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El extraño caso del libro promovido

Posted in Artes, Autores, Cine, Comics, Literatura with tags , , , , , , , , , , on febrero 18, 2012 by deepfocusmagazine

En 2005, entre las series populares de la casa editorial Marvel, se publicó la miniserie Marvel Zombies, una extraña aventura en torno al resultado de 4 fantásticos que entraban en contacto con su versión alternativa de otra dimensión, salvo porque una vez formalizado el encuentro, los héroes del mundo paralelo en realidad eran los despojos de una forma de contaminación que había convertido a todos los superhéroes en zombies, quienes a su vez habían devorado a todos los humanos normales, hasta que ya solos y sin más recursos con que sostenerse, deciden intentar nuevos medios para seguir devorando seres vivos.

A partir de entonces, durante dos años se presentó una suerte de boom editorial que propició la aparición de títulos con una temática similar en diferentes casas de cómic. Al cabo de unos meses, ante la millonaria recaudación, esa iniciativa se materializó en un descubrimiento cultural del que no se tenía conciencia: los zombies son para los estadounidenses el equivalente de Godzilla para los japoneses, en apariencia porque el interés enmascara la paranoia ante la explosión de las torres gemelas en Estados Unidos. La potencial amenaza de un zombie no es otra cosa que la metáfora del miedo ante un golpe terrorista siempre latente.

Pero lejos de limitarse al espacio del cómic, el número de ficciones que en 2009 trataron el tema alcanzó 15 títulos y la atención de Publishers Weekly, que dedicó un artículo a la rara emergencia de semejante racha de creadores enfocados en el tema, ya que mientras La noche de los muertos vivientes (Night of the Living Dead, George A. Romero, 1968) inauguró la referencia definitiva con que se instalaría el género en la cultura popular, antes de cierta fecha no se había presentado una variante a cargo de asimilar relatos originales para variar su argumento de tal forma, que la expectativa original quedase modificada por la licencia inscrita en el nuevo argumento. En ese mismo texto se mencionó el best-seller responsable de la inserción del fenómeno en la narrativa de ficción: Pride & Prejudice & Zombies (Orgullo, prejuicio y zombies).

Interpretación libérrima del original de Jane Austen, el libro nació por sugerencia de Jason Rekulak, quien se comunicó con Seth Grahame-Smith para darle el título, cuya mención bastó para que el autor tomase todos los elementos de la novela, de la que retiró la atmósfera de ominosidad pre victoriana para volverla explícitamente sobrenatural.

Por diversas razones, pese a que el trabajo experimentó una de las golpizas más severas en la historia de la crítica literaria, su fama se elevó a la estatura de un evento sin precedentes en la literatura de clásicos populares. Además, Rekulak se las ingenió para hacer del libro un fenómeno masivo de la cultura contemporánea valiéndose de todos los recursos a su alcance, incluido uno que se empleó para editoriales independientes, a propósito de la promoción de ediciones especiales de cómics, mediante el estímulo de animadores para consolidar la promoción de una publicación: el cortometraje publicitario.

Tal es el caso de esta secuela de Pride…, en cuyos avances se aprecia buena parte del tono burdo y desenfadado de Quirk Books:

Pero en lugar de concluir allí, ahora resulta que en su catálogo figuran Android Karenina (según el clásico de Tolstoi),

la Meowmorphosis (a partir de Kafka),

así como otra variante de Jane Austen, Sensatez, sentimientos y monstruos marinos.

Así las cosas, lo que se consideraría una franca arbitrariedad rayana en lo absurdo, hoy aparece como “Literatura remix”, todo un ejercicio de actualización que se ha apropiado de la “inmovilidad” de los clásicos para jugar con ellos indistintamente, pero en lugar de violentar el aprecio de un hipotético público, se ha convertido en un genuino éxito.

Quizás se consideraría un acierto de Rekulak, pero lo que comenzó con zombies empieza a tener matices que ya no se quedan en una muestra aislada. Seth Grahame-Smith continuó trabajando a partir de la premisa inicial y su segundo trabajo Abraham Lincoln: Vampire Hunter ha cobrado vida propia.

Publicado apenas el año pasado, le bastó aparecer en librerías para que los derechos del libro se volvieran material cinematográfico a cargo de Timur Bekmambetov, realizador de Night Watch y Day Watch de Sergey Lukianenko, además de Wanted, de Mark Millar.

Si acaso hay alguna duda, que el avance hable por sí mismo, pero, ¿quién hubiera pensado que una extravagancia como los zombies llegaría  tan lejos?

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All Star Superman, un renacimiento más para el hombre de acero

Posted in Animación, Arte Contemporáneo, Autores, Cine, Comics with tags , , , , , on marzo 4, 2011 by deepfocusmagazine


Leo Quintum, un filántropo cuyo genio y talento para las ciencias son similares a los de Lex Luthor, emprende un viaje de exploración en una nave equipada para lo que será el primer viaje humano hacia el sol. Ya en las capas superiores de la estrella, uno de los miembros de la tripulación se revela como clon sembrado por Luthor para sabotear la misión, además diseñado para estallar tan pronto se encuentren cerca de la superficie.

Justo entonces aparece Superman para salvar el día, pero cuando rescata la nave tanto Quintum como Superman descubren que la exposición prolongada al sol, además del contacto con el clon, desarrollan en el héroe una nueva habilidad: la capacidad para extender su «aura bioeléctrica», que le permite recuperar a los viajeros pero altera su fisiología hasta el punto de corromper su estructura genética en forma irreversible, desarrollando en él un equivalente a la metástasis de un cáncer.

A partir de ese momento Superman inicia una carrera contra el tiempo para realizar tantas empresas como estén al alcance de su mano, ante la amenaza de una muerte inminente que progresa poco a poco.

Superman viaja al sol (All Star Superman, Sam Liu), pese a ser el décimo título de una serie de largometrajes producidos por DC específicamente para su salida en DVD –en una iniciativa similar a la producción de OVAs japoneses–, es el primero que hace una adaptación fiel de un trabajo publicado por la empresa de cómics a partir de la creación de Grant Morrison, uno de los autores más innovadores y complejos de quien se tiene noticia en la industria del cómic contemporáneo.

Aunque ya se había intentado la adaptación de JLA: Earth 2 con Liga de la justicia: Crisis en dos Tierras (Justice League: Crisis on Two Earths, Lauren Montgomery, 2010), del mismo creador, esta adaptación se tomó más libertades que con su ya célebre All Star Superman, por lo que se considera un primer intento ni siquiera bien logrado.

Pese al lanzamiento oficial de la cinta el 22 de febrero del año en curso, en el breve plazo de unos días All Star Superman se ha convertido en una sensación para la prensa, ya sea que se hable de especialistas en cómic, cine o animación, en todos los casos la reacción es la misma: probablemente se trata de la segunda mejor realización llevada a la pantalla desde el Superman de Richard Donner en 1978; pero en todos los casos la conclusión es idéntica, ¿de qué otra forma podía ser, si se respetó casi en su totalidad el argumento original de Morrison?

Un ensayo personal


En 2005, ya con buena parte de su fama bien ganada gracias a The Invisibles, Grant Morrison volteó hacia la reconstrucción de algunos superhéroes –como hizo al comienzo de su carrera con Animal Man y Doom Patrol, previos incluso a The Invisibles–, pero a sabiendas de que el resultado sería más bien atípico y en muchos sentidos ecléctico, DC Comics le soltó las riendas al escritor inglés y dejó en sus manos un caprichito que a la fecha es una de las pequeñas obras maestras del autor en el contexto de la producción industrial: reconstruyó a Superman.

Cuando apareció All Star Superman, desde el primer ejemplar quedó clara la postura de Morrison en torno a su percepción del personaje y qué haría con él, ya que si parte del mito en torno al hombre de acero apunta hacia su ilimitada capacidad para enfrentar obstáculos, en el caso concreto de su tratamiento sondea cómo afrontar la presencia de una muerte garantizada y conforme progresan sus tareas, se vuelve gradualmente vulnerable pese al contradictorio incremento de su poder.

Famoso por su habilidad para deconstruir los elementos internos de las mitologías que componen a los diferentes personajes del universo del cómic para atribuirles nuevos rasgos desde una lectura integral, Morrison advirtió que su trabajo estaría desvinculado de la continuidad canónica de las títulos a la venta para el público tradicional. All Star Superman sería un trabajo aparte con una duración y límites predefinidos.

Así, este Superman confrontaría en el mencionado duelo con su propia vida, doce tareas como las de Hércules, previas al anuncio formal de su muerte. El rescate de la nave; la creación de una pócima capaz de otorgar por 24 horas un duplicado de sus poderes; la derrota de una esfinge del futuro mediante la respuesta de un acertijo sin solución para salvar la vida de Luisa Lane…

La elección de un tono

Allá por 1986, justo cuando se había llegado a la conclusión de que la figura de Superman era un absurdo insufrible, se consideró buena idea delegar a un autor recién integrado –pero célebre por sus tratamientos– el reinicio de la mitología del superhéroe, no sin antes darle un buen y certero fin para comenzar desde cero. Por esas fechas se comisionó el trabajo a Alan Moore para que se hiciera cargo del título ¿Qué pasó con el hombre del mañana? (Whatever Happened to the Man of Tomorrow?), también considerando la posible y eventual muerte de Superman en condiciones –además de complicadas– poco favorables para el personaje.


Aunque en ese trabajo predominaba un tono con privilegios para el naïve del icono que por ese entonces fue Superman, en medio de una época en que la cultura pop había roto el cascarón para transformarse en el primer y más nihilista dark del Siglo XX, en él operaba una especie de efecto de erosión por el que a falta de madurez de los creadores para evolucionar al ritmo de los tiempos predominantes, el superhéroe atestiguaba la descomposición gradual de su entorno, hasta el punto que su problemática consistía en determinar cómo hacerle frente a un conflicto general dirigido hacia su persona, que consistía en no dejarse rebasar por la abrupta e inesperada brutalidad de sus oponentes, quienes habían pasado en escalas de menos a más de enemigos simplones e idiotas a asesinos indolentes, hasta llegar a sus némesis mortales, convertidos en atrocidades de magnitud cósmica.

Fue un título magnífico para la época en la medida que hizo visible al peor y más implacable enemigo del cómic: su lector, ya que así como nutría su razón de ser, a la par de su existencia, había evolucionado para destruir de pies a cabeza las nociones sencillas de una visión maniquea sin más. Eran los años de una constante amenaza de guerra nuclear bajo el gobierno de Ronald Reagan, cuya traducción no tenía paralelo en la ingenuidad vacía de un trabajo sin elemental profundidad creativa.

A su vez, sería la primera de sucesivas muertes del personaje, que inauguraron un ciclo de reinicios cada 15 años, siempre bajo la expectativa de un renacimiento innovador, delegado sólo a los profesionales consagrados, apenas al calce para trabajar con el conato de semidiós que desde siempre ha tendido a ser Superman. Pero, si ya se había hecho, ¿en qué consistiría la modificación de Morrison?

¿Qué tal un Superman existencial?

Sí, es decir, un héroe que consciente de su mortalidad, decide crear un universo completo por sí mismo, donde vería la formación de una Tierra alternativa en la que no existe Superman, para con ello ganar paz y conciencia de que realmente no es indispensable. No solo eso, que desde su contemplación externa, atestigua el desarrollo de la noción de un superhombre bajo la pluma de un F. Nietzche, así como observa la creación de un Superman en calidad de personaje de ficción, pero nada más que eso. Ni por asomo una persona real.

Le hace saber a su enemigo mortal que el conjunto del universo, desde lo microscópico hasta lo invisible, es en realidad un conjunto de conexiones que unen todas las cosas y que, en lugar de un guardián del bien, el extraterrestre ha dedicado su existencia a custodiar ese equilibrio y allí donde hay disputa entre ellos, hace que desde la inteligencia de Luthor se percate de la estupidez de su enemistad, basada solo en las conclusiones miopes de la mente maestra.

Que el amor entre Luisa Lane y su ilusión de un salvador, por su carácter mesiánico, está más bien basado en la fantasía y, por ello, nunca imaginó desperdiciar años de su vida lejos del humano real que aprendió a conducir un tractor y venerar la Tierra donde lo educaron sus padres adoptivos. Ese Superman.

Pero dicho sin la cobertura de un argumento que reverbere sobre la estructura del personaje, es la realidad narrativa que imantó a miles de amantes del cómic y, de todos aquellos a quienes francamente la idea de leer un cómic con el personaje en realidad se antoja como invitación a la pereza, en este caso es el desperdicio de una buena lectura de un muy buen escritor.

Quizás el primer intento serio para una nueva posibilidad en términos de adaptaciones, relativamente libres de los cánones de argumentos simplones, Superman viaja al sol (All Star Superman) podría convertirse en la primera en una línea de adaptaciones de cómics para adultos y ojalá, la vanguardia de aquello que las producciones de Hollywood apenas conciben se puede realizar.

Gantz, esa lenta y perturbada parafernalia II

Posted in Autores, Cine, Comics with tags , , , on septiembre 13, 2010 by deepfocusmagazine

A estas alturas es evidente el rodeo para hacer referencias directas al desarrollo de Gantz más allá de lo ya dicho de la premisa inicial, pero se debe más a un contrato con el suspenso narrativo que otra cosa, porque como sucedió con la serie Lost, cada una de las entregas de la publicación, en lugar de amortiguar la duda, la amplían a partir de las implicaciones argumentales propuestas desde su comienzo. Pero el toque magistral de la serie se deriva del carácter expuesto a partir del séptimo y octavo tomos.

Quién sabe si en forma del todo explícita, como un descubrimiento a mitad del camino, simple azar, madurez repentina o qué cosa, pero el autor parece descubrió el potencial intrínseco de su historia y con el sadismo propio de un creador que se sabe dueño absoluto de su criatura, se atrevió a extender indefinidamente los recursos de su relato, no sin el compromiso de instalar premisas verosímiles para enriquecerlo.

Sucedió —haciendo un paralelo de origen también oriental— como en Chungking Express (Kar Wai, 94): de pronto, el autor decidió abandonar sin previo aviso la postura planteada con la narración, para desde allí dirigirse en otra dirección aun más compleja y elaborada que la premisa inicial. Incluso, confeccionada más allá de los límites que suelen trabajarse en el manga.

Justo cuando Gantz parecía enfilar hacia el entretenimiento onanista, cuando la mayoría de los títulos manga tienden a instalarse en el relajado cliché que involucra repetir hasta la náusea el leit motiv —casi una telenovela con poquísimas variaciones en cada una de sus entregas; expresión cultural con la inclinación a fuga esquizoide en la que a cambio de un establecimiento y desarrollo, el conjunto suele volverse irreal y espectacular conforme progresa el relato—, Hiroya hizo algo novedoso en el contexto del comic japonés: humanizó al protagonista Kei Kurono hasta volverlo del todo vulnerable.

Las simpatías iniciales con los personajes fueron despedazadas; no había pistas de hacia dónde seguiría el argumento, las amenazas pasaron de las contiendas programadas por los llamados inesperados de la esfera, a enfrentamientos en la vida cotidiana.

Solo, Kurono debía ingeniárselas para salir adelante y, para su propia sorpresa, descubrirse a sí mismo salvando la vida de otros seres humanos.

Allí, entre el tránsito del 2003-2004, ya se había programado una adaptación a anime, limitado a los confines de lo que suele contarse en series de televisión, con el desarrollo del manga antes de ese súbito giro de acontecimientos, pero Hiroya engrandeció el argumento a niveles que el equipo de producción no imaginó y decidió concluir la serie con un final completamente distinto a los esbozos de la publicación.

Por un lado hay quienes aseveran que todo se volvió hiperkinético e hipercaótico —cierto—, que todo parecía una carnicería sin razón de ser —también cierto—, con demasiados desnudos —ídem—, sangre, monstruos… Total y absolutamente cierto, sí, pero casi nadie habla del tono oscuro que permea Gantz, basado casi su totalidad en reacciones ante lo desconocido, a la vez que una especie de experimento formal muy ambicioso: internamente, desde que arrancó la serie, se da una evolución de las dimensiones argumentales, muy semejante a lo que se exploró en el comic norteamericano durante cinco décadas, pero condensado en un mismo título.

Es decir, una alianza inicial tipo Capitán América/Bucky, luego se transforma en El hombre araña, después en Los Vengadores y, ahora, ya en sus últimas etapas, en una guerra de escala cósmica en la que participa la galería de miembros del universo ya expuesto, también muy recurrida en el mundo del comic anglosajón. En cambio, mientras  se señalan sus biografías, en lugar de que estos personajes combatan enemigos ordinarios, lo hacen contra criaturas  de pesadilla.

GANTZ y la continuidad

Por allí de 2007, Dark Horse, una de las editoriales de comic alternativo más serias en Estados Unidos, decidió publicar Gantz ante la creciente popularidad del título entre foros, aficionados en Europa, indecisos en Estados Unidos y cautivados en Latinoamérica.

Mientras tanto, en Japón el título se ha consolidado hasta convertirse en el sueño dorado de un editor: 10 millones de ejemplares vendidos con la publicación del tomo 27, en pleno desarrollo de la etapa final del comic.

Pero tal y como reza la imagen, ahora falta esperar la llegada de una adaptación al cine programada para tener dos estrenos, en apariencia porque se siguió la mecánica de producción de Peter Jackson para El señor de los anillos.

Ya sea por la proximidad del estreno de la cinta o el interés en un relato enfocado en innovar y romper cánones, aquellos buscadores de una aventura por el placer de la aventura, GANTZ es garantía de ello.

A despecho de perenne felicidad…

Posted in Arte Contemporáneo, Comics, Fotografía with tags , , , , , on julio 7, 2009 by deepfocusmagazine

Es bien sabido que después de Shrek hubo una suerte de boom en todo lo relacionado con narraciones que reinterpretaron la naturaleza de los cuentos de hadas; dicha iniciativa dejó claro cuánto había envejecido el espíritu Disney respecto al entonces próximo cambio de siglo e inicio de un nuevo milenio.

Resultó más curioso ver toda clase de fauna derivada de fábulas, llevada hasta el extremo de las implicaciones morales y personalidad, en ausencia de una crisis dramática que rivalizara por contraste con preocupaciones contemporáneas.

Quizás el acierto más grande hasta la fecha en la realización de Shrek haya consistido en simplemente emprender la idea. Lo interesante es que el esfuerzo bastó para estimular nuevas aproximaciones personales a la misma temática.

En esa dirección, Dina Goldstein desarrolló una propuesta por igual divertida y lograda con la serie “Princesas caídas”, pues al tratarse de fotografía dirigida, se aprecia de inmediato el esfuerzo invertido para la realización de cada imagen.

Cenicienta

Blanca Nieves

Rapunzel

Jazmín

La bella durmiente

Caperucita Roja

Bella (de "La bella y la bestia")

Restan por tomarse dos imágenes para cerrar el concepto que planteó Goldstein, pero no termina allí.

La mecánica del cuento de hadas, además de encerrar buena parte de la educación narrativa de todo niño y estar anclado en la memoria de cada adulto, sirvió para arrancar un proyecto no menos descabellado en el terreno del comic, mismo que a la fecha goza de abierta simpatía entre lectores, autores y críticos, hasta el punto de haber desarrollado suficiente interés en el título para que de él se adapte una serie de televisión.

Aun si se queda en la mesa de negociaciones para jamás estar en la luz de un monitor, Fables merece una ligera revisión de los 85 números que hasta la fecha componen la serie, ya que traducidos en periodos de entrega de un comic, 12 números por año, la historia creada por Bill Willingham está cerca de alcanzar 8 años de producción ininterrumpida.

Los Watchmen de Zack Snyder: la gran decepción… IV y última

Posted in Alan Moore, Cine, Comics, Zack Snyder with tags , , , , , , , , on abril 12, 2009 by deepfocusmagazine

Es decir, mientras los personajes de Conrad se articulan como expresiones que parecen  llevadas por una fuerza sobrenatural cuya capacidad para el más elemental libre albedrío es baja, los de Alan Moore, meditan, sufren y son conscientes de sí mismos, sin caer del todo en una visión polar del universo. Desde ahí, toda una contradicción en el seno del comic, pues se trata de supuestas marionetas que luchan en una batalla por el bien contra el mal.

No obstante, no de detiene allí. Como el excelente artesano que es, les confecciona toda una personalidad, digna de ser memorable.

Esa cosita que tienes dentro…

Uno de los momentos más deficientes de la cinta, cuando se aprecia que dirección tendrá, es durante la entrevista con el psiquiatra.

En esta escena se ve de la niñez de Rorschach uno de sus primeros brotes explícitos de violencia. Sin embargo,  ampliamente matizado respecto al original, ya que pese a tratarse de un recuento personal, encubierto en mentiras durante una prueba proyectiva, el niño de la cinta es una verdadera bestia que disfruta su salvajismo, cuando en el comic no fue así.

Se entiende la génesis del personaje a partir de sus recuerdos, aunque no todos surgen a lo largo de una sola entrevista ni están encadenados unos a otros. De hecho, se trata de más de un encuentro entre el psiquiatra y Rorschach, quien al ser recluido en la cárcel, transita gradualmente de “interno incomprendido ante sus esfuerzos por la justicia”, hacia “psicópata maltrecho con aspiraciones de justiciero” ante los ojos del lector.

Vaya, la intención de este tratamiento, puesto que gracias a Rorschach el público se conduce a lo largo de la narración, es romper la empatía inicial entre un supuesto representante del orden y una razón bastante plausible para entender el funcionamiento de los llamados vigilantes, quienes ocultan tras sus intenciones de bondad la necesidad de restaurar externamente orden y equilibrio de los que carecen a nivel interno.

Es más, Moore, con lujo de cinismo y talento, critica simultánemente a más de un representante del orden y la normalidad: policía, instituciones médicas y los superhéroes.

La película se limita a cerrar todos los episodios entre Rorschach y el psiquiatra en una misma entrevista, apresurada, sin medias tintas ni profundidad.

Incluso, origen y razón de ser del personaje tienen un lugar aparte en la historia del comic.

Quién sabe si por consulta a fuentes especializadas o genio destilado en estado puro, pero la descripión que hace Rorschach en nueve cuadros acerca de cómo asumió su identidad es psicología pura.

Empieza en el rechazo a la figura materna, una prosituta arrepentida de haber omitido el aborto para que naciera Walter Kovacs, subrayado frente a él desde la niñez. La reaparición del objeto transicional que suelen ser aquellas piezas con que los niños juegan desde pequeños para manejar la separación de la madre; la ausencia de matices en el juicio, según un esquema psíquico rígido; carencia de representaciones que indiquen la existencia de una instancia de orden en la cual ampararse o que sirva como modelo, así como la fase del espejo apuntalada hacia el descubrimiento de la propia identidad, encubierta por todas las referencias maternas, mediante una licencia poética que cambia el horror de un Norman Bates, totalmente absorbido por la figura de su madre, en un Rorschach jugando al superhéroe.

Sencillamente, genial. Y no está en la película. Por si eso fuera poco, Moore se las arregla para que la, ya de por sí endeble, estructura psíquica de Kovacs dé luz al sabueso en que se convertirá, pero insertándole un quiebre psicótico definitivo.

Como notarán aquellos que asistieron a la proyección, hay más sangre y toques mórbidos respecto a los propuestos por el comic, francamente innecesarios.

El contraste entre la propuesta original y la cinta es de un grotesco barato e insufrible que no alcanza descripción.

Simplemente para ilustrar las dimensiones del ya mencionado quiebre, basta referirse a uno famoso en la vida real, recreado en la cinta Claroscuro ( Shine, Scott Hicks, 1996).

El término refiere aquél momento en que una estructura psíquica alcanza su límite y se desmorona, para dejar en su lugar a un individuo que a duras penas puede ser llamado sujeto social. Dependiendo de la naturaleza y rasgos de quien lo experimenta, consecuencias y manifestaciones varían como decir desde el Sol hasta Plutón.

Pero, a la vez, ya que el contexto es un examen y confrontación de toda suerte de inocencias, el psiquiatra, tras verse en una posición privilegiada, pasa a tercer plano, humillado y vulnerado por Rorschach, entre una serie de verdades que lo aplastan del todo.

De nueva cuenta, no está en la película. En su lugar queda otro grotesco en que Rorschach pide a gritos le devuelva su máscara. Irónicamente y para subrayar la ausencia —quién sabe ya si deliberada, de una sensibilidad a propósito de los procesos en juego—, esta interpretación del personaje, en lugar de mantener su independencia declarada, sigue supeditado al médico.

En la medida que al anglosajón promedio no se le da muy a menudo reflexionar acerca de la conciencia, pero sí recurrir a la farmacia para solucionar problemas, pasa lo mismo con Laurie, quien de ser una especie de adolescente histérica de más de 30 años, cuando descubre el origen de su historia personal por mérito propio, atravesando las mentiras y secretos de su madre, queda en pie una mujer dueña de sí misma, de su vida y hasta de su futuro.

En la película, no. No es capaz de eso, tiene que intervenir el Dr. Manhattan para que consiga ver su realidad personal. En el sentido más humanista de la expresión, la reduce a una verdadera imbécil y marioneta de todos cuantos la rodean. Jamás logra convertirse en el personaje que realmente es: el catalizador universal de la narración.

Ya aquí, realmente pesa ver tan perdida semejante obra.

Para matar un dragón, se necesita otro dragón

Si bien es cierta la importancia de Watchmen, así como las innovaciones narrativas de Alan Moore, ocurrió hace más de dos décadas. El tono de la obra es oscuro, pesimista y poco o nada esperanzador.

La sola empresa de proponer un ejercicio que pudo quedarse en mero capricho de estilo, para volverse piedra angular de las narraciones del comic, es un ejemplo prácticamente imposible de seguir.

El pasado es bueno que se quede allí; que sirva para construir y edificar, para crear referencias y transformar el futuro. Pero cuando la edificación alcanza proporciones magnas, vivir bajo la sombra tampoco es alentador. La mera existencia de un ejemplo de semejante magnitud invita a la más abrumadora humildad o la desmedida ambición de algo superior, mil veces mejor o igual de bueno.

Afortunadamente, Alan Moore logró más que posarse en un pedestal inalcanzable, fundó escuela. De hecho, uno de los más brillantes escritores después de él, prácticamente igual de genial es Grant Morrison.

Crítico abierto de Watchmen, aunque da reconocimiento al cuerpo total de la obra de Moore, Morrison es prácticamente lo opuesto de Moore en más de un sentido.

Allí donde Moore es nostálgico y reflexivo, Morrison se muestra descarado y absurdo. Virulento, irreverente, anárquico, nihilista, también es inglés y no menos respetado que Moore.

El título que hasta la fecha representa a Morrison es la demencial serie The Invisibles.

En esta, un grupo de vigilantes que combinan magia, ciencia y fenómenos paranormales, se encuentran a cargo de la realidad no como la percibe el ser humano, sino desde una capa superior, el blanco de un grupo extraterrestre/extradimensional que pretende acabar con los humanos.

Viajando por tiempo, espacio y dimensiones paralelas, Los Invisibles revelaron el carácter delirante de un nuevo tipo de comic, no menos extremo que el propuesto por Moore, incluso más anclado en la actualidad.

Baste decir que de las entregas y estilo presentes en este comic, Grant Morrison hizo proceder una demanda contra los hermanos Wachowsky, ya que más de un diálogo y situaciones, tal y como aparecen en The Matrix, es idéntico a los escritos por Morrison. Pero la demanda resultó improcedente porque el contexto de cada relato era distinto, aunque poco faltó para que los Wachowsky entregaran su fortuna a Morrison.

Este personaje, quien además de impresionantemente prolífico ha derramado litros y litros de tinta con críticas casi todas a su favor, no ha dejado de innovar el campo del comic con nuevas propuestas.

Además de haber escrito y dirigido la reciente Final Crisis de DC Comics, se dice que planea reescribir Watchmen a partir de los personajes originales de Charlton comics: Blue Beetle (Escarabajo azul)/Búho Nocturno, Captain Atom (Capitán átomo)/Dr. Manhattan, Nightshade (Sombra nocturna)/Espectro de seda y The Question (La pregunta)/Rorschach, en un nuevo tratamiento que dista en todo de la famosa deconstrucción elaborada por Moore.

Así, sólo queda poner, no un ladrillo más sobre una tumba vieja, sino rosas frente a un arte complicado que no alcanzó a ser una nueva The Dark Knight por abierta miopía.

Los Watchmen de Zack Snyder: la gran decepción… III

Posted in Alan Moore, Cine, Zack Snyder with tags , , , , , , on abril 11, 2009 by deepfocusmagazine

Sutil, pero efectivo. Aunque se trate de un cambio de perspectiva mayúsculo, apenas se percibe. Justo donde resulta motivo de alarma que aquellas generaciones testigo del nacimiento de Watchmen, incluidos autores contemporáneos a la obra para dar su versión del asunto, apenas noten este pequeño gran cambio, bajo pretexto de un ajuste necesario ante la imposibilidad de adaptación intrínseca en el comic mismo.

Hay de por medio que si el trabajo es para facilitar el entendimiento de la narración, bueno, ¿por que se aplicó también el enfoque terrorista para la versión cinematográfica en V de Vendetta, cuando la historia es estrictamente lo que su nombre dice, una intriga de venganzas al estilo veneciano?

Ojo, en el fondo lo que más llama la atención es que no se trata de la adaptación de otra película, sino un comic cuyos méritos narrativos e históricos no están en duda, aunque si se deteriora su calidad intelectual para ser viable como contenido cultural.

De agentes y explosivos

Allá por el 2001 y tras la catástrofe del 11 de septiembre, se formuló una pregunta exótica, extraña, pero por completo pertinente en torno al siniestro de las Torres Gemelas: ¿era predecible? ¿Había forma de anticipar las consecuencias de una iniciativa terrorista a semejante escala?

No es fácil responder a semejante cuestionamiento, pues involucra un nivel de compromiso ético y moral cuyas dimensiones rebasan la conciencia de lo inmediato, tanto en lo individual como colectivo.

Así, poco a poco, la suspicacia se atenuó hacia niveles rayanos en el esoterismo; la pregunta cambió: ¿era concebible? Para entonces, quienes decidieron rastrear las fuentes dieron con antecedente semi olvidado.

El agente secreto, de Joseph Conrad, hoy figura entre las obras maestras de la literatura universal, cuyo relato se inspiró en hechos reales a propósito de un incidente ocurrido en el observatorio real de Greenwich, Inglaterra.

Sin explicación aparente, un hombre hizo estallar una bomba muy cerca del observatorio pero sin provocar el menor daño a la estructura del edificio.

En los registros de la época se conservan detalles tenebrosos que describen los últimos minutos de agonía de este personaje, sin piernas y balbuciendo incoherencias, pues al estallar la bomba no se apartó de ella.

victoria

De igual modo, al tratarse de 1894 con la reina Victoria todavía en el poder y apenas seis años después de los eventos de Jack el Destripador, el accidente sirvió para subrayar el ambiente de miseria en la Inglaterra de finales del Siglo XIX.

Para el momento en que Conrad hace pública El agente secreto, además de escándalo y repudio hacia su novela, fue severamente criticado en su calidad de autor al valerse de este trabajo para continuar su obra.

Futuras ediciones de la novela, incluidas las actuales, se entregan al lector con un prefacio de Conrad explicando contenido, motivos y origen de la novela, en el que detalla ciertos pormenores acerca de su creación, dado el descontentó que provocó, aunque más enfocado en la desilusión del autor, pues quería que esta novela fuese su despunte como escritor.

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No obstante, la historia hizo justicia al autor, elevando este título al nivel de una de las más grandes novelas escritas en el Siglo XX, porque, al margen de la incuestionable calidad que recorre la bibliografía de Conrad, el escritor confeccionó una narración que anticipa nacimiento y desarrollo de tres aspectos prevalentes durante todo el Siglo XX: anarquía, terrorismo y espionaje.

Se suma que si el carácter del género de la Novela, con todo y su valor literario, pocas veces se delineó ante los ojos de la Historia, Antropología o Filosofía, como una reflexión a propósito de la naturaleza humana, cuyo alcance podía también representar un momento epistemólógico de tal manera oculto, que sólo a través de los ojos del escritor había una proyección tangible de los acontecimientos sociales para convertirse formalmente en expresión universal de un autor.

La novela aborda la naturaleza del caos, expuesta de lleno mediante un tono de nihilismo moral, cuyo riesgo es justamente transformarse en una fuerza de nihilismo social; pero Conrad tuvo a bien desarrollar personajes que sitúan el relato entre la corriente existencialista, así como la novela política, pues involucra dualidades, ambigüedades, así como una filosofía que postula indeterminismo e incertidumbre.

Verloc, doble agente que se mueve entre los anarquistas afiliados a las convicciones de la insurrección rusa por iniciativa de la mismísima embajada, así como es informante policíaco, recibe por comisión del embajador efectuar un acto terrorista, a fin de provocar el apaciguamiento de toda actividad que relacione a los anarquistas con asilo político en Londres, para deslindar a Rusia de todo atentado fuera de sus límites.

Winnie, esposa de Verloc, se escuda en el matrimonio que contrajo con él para cuidar de su hermano menor Stevie, quien es la única razón porque la mujer encuentra sentido a su vida.

Heat, oficial a cargo de las investigaciones para determinar el estado de las revueltas provocadas por los anarquistas, se mueve entre las reglas de su deber, aunque omite a los ladrones, pero no los actos terroristas. Es decir, se porta permisivo con las clases menos favorecidas pero protege a los opulentos, sin orientarse por uno u otro.

Ossipon, afiliado a la causa anarquista, al igual que el Profesor, son los dos miembros del grupo a cargo de las actitudes más virulentas y agresivas, a su manera, cada uno raya en el fanatismo.

Ahora, en la medida que El agente secreto es una reflexión acerca de la nulidad humana, de la falta de propósito en la existencia y cómo esto se ve reflejado en el contexto de una época que servirá de preámbulo al mismísimo Siglo XX, tématica, tratamiento e importancia tienen numerosos paralelismos con Watchmen, que no es de extrañar si se considera el interés de Alan Moore en la época victoriana, de donde proviene uno de sus trabajos más importantes, From Hell .

Entre sopa cuántica y nitroglicerina

Aunque la novela de Conrad es un verdadero caldo donde confluyen diversos personajes, el protagónico recae en Winnie Verloc, de la misma forma que el tirón hacia la conciencia corresponde a Laurie Jupiter.

Mientras Winnie vigila a su hermano Stevie, oficialmente incapaz de tomar decisiones propias en virtud de una discapacidad, Laurie tiene a su cargo el cuidado del hombre más poderoso de la Tierra, pues a través de su relación mantiene lazos con la humanidad, pese a su total desconexión con el mundo.

No obstante, Winnie no es feliz y sucumbe ante la seducción de otro hombre, Ossipon; mientras por su lado, Laurie se ve tentada por experimentar una vida real con el Búho Nocturno.

En Lugar de un Comediante, abierto representante de un extremismo irracional, bajo la guía de una supuesta causa, está el Profesor, por su carácter desmedido, incluso rabioso en términos de desdén y abyección hacia la humanidad.

Así como la madre de Winnie es el instrumento que conduce a su hija hacia los brazos de Verloc, pues desde su punto de vista constituye lo que debe ser un caballero —a quien le excede importancia—, la madre de Laurie es quien en la práctica empuja a su hija en dirección de la vida de superhéroes.

El lugar del agente Heat, quien es en realidad una forma bastante ambigüa de policía responsable, pero a la vez inocente, sin doble moral conducida con genuina malicia, su contraparte sería la compulsión obsesiva de Rorschach, la vocación desmedida por una forma de verdad.

Por último, el doble agente, Verloc. Presa de una necesidad basada en el más absurdo e imbécil de los planes posibles, Verloc representa la cúspide de la haraganería e incompetencia de que sea capaz concebir a un personaje. El resultado directo de sus maquinaciones consisten en la muerte de un inocente y un atentado que ni siquiera llega a consumarse lo más mínimo. El opuesto de ello sería el hipercerebral y eficiente Ozymandias, quien excede la medida de la realidad con un plan por igual inverosímil e inhumano.

Pero, ¿dónde queda el mérito de Alan Moore si gran parte de su trabajo tiene tanta semejanza con lo hecho por Conrad más de 60 años atrás de la publicación de Watchmen ?

Básicamente por algunos detalles: comic, ciencia ficción y otro invento de inicios del Siglo XX, la psicología.

Los Watchmen de Zack Snyder: la gran decepción… II

Posted in Alan Moore, Cine, Comics, Zack Snyder with tags , , , , on abril 6, 2009 by deepfocusmagazine

Del olvido al no me acuerdo, hasta “Y eso, ¿a mí qué?”

Pero, ¿en qué repercute para el tratamiento de la película? Básicamente, porque se trata de un esquema similar al seguido durante años por Hollywood cuando se adaptan películas extranjeras ( Abre los ojos (1997)/ Vanilla Sky (2001), Yojimbo (1961)/ Last Man Standing (1996), Ringu (1998)/ The Ring (2002), Ju-on (2000)/ The Grudge (2004)…).

yojimboLa gran mayoría de argumentos y narraciones que pasan por un tratamiento de adaptación, resultan mutilados en sus propuestas más importantes para calzar la perspectiva moral del anglosajón promedio, sin importar que los valores originales de la obra resulten deshechos del todo.

Por ejemplo, cuando Kurosawa planteó Yojimbo , sembró algunas de las semillas definitivas para el antihéroe por excelencia, cuyo origen real procedió de la literatura noir de Estados Unidos; específicamente, Cosecha roja , de Dashiell Hammett. Sin embargo, el tono cínico y nihilista de policías, detectives y gansters que participan en la novela estuvo muy por encima del gusto de aquél entonces, para siquiera proponer una adaptación que diese fe de la corrupción imperante en la Gran Depresión.

Pero el valor literario allí estaba. Kurosawa lo tomó y reinventó el concepto para crear una de las leyendas del cine japonés. Es hasta que se presenta la versión japonesa de la narración cuando Hollywood decide probar la efectividad del tratamiento de Kurosawa y, en adelante, varios de los personajes forzudos, vagabundos, representantes de una justicia y moral gris, hacen acto de presencia tanto en los géneros western como noir .

Otro ejemplo clásico viene de Abre los ojos , cuyos toques de incertidumbre, paranoia y alienación permean la película hasta el mismísimo final. De hecho, la mayor reivindicación del protagonista es la promesa de un futuro; la simple y sencilla oportunidad de recrear todo aquello que forma parte del estricto pasado, incluidos los errores que lo condujeron a la criogenia, son una forma pasajera de purgatorio, hasta alcanzar la plenitud de conciencia que lo libera para conducirlo hacia la realidad.

Sin embargo, la versión de Vanilla Sky se presenta como un verdadero desplante del más puro y egoísta orgullo macho, que saca revancha hasta el último instante del relato, cuando el protagonista se coloca en el papel de víctima y “demuestra” que era él quien realmente se encontraba en una posición más valiosa que su amante, en calidad de un recuento sin madurez ni evolución. De hecho, Cameron Crowe comentó para edición del DVD que se trataba de la reescritura de un relato que ameritaba sentirse como propio para Estados Unidos…

Así, ya en el caso de Watchmen, el argumento parece tener elementos derivados del original, pero el tratamiento lo lleva en una dirección totalmente distinta: mientras el comic se refiere a un estado de descomposición global que amenaza con acabar la Tierra en su totalidad y, para evitarlo, se recurre a la amenaza de una invasión alienígena inexistente para generar una coalición internacional, los Watchmen de Zack Snyder se refieren a una especie de historia natural del poder estadunidense y cómo, ante semejante desarrollo, la primera confrontación real hacia dicha evolución social es el terrorismo.

Mientras en el comic la solución fue dada por Veidt, con premisas que pretenden emular la sabiduría de Alejandro “El Grande” en una utopía hacia la unificación, en la película se trata de aplastar poder con mayor poder, mediante un truco verosímil; cuando el primer Veidt en realidad apela —mediante su genio— al mayor absurdo concebible en forma de calamar gigante, en efecto, se vuelve posible la amenaza extraterrestre. De hecho, la solución resulta efectiva por improbable, además de alimentar a la perfección el sentimiento paranoico del mundo. En cambio, para la versión cinematográfica, sólo es concebible una desviación tanto de la propia percepción del poder como de aquellos en quienes recae.

Precisamente por la exagerada importancia en la figura de Nixon, el primer rostro que aparece en pantalla apenas inicia la película, hacia allá va a dar el argumento: una metáfora de las condiciones actuales de Estados Unidos, en términos de las tradiciones de gobiernos y cómo, los principales afectados, siempre han sido sus habitantes.

Allí, sólo allí, podría decirse que hay una relativamente interesante propuesta tanto del guionista como el director, pero no la subrayan suficiente para entender que así es. De ese modo pasarían por encima de Nixon, Reagan y los resultados de ambas administraciones Bush. Pero eso es lo menos explícito del relato, salvo por la mención indirecta a la “ Denegación plausible ( Plausible Deniability)”, invento estricto de Ronald Reagan.

Dicho recurso consiste en admitir que sí, hubo una invasión a cierto país de Centroamérica, pero no se sabe que tal cosa haya pasado. Es decir, el autor intelectual propone un esquema que será ejecutado por alguien más, un especialista sin afiliación oficial a ninguna dependencia del gobierno, se encubren sus pasos y cómo nunca se registro el procedimiento, por supuesto, no hay forma de saber qué pasó ni quién lo hizo. Se niega la participación, simple y sencillamente porque no se tiene información concreta al respecto.

La denegación plausible reapareció con Bush y fue acerca del 11 de septiembre, pero tampoco se hace mención explícita a ello. De allí la efectividad de una metáfora “nixoniana” al final de la cinta, igualmente tibia en lugar de frontalmente crítica.

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