ominosidad pre victoriana para volverla explícitamente sobrenatural.

Por diversas razones, pese a que el trabajo experimentó una de las golpizas más severas en la historia de la crítica literaria, su fama se elevó a la estatura de un evento sin precedentes en la literatura de clásicos populares. Además, Rekulak se las ingenió para hacer del libro un fenómeno masivo de la cultura contemporánea valiéndose de todos los recursos a su alcance, incluido uno que se empleó para editoriales independientes, a propósito de la promoción de ediciones especiales de cómics, mediante el estímulo de animadores para consolidar la promoción de una publicación: el cortometraje publicitario.

Tal es el caso de esta secuela de Pride…, en cuyos avances se aprecia buena parte del tono burdo y desenfadado de Quirk Books:

Pero en lugar de concluir allí, ahora resulta que en su catálogo figuran Android Karenina (según el clásico de Tolstoi),

la Meowmorphosis (a partir de Kafka),

así como otra variante de Jane Austen, Sensatez, sentimientos y monstruos marinos.

Así las cosas, lo que se consideraría una franca arbitrariedad rayana en lo absurdo, hoy aparece como “Literatura remix”, todo un ejercicio de actualización que se ha apropiado de la “inmovilidad” de los clásicos para jugar con ellos indistintamente, pero en lugar de violentar el aprecio de un hipotético público, se ha convertido en un genuino éxito.

Quizás se consideraría un acierto de Rekulak, pero lo que comenzó con zombies empieza a tener matices que ya no se quedan en una muestra aislada. Seth Grahame-Smith continuó trabajando a partir de la premisa inicial y su segundo trabajo Abraham Lincoln: Vampire Hunter ha cobrado vida propia.

Publicado apenas el año pasado, le bastó aparecer en librerías para que los derechos del libro se volvieran material cinematográfico a cargo de Timur Bekmambetov, realizador de Night Watch y Day Watch de Sergey Lukianenko, además de Wanted, de Mark Millar.

Si acaso hay alguna duda, que el avance hable por sí mismo, pero, ¿quién hubiera pensado que una extravagancia como los zombies llegaría  tan lejos?

Hambre e imaginación multidisciplinarias

Posted in Animación, Arte Contemporáneo, Artes, Autores, Literatura on julio 21, 2009 by deepfocusmagazine

Recientemente se ha presentado un fenómeno que durante los años 80 tuvo una especie de manifestación, pero no alcanzó a consolidarse del todo: promoción de libros mediante comerciales televisados.

Aun cuando las empresas editoriales han conseguido acceder, por vía de generosos recursos, a la producción y difusión de sus productos mediante dicho canal, la gran mayoría de las veces resultó contraproducente, pues no hay reciprocidad por parte del comprador, quien al ver televisión y ser consumidor cautivo del medio, difícilmente mostraría interés en la literatura. Así, la iniciativa se abandonó, cuando no fue puesta en movimiento para propuestas marginales o proyectos de envergadura colosal.

Sin embargo, ahora se está presentando un nuevo fenómeno emergente la mar interesante, que retoma tal iniciativa y hasta la refina con elegancia.

Sharp Teeth, de Toby Barlow, es una novela relativamente nueva, para cuya promoción se recurrió al animador Eun-Ha Paek, quien creó un corto apócrifo: Hunger Like the Wolf.

Aquí, la intención es que la protéica animación, casi siempre vista como una expresión infantil, además de madura, sirve de apoyo para evocar los momentos relevantes de un contenido literario, que bien puede ser visto como inspiración/admiración para poner en movimiento el consumo e interés de un trabajo igualmente provocador.

No se trata ya de la clásica animación rogando por un estudio, presupuesto ni la premisa de un guión impecable, consiste en la más pura apelación a la animación como arte para redondear un concepto y aumentar el acceso de un libro.

En una línea semejante, aunque con más parentesco por semejanza de origen, Art Spiegelman, mitológico creador de Maus (una de las novelas gráficas más importantes del Siglo XX), presentó Be a Nose,  recopilación de sus bocetos, salvo porque la presentación fue acompañada con el promocional que sigue.

Ya en estas, la desesperación del mercado editorial podría haber descubierto toda una nueva veta de trabajo apenas explorada, no menos propositiva que la creación y promoción multidisciplinaria, a través de la animación, haciendo el paralelo de lo que en algún momento fue la obra gráfica de diversos así como reconocidos artistas, ilustrando publicaciones periódicas.

J. G. Ballard, descanse en paz, revolucionario y gran provocador

Posted in Autores, Ciencia Ficción, Literatura with tags , , , on abril 19, 2009 by deepfocusmagazine

J. G. Ballard murió hoy, 19 de abril, a los 78 años. Aunque fue el célebre creador de Crash, cuya adaptación por David Cronenberg dio de qué hablar durante años y hasta la fecha se mantiene como una de las películas más controvertidas del cineasta, también es cierto que de entre su abundante obra, Ballard escribió muchos cuentos y novelas redondamente malos y hasta fastidiosos.

No obstante, Ballard es de los pocos nombres que lograron elevar a la ciencia ficción del estatuto de literatura de evasión, sin compromiso y exclusivo entretenimiento, hacia el nivel de la reflexión y análisis que ahora maneja con holgura. Vaya, entre Ballard y Michael Moorcock se gestó el nacimiento de toda una escuela que hasta la fecha es responsable de lo que se entiende por ciencia ficción.

Probablemente no se haya dado otro visionario tan lúcido como él, si se considera que fue el único autor de su tiempo en haber predicho el ascenso de Ronald Reagan a la silla presidencial.

Pero es entonces cuando un lector medianamente interesado en la temática se preguntará, ¿qué generación? ¿Qué época? ¿Hubo algún tipo de ciencia ficción, con su antes y después?

Sí, sí lo hubo. Fue la generación del New Wave en la ciencia ficción, cuya longitud abarca los años de posguerra hasta finales de los años 70, para luego dar nacimiento a los creadores del movimiento cyberpunk.

La lista de creadores de ese entonces es kilométrica. Pero ya se antoja empezar a darle un espacio a estos prodigiosos monstruos que transformaron la literatura en aquél entonces y, pese a que ya están pegándole a una antigüedad de 50 años, siguen adaptándose tanto a cine como televisión, como si se tratase de las ideas más jóvenes y frescas que haya concebido nadie.

Baste decir por el momento, tan sólo para señalar la importancia del New Wave, Philip K. Dick figura entre los más relevantes de aquella época.

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