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Los Watchmen de Zack Snyder: la gran decepción… IV y última

Posted in Alan Moore, Cine, Comics, Zack Snyder with tags , , , , , , , , on abril 12, 2009 by deepfocusmagazine

Es decir, mientras los personajes de Conrad se articulan como expresiones que parecen  llevadas por una fuerza sobrenatural cuya capacidad para el más elemental libre albedrío es baja, los de Alan Moore, meditan, sufren y son conscientes de sí mismos, sin caer del todo en una visión polar del universo. Desde ahí, toda una contradicción en el seno del comic, pues se trata de supuestas marionetas que luchan en una batalla por el bien contra el mal.

No obstante, no de detiene allí. Como el excelente artesano que es, les confecciona toda una personalidad, digna de ser memorable.

Esa cosita que tienes dentro…

Uno de los momentos más deficientes de la cinta, cuando se aprecia que dirección tendrá, es durante la entrevista con el psiquiatra.

En esta escena se ve de la niñez de Rorschach uno de sus primeros brotes explícitos de violencia. Sin embargo,  ampliamente matizado respecto al original, ya que pese a tratarse de un recuento personal, encubierto en mentiras durante una prueba proyectiva, el niño de la cinta es una verdadera bestia que disfruta su salvajismo, cuando en el comic no fue así.

Se entiende la génesis del personaje a partir de sus recuerdos, aunque no todos surgen a lo largo de una sola entrevista ni están encadenados unos a otros. De hecho, se trata de más de un encuentro entre el psiquiatra y Rorschach, quien al ser recluido en la cárcel, transita gradualmente de “interno incomprendido ante sus esfuerzos por la justicia”, hacia “psicópata maltrecho con aspiraciones de justiciero” ante los ojos del lector.

Vaya, la intención de este tratamiento, puesto que gracias a Rorschach el público se conduce a lo largo de la narración, es romper la empatía inicial entre un supuesto representante del orden y una razón bastante plausible para entender el funcionamiento de los llamados vigilantes, quienes ocultan tras sus intenciones de bondad la necesidad de restaurar externamente orden y equilibrio de los que carecen a nivel interno.

Es más, Moore, con lujo de cinismo y talento, critica simultánemente a más de un representante del orden y la normalidad: policía, instituciones médicas y los superhéroes.

La película se limita a cerrar todos los episodios entre Rorschach y el psiquiatra en una misma entrevista, apresurada, sin medias tintas ni profundidad.

Incluso, origen y razón de ser del personaje tienen un lugar aparte en la historia del comic.

Quién sabe si por consulta a fuentes especializadas o genio destilado en estado puro, pero la descripión que hace Rorschach en nueve cuadros acerca de cómo asumió su identidad es psicología pura.

Empieza en el rechazo a la figura materna, una prosituta arrepentida de haber omitido el aborto para que naciera Walter Kovacs, subrayado frente a él desde la niñez. La reaparición del objeto transicional que suelen ser aquellas piezas con que los niños juegan desde pequeños para manejar la separación de la madre; la ausencia de matices en el juicio, según un esquema psíquico rígido; carencia de representaciones que indiquen la existencia de una instancia de orden en la cual ampararse o que sirva como modelo, así como la fase del espejo apuntalada hacia el descubrimiento de la propia identidad, encubierta por todas las referencias maternas, mediante una licencia poética que cambia el horror de un Norman Bates, totalmente absorbido por la figura de su madre, en un Rorschach jugando al superhéroe.

Sencillamente, genial. Y no está en la película. Por si eso fuera poco, Moore se las arregla para que la, ya de por sí endeble, estructura psíquica de Kovacs dé luz al sabueso en que se convertirá, pero insertándole un quiebre psicótico definitivo.

Como notarán aquellos que asistieron a la proyección, hay más sangre y toques mórbidos respecto a los propuestos por el comic, francamente innecesarios.

El contraste entre la propuesta original y la cinta es de un grotesco barato e insufrible que no alcanza descripción.

Simplemente para ilustrar las dimensiones del ya mencionado quiebre, basta referirse a uno famoso en la vida real, recreado en la cinta Claroscuro ( Shine, Scott Hicks, 1996).

El término refiere aquél momento en que una estructura psíquica alcanza su límite y se desmorona, para dejar en su lugar a un individuo que a duras penas puede ser llamado sujeto social. Dependiendo de la naturaleza y rasgos de quien lo experimenta, consecuencias y manifestaciones varían como decir desde el Sol hasta Plutón.

Pero, a la vez, ya que el contexto es un examen y confrontación de toda suerte de inocencias, el psiquiatra, tras verse en una posición privilegiada, pasa a tercer plano, humillado y vulnerado por Rorschach, entre una serie de verdades que lo aplastan del todo.

De nueva cuenta, no está en la película. En su lugar queda otro grotesco en que Rorschach pide a gritos le devuelva su máscara. Irónicamente y para subrayar la ausencia —quién sabe ya si deliberada, de una sensibilidad a propósito de los procesos en juego—, esta interpretación del personaje, en lugar de mantener su independencia declarada, sigue supeditado al médico.

En la medida que al anglosajón promedio no se le da muy a menudo reflexionar acerca de la conciencia, pero sí recurrir a la farmacia para solucionar problemas, pasa lo mismo con Laurie, quien de ser una especie de adolescente histérica de más de 30 años, cuando descubre el origen de su historia personal por mérito propio, atravesando las mentiras y secretos de su madre, queda en pie una mujer dueña de sí misma, de su vida y hasta de su futuro.

En la película, no. No es capaz de eso, tiene que intervenir el Dr. Manhattan para que consiga ver su realidad personal. En el sentido más humanista de la expresión, la reduce a una verdadera imbécil y marioneta de todos cuantos la rodean. Jamás logra convertirse en el personaje que realmente es: el catalizador universal de la narración.

Ya aquí, realmente pesa ver tan perdida semejante obra.

Para matar un dragón, se necesita otro dragón

Si bien es cierta la importancia de Watchmen, así como las innovaciones narrativas de Alan Moore, ocurrió hace más de dos décadas. El tono de la obra es oscuro, pesimista y poco o nada esperanzador.

La sola empresa de proponer un ejercicio que pudo quedarse en mero capricho de estilo, para volverse piedra angular de las narraciones del comic, es un ejemplo prácticamente imposible de seguir.

El pasado es bueno que se quede allí; que sirva para construir y edificar, para crear referencias y transformar el futuro. Pero cuando la edificación alcanza proporciones magnas, vivir bajo la sombra tampoco es alentador. La mera existencia de un ejemplo de semejante magnitud invita a la más abrumadora humildad o la desmedida ambición de algo superior, mil veces mejor o igual de bueno.

Afortunadamente, Alan Moore logró más que posarse en un pedestal inalcanzable, fundó escuela. De hecho, uno de los más brillantes escritores después de él, prácticamente igual de genial es Grant Morrison.

Crítico abierto de Watchmen, aunque da reconocimiento al cuerpo total de la obra de Moore, Morrison es prácticamente lo opuesto de Moore en más de un sentido.

Allí donde Moore es nostálgico y reflexivo, Morrison se muestra descarado y absurdo. Virulento, irreverente, anárquico, nihilista, también es inglés y no menos respetado que Moore.

El título que hasta la fecha representa a Morrison es la demencial serie The Invisibles.

En esta, un grupo de vigilantes que combinan magia, ciencia y fenómenos paranormales, se encuentran a cargo de la realidad no como la percibe el ser humano, sino desde una capa superior, el blanco de un grupo extraterrestre/extradimensional que pretende acabar con los humanos.

Viajando por tiempo, espacio y dimensiones paralelas, Los Invisibles revelaron el carácter delirante de un nuevo tipo de comic, no menos extremo que el propuesto por Moore, incluso más anclado en la actualidad.

Baste decir que de las entregas y estilo presentes en este comic, Grant Morrison hizo proceder una demanda contra los hermanos Wachowsky, ya que más de un diálogo y situaciones, tal y como aparecen en The Matrix, es idéntico a los escritos por Morrison. Pero la demanda resultó improcedente porque el contexto de cada relato era distinto, aunque poco faltó para que los Wachowsky entregaran su fortuna a Morrison.

Este personaje, quien además de impresionantemente prolífico ha derramado litros y litros de tinta con críticas casi todas a su favor, no ha dejado de innovar el campo del comic con nuevas propuestas.

Además de haber escrito y dirigido la reciente Final Crisis de DC Comics, se dice que planea reescribir Watchmen a partir de los personajes originales de Charlton comics: Blue Beetle (Escarabajo azul)/Búho Nocturno, Captain Atom (Capitán átomo)/Dr. Manhattan, Nightshade (Sombra nocturna)/Espectro de seda y The Question (La pregunta)/Rorschach, en un nuevo tratamiento que dista en todo de la famosa deconstrucción elaborada por Moore.

Así, sólo queda poner, no un ladrillo más sobre una tumba vieja, sino rosas frente a un arte complicado que no alcanzó a ser una nueva The Dark Knight por abierta miopía.

Los Watchmen de Zack Snyder: la gran decepción… III

Posted in Alan Moore, Cine, Zack Snyder with tags , , , , , , on abril 11, 2009 by deepfocusmagazine

Sutil, pero efectivo. Aunque se trate de un cambio de perspectiva mayúsculo, apenas se percibe. Justo donde resulta motivo de alarma que aquellas generaciones testigo del nacimiento de Watchmen, incluidos autores contemporáneos a la obra para dar su versión del asunto, apenas noten este pequeño gran cambio, bajo pretexto de un ajuste necesario ante la imposibilidad de adaptación intrínseca en el comic mismo.

Hay de por medio que si el trabajo es para facilitar el entendimiento de la narración, bueno, ¿por que se aplicó también el enfoque terrorista para la versión cinematográfica en V de Vendetta, cuando la historia es estrictamente lo que su nombre dice, una intriga de venganzas al estilo veneciano?

Ojo, en el fondo lo que más llama la atención es que no se trata de la adaptación de otra película, sino un comic cuyos méritos narrativos e históricos no están en duda, aunque si se deteriora su calidad intelectual para ser viable como contenido cultural.

De agentes y explosivos

Allá por el 2001 y tras la catástrofe del 11 de septiembre, se formuló una pregunta exótica, extraña, pero por completo pertinente en torno al siniestro de las Torres Gemelas: ¿era predecible? ¿Había forma de anticipar las consecuencias de una iniciativa terrorista a semejante escala?

No es fácil responder a semejante cuestionamiento, pues involucra un nivel de compromiso ético y moral cuyas dimensiones rebasan la conciencia de lo inmediato, tanto en lo individual como colectivo.

Así, poco a poco, la suspicacia se atenuó hacia niveles rayanos en el esoterismo; la pregunta cambió: ¿era concebible? Para entonces, quienes decidieron rastrear las fuentes dieron con antecedente semi olvidado.

El agente secreto, de Joseph Conrad, hoy figura entre las obras maestras de la literatura universal, cuyo relato se inspiró en hechos reales a propósito de un incidente ocurrido en el observatorio real de Greenwich, Inglaterra.

Sin explicación aparente, un hombre hizo estallar una bomba muy cerca del observatorio pero sin provocar el menor daño a la estructura del edificio.

En los registros de la época se conservan detalles tenebrosos que describen los últimos minutos de agonía de este personaje, sin piernas y balbuciendo incoherencias, pues al estallar la bomba no se apartó de ella.

victoria

De igual modo, al tratarse de 1894 con la reina Victoria todavía en el poder y apenas seis años después de los eventos de Jack el Destripador, el accidente sirvió para subrayar el ambiente de miseria en la Inglaterra de finales del Siglo XIX.

Para el momento en que Conrad hace pública El agente secreto, además de escándalo y repudio hacia su novela, fue severamente criticado en su calidad de autor al valerse de este trabajo para continuar su obra.

Futuras ediciones de la novela, incluidas las actuales, se entregan al lector con un prefacio de Conrad explicando contenido, motivos y origen de la novela, en el que detalla ciertos pormenores acerca de su creación, dado el descontentó que provocó, aunque más enfocado en la desilusión del autor, pues quería que esta novela fuese su despunte como escritor.

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No obstante, la historia hizo justicia al autor, elevando este título al nivel de una de las más grandes novelas escritas en el Siglo XX, porque, al margen de la incuestionable calidad que recorre la bibliografía de Conrad, el escritor confeccionó una narración que anticipa nacimiento y desarrollo de tres aspectos prevalentes durante todo el Siglo XX: anarquía, terrorismo y espionaje.

Se suma que si el carácter del género de la Novela, con todo y su valor literario, pocas veces se delineó ante los ojos de la Historia, Antropología o Filosofía, como una reflexión a propósito de la naturaleza humana, cuyo alcance podía también representar un momento epistemólógico de tal manera oculto, que sólo a través de los ojos del escritor había una proyección tangible de los acontecimientos sociales para convertirse formalmente en expresión universal de un autor.

La novela aborda la naturaleza del caos, expuesta de lleno mediante un tono de nihilismo moral, cuyo riesgo es justamente transformarse en una fuerza de nihilismo social; pero Conrad tuvo a bien desarrollar personajes que sitúan el relato entre la corriente existencialista, así como la novela política, pues involucra dualidades, ambigüedades, así como una filosofía que postula indeterminismo e incertidumbre.

Verloc, doble agente que se mueve entre los anarquistas afiliados a las convicciones de la insurrección rusa por iniciativa de la mismísima embajada, así como es informante policíaco, recibe por comisión del embajador efectuar un acto terrorista, a fin de provocar el apaciguamiento de toda actividad que relacione a los anarquistas con asilo político en Londres, para deslindar a Rusia de todo atentado fuera de sus límites.

Winnie, esposa de Verloc, se escuda en el matrimonio que contrajo con él para cuidar de su hermano menor Stevie, quien es la única razón porque la mujer encuentra sentido a su vida.

Heat, oficial a cargo de las investigaciones para determinar el estado de las revueltas provocadas por los anarquistas, se mueve entre las reglas de su deber, aunque omite a los ladrones, pero no los actos terroristas. Es decir, se porta permisivo con las clases menos favorecidas pero protege a los opulentos, sin orientarse por uno u otro.

Ossipon, afiliado a la causa anarquista, al igual que el Profesor, son los dos miembros del grupo a cargo de las actitudes más virulentas y agresivas, a su manera, cada uno raya en el fanatismo.

Ahora, en la medida que El agente secreto es una reflexión acerca de la nulidad humana, de la falta de propósito en la existencia y cómo esto se ve reflejado en el contexto de una época que servirá de preámbulo al mismísimo Siglo XX, tématica, tratamiento e importancia tienen numerosos paralelismos con Watchmen, que no es de extrañar si se considera el interés de Alan Moore en la época victoriana, de donde proviene uno de sus trabajos más importantes, From Hell .

Entre sopa cuántica y nitroglicerina

Aunque la novela de Conrad es un verdadero caldo donde confluyen diversos personajes, el protagónico recae en Winnie Verloc, de la misma forma que el tirón hacia la conciencia corresponde a Laurie Jupiter.

Mientras Winnie vigila a su hermano Stevie, oficialmente incapaz de tomar decisiones propias en virtud de una discapacidad, Laurie tiene a su cargo el cuidado del hombre más poderoso de la Tierra, pues a través de su relación mantiene lazos con la humanidad, pese a su total desconexión con el mundo.

No obstante, Winnie no es feliz y sucumbe ante la seducción de otro hombre, Ossipon; mientras por su lado, Laurie se ve tentada por experimentar una vida real con el Búho Nocturno.

En Lugar de un Comediante, abierto representante de un extremismo irracional, bajo la guía de una supuesta causa, está el Profesor, por su carácter desmedido, incluso rabioso en términos de desdén y abyección hacia la humanidad.

Así como la madre de Winnie es el instrumento que conduce a su hija hacia los brazos de Verloc, pues desde su punto de vista constituye lo que debe ser un caballero —a quien le excede importancia—, la madre de Laurie es quien en la práctica empuja a su hija en dirección de la vida de superhéroes.

El lugar del agente Heat, quien es en realidad una forma bastante ambigüa de policía responsable, pero a la vez inocente, sin doble moral conducida con genuina malicia, su contraparte sería la compulsión obsesiva de Rorschach, la vocación desmedida por una forma de verdad.

Por último, el doble agente, Verloc. Presa de una necesidad basada en el más absurdo e imbécil de los planes posibles, Verloc representa la cúspide de la haraganería e incompetencia de que sea capaz concebir a un personaje. El resultado directo de sus maquinaciones consisten en la muerte de un inocente y un atentado que ni siquiera llega a consumarse lo más mínimo. El opuesto de ello sería el hipercerebral y eficiente Ozymandias, quien excede la medida de la realidad con un plan por igual inverosímil e inhumano.

Pero, ¿dónde queda el mérito de Alan Moore si gran parte de su trabajo tiene tanta semejanza con lo hecho por Conrad más de 60 años atrás de la publicación de Watchmen ?

Básicamente por algunos detalles: comic, ciencia ficción y otro invento de inicios del Siglo XX, la psicología.

Los Watchmen de Zack Snyder: la gran decepción… II

Posted in Alan Moore, Cine, Comics, Zack Snyder with tags , , , , on abril 6, 2009 by deepfocusmagazine

Del olvido al no me acuerdo, hasta “Y eso, ¿a mí qué?”

Pero, ¿en qué repercute para el tratamiento de la película? Básicamente, porque se trata de un esquema similar al seguido durante años por Hollywood cuando se adaptan películas extranjeras ( Abre los ojos (1997)/ Vanilla Sky (2001), Yojimbo (1961)/ Last Man Standing (1996), Ringu (1998)/ The Ring (2002), Ju-on (2000)/ The Grudge (2004)…).

yojimboLa gran mayoría de argumentos y narraciones que pasan por un tratamiento de adaptación, resultan mutilados en sus propuestas más importantes para calzar la perspectiva moral del anglosajón promedio, sin importar que los valores originales de la obra resulten deshechos del todo.

Por ejemplo, cuando Kurosawa planteó Yojimbo , sembró algunas de las semillas definitivas para el antihéroe por excelencia, cuyo origen real procedió de la literatura noir de Estados Unidos; específicamente, Cosecha roja , de Dashiell Hammett. Sin embargo, el tono cínico y nihilista de policías, detectives y gansters que participan en la novela estuvo muy por encima del gusto de aquél entonces, para siquiera proponer una adaptación que diese fe de la corrupción imperante en la Gran Depresión.

Pero el valor literario allí estaba. Kurosawa lo tomó y reinventó el concepto para crear una de las leyendas del cine japonés. Es hasta que se presenta la versión japonesa de la narración cuando Hollywood decide probar la efectividad del tratamiento de Kurosawa y, en adelante, varios de los personajes forzudos, vagabundos, representantes de una justicia y moral gris, hacen acto de presencia tanto en los géneros western como noir .

Otro ejemplo clásico viene de Abre los ojos , cuyos toques de incertidumbre, paranoia y alienación permean la película hasta el mismísimo final. De hecho, la mayor reivindicación del protagonista es la promesa de un futuro; la simple y sencilla oportunidad de recrear todo aquello que forma parte del estricto pasado, incluidos los errores que lo condujeron a la criogenia, son una forma pasajera de purgatorio, hasta alcanzar la plenitud de conciencia que lo libera para conducirlo hacia la realidad.

Sin embargo, la versión de Vanilla Sky se presenta como un verdadero desplante del más puro y egoísta orgullo macho, que saca revancha hasta el último instante del relato, cuando el protagonista se coloca en el papel de víctima y “demuestra” que era él quien realmente se encontraba en una posición más valiosa que su amante, en calidad de un recuento sin madurez ni evolución. De hecho, Cameron Crowe comentó para edición del DVD que se trataba de la reescritura de un relato que ameritaba sentirse como propio para Estados Unidos…

Así, ya en el caso de Watchmen, el argumento parece tener elementos derivados del original, pero el tratamiento lo lleva en una dirección totalmente distinta: mientras el comic se refiere a un estado de descomposición global que amenaza con acabar la Tierra en su totalidad y, para evitarlo, se recurre a la amenaza de una invasión alienígena inexistente para generar una coalición internacional, los Watchmen de Zack Snyder se refieren a una especie de historia natural del poder estadunidense y cómo, ante semejante desarrollo, la primera confrontación real hacia dicha evolución social es el terrorismo.

Mientras en el comic la solución fue dada por Veidt, con premisas que pretenden emular la sabiduría de Alejandro “El Grande” en una utopía hacia la unificación, en la película se trata de aplastar poder con mayor poder, mediante un truco verosímil; cuando el primer Veidt en realidad apela —mediante su genio— al mayor absurdo concebible en forma de calamar gigante, en efecto, se vuelve posible la amenaza extraterrestre. De hecho, la solución resulta efectiva por improbable, además de alimentar a la perfección el sentimiento paranoico del mundo. En cambio, para la versión cinematográfica, sólo es concebible una desviación tanto de la propia percepción del poder como de aquellos en quienes recae.

Precisamente por la exagerada importancia en la figura de Nixon, el primer rostro que aparece en pantalla apenas inicia la película, hacia allá va a dar el argumento: una metáfora de las condiciones actuales de Estados Unidos, en términos de las tradiciones de gobiernos y cómo, los principales afectados, siempre han sido sus habitantes.

Allí, sólo allí, podría decirse que hay una relativamente interesante propuesta tanto del guionista como el director, pero no la subrayan suficiente para entender que así es. De ese modo pasarían por encima de Nixon, Reagan y los resultados de ambas administraciones Bush. Pero eso es lo menos explícito del relato, salvo por la mención indirecta a la “ Denegación plausible ( Plausible Deniability)”, invento estricto de Ronald Reagan.

Dicho recurso consiste en admitir que sí, hubo una invasión a cierto país de Centroamérica, pero no se sabe que tal cosa haya pasado. Es decir, el autor intelectual propone un esquema que será ejecutado por alguien más, un especialista sin afiliación oficial a ninguna dependencia del gobierno, se encubren sus pasos y cómo nunca se registro el procedimiento, por supuesto, no hay forma de saber qué pasó ni quién lo hizo. Se niega la participación, simple y sencillamente porque no se tiene información concreta al respecto.

La denegación plausible reapareció con Bush y fue acerca del 11 de septiembre, pero tampoco se hace mención explícita a ello. De allí la efectividad de una metáfora “nixoniana” al final de la cinta, igualmente tibia en lugar de frontalmente crítica.

Los Watchmen de Zack Snyder: la gran decepción… I

Posted in Alan Moore, Cine, Comics, Zack Snyder with tags , , , , on abril 1, 2009 by deepfocusmagazine

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Apenas dos semanas después de su estreno, Watchmen impuso toda una serie de marcas en la historia de las adaptaciones cinematográficas de un comic, aunque tres de ellas dejan bastante qué decir.

Por un lado, se trata quizás de la única película con una maldición a cuestas, lanzada por el creador de la narración original, quien es chamán además de escritor.

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Se añade la advertencia de Zack Snyder, dos días antes del estreno mundial, cuya declaración para la revista Wired consistió en señalar que se dio por vencido ante la naturaleza grandilocuente del original; por ello, la película debe ser vista como una versión personal, en lugar de adaptación definitiva de Watchmen.

Pero una pregunta se queda en el aire y como consuelo flota una vaga ambigüedad, ya no por motivos románticos en torno al comic ni un principio de autor para la disciplina, sino la cruda incapacidad de la cosmogonía hollywoodense para extenderse fuera de sus cada vez más estrechos márgenes.

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Principio y valores de producción de Watchmen rebasan la norma de la buena empresa: excelente fotografía, efectos especiales innovadores, reconstrucción histórica y dirección de arte impecables, incluso dirección de actores decorosa.

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Pero cuando se trata de realización, estricta dirección a propósito de una obra, justo allí el concepto se viene abajo a plomo… Francamente, las fallas no son poca cosa, pues dan al traste en dos aspectos vertebrales de la narración original: deconstrucción política de entonces y construcción psicológica de los personajes.

Entre monstruos y superhéroes

Cuando se repasan obra e historia de Moore en torno a los tratamientos que hace reflexionando sobre el quehacer político, ya desde 1982 con V de Vendetta (V for Vendetta), el autor hizo público su rechazo al gobierno de Margaret Tatcher, así como las alianzas formadas con Ronald Reagan y el respaldo que recibió de Richard Nixon, siempre tras bambalinas de toda decisión a gran escala.

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vlcsnap-1767402Para el momento en que Watchmen se publica, Moore plantea la posibilidad de que Nixon, en efecto, hubiese ganado la guerra de Vietnam gracias al recurso imposible de un ser cuasi omnipotente, con lo que habría logrado también la simpatía civil de Estados Unidos, pues una de las razones porque se vio favorecido el escándalo Watergate que lo depuso del poder, radicó en el trasfondo económico, así como el creciente poder que amasaba Nixon con cada estrategia que aplicó a nivel nacional, para extender una sutil política de predominio a nivel global, además de mantener en actividad la Guerra Fría y una permanente amenaza de 3° Guerra Mundial, basadas casi todas en iniciativas de fuerza bruta.

movie_stills_66No obstante, la imagen proyectada por Snyder acerca de este Nixon, en lugar de cuestionar su proceder —acorde con la figura desarrollada por Moore—, le da el lugar de primer “vigilante” responsable de Estados Unidos, quien no sólo tiene en sus manos decisiones locales en torno al gobierno de su país, está en condiciones para decidir por el buen proceder de su sociedad pasando por encima de todo derecho civil, además de manejar el destino del mundo entero.

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El “acto Keene” que refiere la narración, en lugar de plantearse como abierto golpe de estado, mismo del que Nixon saca provecho para instrumentar las habilidades de los poderosos “a favor de la nación”, aquí pasa como una simple medida de corte jurídico, cuya justificación consiste en retirar de todo sujeto la posibilidad de ejercer acción o juicio, sin estar debidamente investido por alguna forma jurídica que lo respalde.

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En la práctica, es decir, en la vida real, las dimensiones de admitir y permitir la existencia de vigilantes, equivale a decir que un Estado de derecho es incapaz de proveer el mínimo de garantías individuales, entre las que figuran protección y bienestar de los ciudadanos de dicho Estado, mediante aparatos debidamente instrumentados para lograr un mínimo equilibrio entre la insurrección social y la dictadura declarada; en virtud de semejante incapacidad gubernamental, la aparición de vigilantes sería la primera manifestación de tal ineficiencia política.

En su defecto, que ante la ausencia de todo precedente, el ejercicio del poder político bien podría alcanzar nuevas estaturas mediante la intervención de semejantes protagonistas sociales, por intermedio de  la administración gubernamental.

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En otras palabras, Moore planteó una balanza macabra cuyo eje tenía sentido en función de la historia y el absurdo, pero potencialmente verosímil desde el contexto de la fantasía.

No hay en el comic, explícito, indicio alguno de que Nixon como presidente reelecto aparezca en calidad de una figura presidencial eficiente, comprometida tanto con su administración como a nivel histórico, que resulte eximida ni amortiguada. En todo caso, la predisposición de la cultura norteamericana por percibirse autorrepresentada mediante un líder afín a la idiosincrasia de su sociedad.

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Así, pese a la talla legendaria del comic y al abierto reconocimiento a la persona de Moore, en realidad hay de por medio tanto un toque de melancolía respecto al cese de una época así como crítica, en la que todo fan del comic abraza la subversión en la medida que se le devuelve un reflejo desvirtuado y sin concesiones respecto a la supuesta “fortaleza” de un predominio cultural.

Escuela de Gobierno: Reagan, Nixon, Bush y Ford

Escuela de Gobierno: Reagan, Nixon, Bush y Ford

Pero sólo en términos de una primera contradicción de fondo que desde la perspectiva de un estadounidense —Snyder—, se falseó para minimizar de la fantasía inglesa —Moore— el carácter de sus implicaciones sociohistóricas.

¿Quién vigila a los Watchmen? ¡Alan Moore!

Posted in Alan Moore, Alan Moore, Autores, Ciencia Ficción, Cine, Comics, Historia, Watchmen, Zack Snyder with tags , , , , , , , on agosto 30, 2008 by deepfocusmagazine

El 17 de Julio de este año, una noticia llenó páginas y páginas de medios especializados tanto en comics como cinematografía, ya que con la exhibición del trailer oficial, seguidores, especialistas, aficionados y nuevas generaciones de amantes del comic podrían acceder a la versión cinematográfica de la leyenda que transformó los años 80 y todos los comics subsecuentes: Watchmen, dirigida por Zack Snyder, también realizador de 300.

Único en su especie, Watchmen planteó la visión de una Tierra donde superhéroes y supervillanos existían, pero en calidad de marginados con licencias y aspiraciones de poder socialmente admitidos, hasta la aparición de una criatura llamada “Dr Manhattan”, cuyas habilidades bien podían compararse con las de un dios.

El nacimiento del Dr. Manhattan en la Cámara de Campo Intrínseco

Versión cinematográfica del accidente

Versión cinematográfica del accidente

Nacido por error y de origen estadunidense, el gobierno deposita en el Dr. Manhattan todo equilibrio político, manejándolo como arma de exterminio total, para mantener a raya cualquier país que no concordase con sus políticas.

Dr. Manhattan interviniendo en Corea

Dr. Manhattan interviniendo en Corea

Versión cinematográfica

Versión cinematográfica

A partir de entonces, todos los llamados vigilantes pasan a segundo plano y reciben un ultimatum de opción múltiple: renunciar en forma definitiva a sus actividades ilegales, suscribirse al nuevo programa designado por el gobierno de Estados Unidos o permanecer bajo la mira, en espera de ser capturados.

El homicidio de "El Comediante"

El homicidio de

Versión cinemtográfica del homicidio

Versión cinematográfica del homicidio

La historia da comienzo cuando uno de los adheridos al nuevo esquema, “El comediante”, aparece muerto en la banqueta, a varios pisos de distancia de su penthouse. Nadie le da importancia ni siquiera el gobierno, excepto “Rorschach”, vigilante proscrito por la justicia, determinado a resolver la muerte de “El comediante”.

Rorschach rondando los barrios bajos

Rorschach rondando los barrios bajos

Versión cinematográfica

Versión cinematográfica

La naturaleza de este comic, a diferencia de muchos otros de aquél entonces, depositó su impacto menos en la extravagancia, poses anatómicas rebuscadas y artificios visuales, que en la consistencia y originalidad de su narración, así como los recursos con que resolvió el planteamiento de su propio relato. Por un lado, el punto de partida mostrado con el “Comediante” —en realidad un mercenario acostumbrado al uso de la fuerza bruta, además de una visión amoral del mundo—, es el hilo conductor para todos los personajes, quienes lo recuerdan como el único de una generación de superhéroes, carente de la necedad e ingenuidad propia de los héroes disfrazados, mismos a los que rebajó a la calidad de bufones, para después rebasarlos en expectativas y propósito social.

En forma bastante poética, el deceso de este personaje, a lo largo de toda la narración aparece como “La muerte de la inocencia”, pues conforme se desarrolla el argumento, el suspenso de la resolución desciende hacia un clima político terrorífico, en el que predominan brotes de violencia civil, agresión intrafamiliar, acoso de los medios, etcétera.

Control civil

Control civil

Nueva versión

Nueva versión

En la actualidad, parte del entusiasmo por esta adaptación se ve reflejado sólo en la semejanza de las imágenes originales, contrastadas con la versión cinematográfica, en calidad de un buen indicio a propósito de la fidelidad respecto a la fuente que las inspira.

Como se aprecia, no es tanto una novelita gráfica como las que se estilaban por aquellos días y, en buena medida, este carácter revolucionario propio de los grandes trabajos, es la razón porque muchos aficionados de corazón al comic ya empiezan a preguntarse, ¿en realidad será tan fiel? ¿Conservará ese espíritu revolucionario que le define? No se sabe.

Hasta la intervención de Jack Snyder, Watchmen se consideró otra obra cercana a lo inadaptable. Reto parecido al que enfrentó Peter Jackson con “El señor de los anillos” y ya se conoce el resultado.

Pese al entusiasmo de los productores, Alan Moore, autor de este hito en el comic, define así el trabajo emprendido con Watchmen:

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