Entre barbarie y arte puro


Aun cuando a gran parte de los grafiteros se les llama delincuentes —de hecho, los medios masivos recomiendan vigilar la aparición de cualquier raya en una pared, porque podría tratarse de un inmueble a punto de ser asaltado—, hay un momento de la historia, en Brooklyn, cuando esa perspectiva del responsable de pintas, permutaría el concepto de pintas callejeras por arte, en forma definitiva.

Es 1977, dos adolescentes recorren ghettos y barrios bajos de Nueva York, marcando trenes y paredes con una consigna “SAMO©”. Dichos jóvenes son Al Díaz y Jean-Michel Basquiat; al primero habrá de reconocérsele la osadía de participar en el graffitti sin haber cumplido 20 años, así como la solidaridad con su amigo. A Basquiat se le admirará permanentemente por transformar los muros en un espacio conceptual que no se había explorado en ese entonces.

“SAMO©” era el acrónimo de Same Old Shit. Basquiat acostumbraba escribirlas con aerosol en una frase cuyo significado quedaba siempre pendiente, pues la mención a SAMO solo la entendían sus allegados: “SAMO© as an end to mindwash religion, nowhere politics, and bogus philosophy (Samo como fin al lavado de cerebros religioso, políticas sinsentido y filosofía efímera)”, “SAMO©saves idiots (Samo salva a los idiotas)”, “Plush safe he think; SAMO© (Él cree que su peluche está seguro, Samo)”.

De primera mano, los mensajes aparentaban una protesta propia de los murales que el graffitti reclamó entre grupos y etnias de Estados Unidos. En su defecto, que se trataba de un mensaje para colocar una huella en alguna parte, sin más referencias que un apodo, nombre o adjetivo. Sin embargo, lo que Basquiat logró con el apoyo de Diaz fue cuestionar al graffitti en su empleo del muro como un espacio para repetir lugares comunes, a través de las mismas consignas que tanto latinos como afroamericanos usaban para declarar su descontento hacia racismo y desigualdad social, con muy escasas variaciones.

La vuelta de tuerca estaba en el uso de una frase que parecía la firma con que se remataba el concepto global de un muro; como si SAMO fuese una entidad responsable de la aprobación global que se veía en el mismo contexto donde estaba la pinta de Basquiat. Había un punto en que la simple oración aparentaba ser una variante local de “El Gran Hermano te observa”. Mientras en la ficción de George Orwell en “1984”, la figura del Estado todopoderoso era capaz de mirar, decidir, cambiar la vida de los habitantes bajo su régimen, sucedía mediante un televisor. Basquiat decidió que un concepto análogo se diera por uso de las paredes, el medio de expresión y comunicación al alcance de las comunidades.

En esa medida, las paredes podían decir más. Basquiat se encargó de transformar las calles de Nueva York de un espacio primitivo con representaciones a la orden del día, en un entorno donde sus habitantes no tenían porque ser vistos como salvajes. El graffitti de entonces presentaba —por inaudito que parezca— actualizaciones de la pintura rupestre con cazadores luchando para conseguir alimento con lanzas y escudos, así como mujeres en chozas, al cuidado tanto de niños como animales, en la forma de grupos debatiéndose contra la policía, desastres locales, luchas de bandas, mujeres trabajadoras, drogadicción… Murales que, al no contar con otro espacio de expresión, eran dispuestos en la calle como testimonios de una comunidad viviendo cada jornada de la semana con intensidad. Pero en el fondo, manifestando el mismo alcance y visión que los hombres primitivos.

Así, con un renglón en apariencia intrascendente, comenzó la trayectoria de un adolescente que, durante diez años, habría de convulsionar el arte moderno hasta su muerte en 1988. Colaborador de Andy Warhol; uno de los primeros en tomar en serio a Madonna cuando todavía era una desconocida, al punto de haber sido su pareja cuando ambos vivían en Brooklyn. Representante de las comunidades haitiana y portorriqueña, entre sus últimos legados figuró la amistad con el pintor Julian Schnabel, quien más tarde le dedicaría su primer filme Basquiat, gracias a la cual su obra alcanzó mayor difusión, así como reconocimiento, años después de su muerte.

Sin embargo, al final, la consigna de Basquiat para el mundo y todos los jóvenes grafiteros se mantiene única: rebasar lo inmediato y revisar aquello que ya está dicho, para transformarlo en una expresión que no esté regida por una sola idea.

Una mirada inclusiva


Con eso de que las olimpíadas están contagiando de un espíritu igualitario al globo, las especies animales no pueden ser excepción, aunque desde su singular perspectiva.
Aquí les va un video de Leo Bridle y Asmael Isnard.

Mientras tanto, BBC ya lanzó el video oficial, siquiera para probar el contraste.

Un nuevo Švankmajer


Aunque la calidad cinematográfica de Jan Švankmajer está a prueba de toda duda y cada uno de los títulos que componen su filmografía es referencia de un estado del arte, la divulgación de su obra se ha vuelto escasa con el paso de los años, ya sea porque se privilegia la producción de filmes generados por computadora a los que erróneamente se confunde con el alcance máximo de una animación; sea por el grado de estilización de sus narraciones, bastante alejado de la norma; porque la distribución de sus filmes implica trámites poco redituables; sin olvidar que a sus 77 años, el autor no ha dejado de producir pero con la calma de un creador maduro.

Lo cierto es que la deuda artística de Švankmajer con el mundo pone de rodillas una pregunta: después de él ¿quién podrá hacer algo parecido? La conciencia estética del checo y su obra han dejado claro que el principio de animación responde menos al uso efectista de una técnica, que una filosofía de trabajo cuyo límite sólo puede ser dictado por la lucidez del creador.

Ante la posible pérdida de un cineasta de tal envergadura, hace menos de una semana Vodo.net recibió en su catálogo Švetlonoš (2005), filme dirigido por Václav Švankmajer, hijo del legendario realizador.

La cinta tiene siete años de producida y es de llamar la atención que pese a las cláusulas de apertura hoy abundantes, el realizador haya concedido ampararse en el uso de la tecnología para compartir archivos, con la que está dando a conocer el tercero de sus trabajos. No obstante es un indicador de la dirección que en la actualidad siguen los cortometrajes de autor: a diferencia de los largos, el mercado para financiar y promover títulos de una duración inferior a la comercial tiende a obstaculizar la divulgación de la obra producida, cuando no forma parte de un cuerpo filmográfico que facilite su inserción en espacios o productos para consumo público.

Pese a ello, el joven director comparte su trabajo en este espacio del que ya se ha hablado. El título está bajo la modalidad para recaudar fondos, quizás porque a través de Švetlonoš Václav busca filmar una nueva película, luego del paréntesis de producción.

Mientras tanto, que la cinta sea de su agrado.

De regreso, una vez más…


Ha pasado mucho tiempo y numerosas cosas. Aunque se trata de una entrada breve, que sea para devolverle un poco de vida a esta página, bastante olvidada en el transcurso de unos meses.

Primero, le agradezco a Josh Bernhard por ligar esta página con su cuenta de Twitter luego del artículo escrito en torno a Pioneer One; a Sean Hartter, con quien tengo una entrada pendiente pero ya es un seguidor de Reloj Makech y, sobre todo, a quienes no han dejado de visitar la página y más a quienes se han afiliado a los contenidos que van apareciendo en ella.

No es fácil mantener un lugar con estas características, del que se ha preguntado “¿Cuántas personas escriben en él?” “Como que es un blog medio raro… ¿no?” “Siempre son cosas de las que casi nadie habla…” entre otras, pero a medio camino de la intuición, la curiosidad y una buena porción de mera suerte, así se publicó una entrada de Ron Mueck cuando apenas se estaba organizando la exposición en Monterrey, a principios de 2011 y en 2008 se habló de Jason De Caires Taylor, cuyos registros en video hoy son una cortinilla de Canal Once… algo está funcionando bien.

Pero cuando se trabaja a solas, guiado como a palos de ciego, es difícil saber si se está siguiendo el camino apropiado, que en este caso específico es única y exclusivamente el del lector

Ya que no se trata de un trabajo con remuneración económica, sino el placer de escribir para convidar al lector interesado, así como editar para que la presentación sea tan decorosa como quepa, sí, es un hecho: Reloj Makech está muy lejos de morir. En el caso de que así parezca, sintonicen sus redes sociales, porque la vida diaria es la que determinará que las pausas sean cortas o extensas, pero esta página, los alientos que la sostienen, se mantendrán hasta que ya no quede más razón ni vida para continuar con el proyecto.

Así las cosas, para recibir a los recién llegados y animar a quienes regresan, una pequeña cucharada de ritmo y buen sabor con dos videos que considero mis muy personales favoritos.

Gracias por seguir aquí.

El semillero de gobelinos


Gobelins, la escuela de animación que se abrió paso en Europa desde 1975, en el transcurso de los últimos cinco años se ha colocado entre la crema y nata de la comunicación visual del mundo.

Desde los programas académicos entre 2005-2007, año con año Gobelins presenta cortometrajes en cuya galería destacan nuevos talentos que despuntan por un abierto despliegue de innovación y experimentos formales que infunden más vida en el ámbito de la animación.

Cuando no es así, hay casos de autores que dan indicios de empujar el campo con iniciativas formales y narrativas en un futuro no muy lejano.

El cierre de fin de ciclo que recién ha deslumbrado este año corresponde a Who’s Afraid of Mr. Greedy?, una auténtica maravilla a la que bastan apenas cuatro minutos y medio para sobrecoger a cualquiera, interesado o no en el mundo de la animación.