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#makeitcount y el éxito del webranding

Posted in Autores, Cine, Fotografía, Internet, Twitter with tags , on abril 24, 2012 by camadorz

El uso de la web y las redes sociales con fines promocionales es el Santo Grial de las marcas que buscan reconocimiento o fidelidad por parte de los usuarios. Pocas lo han intentado y son menos las que lo han hecho con éxito. Sorprende por ello la campaña #makeitcount que Nike ha lanzado en su sitio web.

La razón de la campaña es la promoción de la Fuelband, una pulsera que calcula, no las calorías perdidas durante el ejercicio realizado, sino la energía utilizada. El concepto es simple: ¿Qué tanta energía aplicas en lo que haces? A través de esta campaña, Nike busca relacionar Energía con Pasión, Intensidad y Esfuerzo. Algo así como E=P+I+E

El video con que la campaña se dio a conocer era sencillo, armado con material stock de películas, caricaturas, videos deportivos y noticias. Efectivo, pero fácilmente olvidable.

Fue hasta que el videasta Casey Neistat, conocido por sus irreverentes trabajos en la red, entró a la campaña que ésta se catapultó a la categoría de fenómeno en la redes sociales.

Neistat es una marca en sí mismo. Audaz, terco, tenaz y divertido era el perfil perfecto para la campaña de Nike.

Desde su integración a la estrategia de Nike, Neistat registró el producto, su uso y el potencial que la campaña podía tener en las redes sociales.

El primero de los videos realizados fue sobre el evento de presentación de la campaña. Un clip de 3mins donde se muestra de una manera muy lúdica  el uso de la pulsera.

El segundo video siguió a tres deportistas en sus distintas rutinas. Un video fresco, dinámico y con una narrativa alejada del promocional y más cerca del reportaje documental.

Pero fue el tercer video, ya dentro de la campaña promocional para el sitio web, que Neistat sacó la artillería pesada. Un producto completamente fuera de la línea del marketing convencional, más cercano al desmadre entre cuates se convirtió, en pocos días, en uno de los videos más vistos en youtube.

Lo que Neistat logró para la campaña de Nike es invaluable: crear fidelidad con un producto. Y lo hizo a través de la regla más convencional del Marketing: sé fiel al espíritu del producto, no del cliente.

Hay ocasiones en que los propios clientes pierden la brújula en cuanto al espíritu del producto se refiere. Son los creativos como Neistat quienes les recuerdan el verdadero significado de su marca.

Carmen Aristegui fuera del aire… otra vez

Posted in Autores on febrero 8, 2011 by camadorz

De nuevo Carmen Aristegui es obligada a salir del aire. Lo ha hecho Televisa (en dos ocasiones. Una de la TV y otra de la radio), Ferriz de Con y ahora MVS. Siempre ha sido porque incomoda a algún poderoso. La sacaron por hablar de la pederastia de Maciel, por sus comentarios sobre la llamada Ley Televisa y por mencionar la corrupción de los Fox-Sahagún desde la presidencia y desde la iniciativa privada. Lo escribo de nuevo. La sacaron por hablar de la pederastia de Maciel, por sus comentarios sobre la llamada Ley Televisa y por mencionar la corrupción de los Fox-Sahagún desde la presidencia y desde la iniciativa privada. Lo repito porque la avalancha de insultos en que ha devenido el linchamiento de parte de una vergonzosa mayoría de la prensa mexicana (otro segmento importante ha optado por un vergonzante silencio) incluye calificativos como “mala periodista”, “editorialista del odio”, “enemiga de México” y el ya clásico de “seudo-periodista”, entre los más publicables. Sin embargo, el tiempo ha develado el criminal actuar de Maciel (el tiro de gracia fueron las apariciones de su familia en el programa de Carmen), la Ley Televisa tuvo que ser enviada a la congeladora (hasta la Suprema Corte ordenó no legislarla hasta que se decida si es constitucional o no) y ya nadie con un gramo de decencia y decoro es capaz de alegar probidad de Vicente Fox, su esposa y su clan.

Las razones de la salida de Carmen Aristegui de los distintos espacios noticiosos en radio y TV no han sido porque mienta, difame o calumnie impunemente. Fueron porque lastimó intereses cuando todavía significaban un poder real. Y nunca nadie se ha disculpado con ella por haberla privado de su empleo (honesto y comprometido, agregaría) y por hacer su trabajo. No lo hizo Ferriz de Con al despojarla de la sociedad que habían creado, no lo hizo Televisa al dejar de transmitir Círculo Rojo de manera abrupta y tampoco lo hizo PRISA (de la mano de Televisa Radio) al no renovar su contrato en W Radio. Las tres acciones tomadas contra el periodismo de Carmen estuvieron disfrazadas de decisiones particulares de una empresa para con un empleado. Nunca había estado (tan claramente) metida la mano del gobierno.

Pero ahora Carmen Aristegui se metió no sólo con el titular del Ejecutivo Federal, sino que lo hizo con un comentario que ofendió (no por faltar a la verdad, es necesario decirlo) en lo más profundo el orgullo presidencial: su subterráneamente comentado alcoholismo.

A diferencia de todos (sí, todos) los demás medios electrónicos, Aristegui mencionó lo que la manta de los diputados petistas decía. Y lo dijo con todas sus letras. Pero fue más allá. En lo que muchos han llamado un exceso de parte de la periodista, Carmen conminó a la Presidencia a que aclarara si Felipe Calderón tiene o no un problema de alcoholismo.

¿Es un tema de interés público el que el presidente del país sea un alcohólico? Lo sería de tener pruebas de que así es. ¿Tenía razones periodísticas Aristegui para ahondar en el tema? No, toda vez que la manta acusadora se basa tan sólo en rumores. ¿Tenía Carmen una intención no develada al solicitarle a la Presidencia que aclarase si Calderón tiene o no un problema de alcoholismo? Sólo ella sabe eso y difícilmente lo revelará.

Pero lo interesante es lo que se desencadenó a raíz de los comentarios de Carmen. Hubieron quienes desde sus púlpitos mediáticos la condenaron; hubieron quienes criticaron su actuar, pero que defendieron su derecho a expresarse y hubieron quienes ignoraron el suceso. Y hasta ahí llegó el humo. Las condenas se centraron más en los diputados petistas y su revoltoso actuar y de los comentarios de Carmen apenas si se habló. Fue más en pláticas de café ese viernes que el tema se tocó.

Y llegó el fin de semana largo por el puente del 7 de febrero. Día de la Constitución en la agenda oficial, domingo de Súper Tazón y futbol local y lunes feriado. No podrían ser más benéficos para Calderón y su gobierno estos días de asueto. Todo mundo se olvidaría de la manta y los comentarios de Carmen para cuando llegara el martes (¿quién iba a escuchar los noticieros el lunes por la mañana?) Pero nunca hay que subestimar la capacidad oficial para cometer pifias políticas.

Si algo se ha dicho de Calderón, y la tinta vertida en los diarios es profusa en ello, es que es alguien que no olvida un agravio. De rencoroso, más que de vengativo, ha sido calificado Calderón tanto por sus allegados políticos como por sus cercanos enemigos. Y me detengo en esto porque no parecen haber otro protagonista principal en este affaire que el mismo Calderón. Difícilmente MVS habría dispuesto de la cabeza (o de la garganta, si cabe la metáfora) de Carmen sin mediar presión presidencial. Nada ganaba en congraciarse con quien nada le reclamaba. El estilo de Carmen ha dejado constancia que primero siempre abona el terreno para sus golpes mediáticos. De contar con pruebas del alcoholismo de Calderón y estar dispuesta a revelarlos en el programa del lunes 07 de febrero, entonces MVS habría tenido razones más que suficientes para no ser ellos el vehículo por el cual se diera a conocer tal noticia. Ello explicaría también el silencio que Carmen y su equipo cercano han mostrado a lo largo de estas largas horas. Pero ha sido también el estilo de Carmen el de hacer pinzas con otro medio (a veces Proceso, otras El Universal, algunas Reporte Índigo) al momento de revelar una exclusiva. No parece ser el caso ahora y difícilmente Carmen se lanzaría al ruedo sola con una noticia así.

Por eso me inclino (sin descartar las dos anteriores) a pensar que el explosivo carácter de Calderón habría desatado lo que apunta a ser una crisis de credibilidad que no se ve por dónde puedan contener.

Lo atrabancado de las formas (más políticas que mercantiles), la torpeza de parte de Presidencia (aceptar públicamente, a través de su vocería, que MVS les “informó” del despido de Aristegui), el escueto comunicado de MVS (revela más con lo que calla que con lo que sí dice) provoca que todo argumento haga agua y toda razón parezca insuficiente. Y encima, el silencio de quien a todas luces es la más afectada. ¿Por qué el silencio de Carmen? ¿Por qué el hermetismo de su equipo cercano? Carmen no es una novata en esto de que la corran de un espacio periodístico (de hecho sería la más experimentada) y raro sería que una decisión así la tomase por sorpresa. O está a la espera de que todo se interprete como un malentendido y regrese a su espacio (hay quienes argumentan que detrás de todo esto hay un golpe propagandístico para el lanzamiento de un nuevo programa de TV de Carmen, lo que se antoja muy improbable) o en verdad tiene preparado un golpe noticioso contra Calderón.

Hasta ahora lo que hay es una tibia justificación por parte de la empresa, un torpe desmarque por parte del gobierno, una vergonzante algarabía de comunicadores oficiosos y una descontrolada movilización por parte de los escuchas de Carmen. Todo conforma un circo de varias pistas en donde todos pierden: empresa, periodista, audiencia y gobierno. ¿Por qué, entonces, seguir adelante con una decisión que no parece beneficiar a nadie? La respuesta vendrá con el tiempo. Y como en las ocasiones anteriores, seguramente de nuevo dará la razón a Carmen.

 

Los cinefotógrafos, de los primeros damnificados por la muerte del celuloide

Posted in Autores on diciembre 25, 2010 by camadorz

Fue Sófocles quien, por sus deseos suicidas, acuñó la frase que lo único peor que no querer morirse era desearlo, pero no poder hacerlo. El celuloide se encuentra en esa posición. Desearía estar muerto, pero no lo van a dejar. Pero no es celuloide el que importa en realidad, sino la función del cinefotógrafo. Digital, HD, 2K, 4K o lo que venga… para el cineasta, el productor y el espectador el cine seguirá resumiéndose a una buena historia contada en la oscuridad de una sala. Pero para quien pinta con la luz, quien define el lienzo cinematográfico, quien se ha educado bajo la premisa de imprimir imagen en un pedazo de celuloide, el advenimiento de nuevo formatos digitales, pero principalmente la tecnología de los nuevos equipos de cámara y lentes parece dejarlos un tanto perplejos acerca de lo que será su función en la industria. Muchos productores prefieren que el realizador haga mancuerna con el post-productor en vez de integrar al equipo a un engreído fotógrafo que sólo retrasa la producción.

El sitio http://www.icgmagazine.com ha subido un artículo del cinefotógrafo inglés Oliver Stapelton en el cual define, desde su punto de vista (el que importa, en este caso), la función que el cinefotógrafo deberá tener en la industria de ahora en adelante.

http://www.icgmagazine.com/wordpress/2010/12/16/future-shock/

Lo interesante del ensayo de Stapelton es que parte del incontestable hecho que el celuloide, como soporte industrial del cine, tiene sus días contados.

Creo que fue Sófocles también quien dijo que no había que quejarse sobre la leche derramada…

La vida loca (Christian Poveda, 2009)

Posted in Artes, Autores, Cine, Fotografía with tags , , , , on octubre 1, 2010 by camadorz

“Yo tomo la fotografía como una herramienta

de denuncia, para hablar de algo que no funciona”.

Christian Poveda

“Casi todo lo que está en la

pantalla está muerto”.

Michael Rabiger

“La paz es una utopía y la muerte una realidad” en El Salvador, afirmaba Christian Poveda, tan sólo unas semanas antes de su certero asesinato, a un periodista francés en un pre-estreno de su documental La vida loca. Y entre la utopía y la realidad se mueve el discurso de Christian en el documental sobre la dieciocho. La utopía de pensarse dueño de su propia vida y la realidad de saberse preso sólo de la muerte; la utopía de pertenecer a algo, cuando en realidad ese algo es inasible; la utopía de creer que una prótesis de ojo nos quitará las cicatrices internas y la realidad de que ese ojo ficticio sólo nos ajustará en el momento en que nos cierren los ojos bajo el frío cristal de un ataúd; la utopía de pensar que el mundo empieza y acaba en La Campanera y la realidad de que el lobo no está afuera, sino dentro; la utopía de que un nefasto rito mortuorio limpia el alma y reconstruye el espíritu y la realidad de que las palabras están huecas y el ataúd lleno; la utopía de considerar que de ese espanto puede brotar la dignidad humana y la cruda realidad de encontrarse con cuatro balazos en la cara.

La vida loca (Poveda, Francia-México-España, 2009) es el documental por el que irremediablemente se ubicará la obra de Christian Poveda. Y no por ser un documento único en cuanto a su contenido, sino por ser la película por la que Poveda fue asesinado en La Campanera, barriolúmpen salvadoreño donde viven y sobreviven los miembros de la M18, una de las dos pandillas Maras que asolan San Salvador. No sé si será justo que el nombre de Christian Poveda haya sido por siempre tatuado en la piel del fenómeno mara, pero es un hecho que pasarán años antes de que otro documentalista tenga los arrestos para adentrarse en ese mundo irracional e ilógico que es el pandillerismo salvadoreño. ¿Cómo acercarse, entonces, al documento audiovisual por el que un experimentado periodista fue asesinado? ¿Cómo deshacerse de este tamiz de sacrificio y martirologio? ¿Cómo desvestirlo de esa aura de solemnidad que la muerte de su autor le ha conferido? Tal vez de la manera en que Christian Poveda se acercó siempre a los temas que le interesaron. Con una calculada subjetividad.

Yo en lo que hago no soy objetivo. Siempre defiendo un punto de vista bien claro que es el mío y cada uno es libre de pensar lo que quiera sobre él”. De esta forma justificó Christian la crudeza de su obra, lo mismo la que habla sobre los fanáticos de la ultraderecha europea que sobre los “maras” salvadoreños; lo mismo la de las fotografías de una glamorosa vida de Nueva York en el NY Times que sobre los disturbios estudiantiles franceses en Le Figaro Magazine; lo mismo como corresponsal de guerra para Newsweek en El Salvador y Nicaragua, que como cronista visual urbano en Paris. Christian Poveda siempre ubicó su discurso del lado de los desamparados, siempre trató de articularlo con la idea de darle voz a quienes se les ha negado. De ahí lo interesante de su obra. Su lente no sólo buscaba una imagen, sino lo que esa imagen desprendía. Y lo que desprende la imagen de un miembro de la M18 es por demás interesante y cautivador. Esos cuerpos tatuados de manera irregular, con la cabeza rapada y la piel ceniza, la afrenta en el gesto y la soledad en la mirada fueron el objeto ideal de seducción para un fotógrafo y periodista como Poveda. Si a esto se le suma su pasada estancia en El Salvador durante la guerra civil y ahora, tras la instauración de la democracia con un gobierno de izquierda (salido incluso de las filas guerrilleras del FMLN), los elementos se conjugaron para que Poveda hiciera de este país centroamericano, el más violento de la región, su casa por más de tres años. El primer acercamiento que Poveda tuvo con los maras fue a través de largas sesiones fotográficas y de conversación en las cárceles de El Salvador. Posteriormente, de acuerdo con sus propios testimonios, Poveda incursionó en las zonas de control de la M18, pandilla asentada en el barrio La Campanera, en el suburbio de Soyapango, identificado como uno de los espacios más violentos de la capital del país. Una vez establecidos los términos de su investigación y los límites de su trabajo (jamás revelados por Poveda a medio alguno, ni siquiera a los productores del documental, según testimonios de éstos), el documentalista franco-español grabó a lo largo de 14 meses en La Campanera, en una prisión estatal, en los juzgados locales de El Salvador, en un centro de readaptación para menores y en la morgue municipal. El resultado es uno de los documentos modernos más aterradores y palpables sobre la violencia pandilleril de los maras de El Salvador.

Cuando se arma un documental siempre se tiene una tesis avanzada. Pero también siempre ocurre que a lo largo del proceso de producción esa tesis se estrella contra una realidad que nos es desconocida. Christian Poveda repitió en varias ocasiones que su motivación inicial para la realización del documental fue la de entender por qué un niño de 12 años decidía convertirse en un asesino, cuáles son las causas que lo orillan a abrazar un destino tan cruel. Pero al ver La vida loca uno jamás entiende por qué sucede esto y tampoco alcanza a ver que el realizador haya intentado adelantar esa respuesta. Muchos han sido los artículos tremendistas que sobre el fenómeno mara han aparecido en la prensa, pero pocos han profundizado en sus causas y son contados quienes han dado seguimiento al fenómeno, ya no para entenderlo, sino para saber hacia dónde va. El antropólogo argentino Ernesto García Canclini expresó en una conferencia en la UAM que todo fenómeno social es orgánico y que se debe vigilar su evolución muy de cerca para no llamarse después a la sorpresa. Y el documental de Poveda es tan sólo el inicio de lo que tendría que haber sido un puntual seguimiento al fenómeno mara. De hecho, tras una breve ausencia de apenas 9 meses, Poveda regresa a una Campanera distinta, donde los mandos de las pandillas han cambiado y ahora los líderes son más violentos y renuentes a negociar una tregua de paz. “Esta situación me tiene preocupado, porque creo que van a aumentar los homicidios y las autoridades gubernamentales no tienen ni idea del monstruo que tienen enfrente. Una situación difícil que en mi opinión podría desencadenar en otro tipo de guerra civil”.

La vida loca lleva al espectador a través de la agonía de un grupo de pandilleros maras de la M18, pandilla que controla varias zonas del Salvador profundo. El documental no es una disección del fenómeno, sino un fresco de cómo el fatal destino de estos pandilleros está igual de marcado que su cuerpo; no es un tratado antropológico sobre el fenómeno mara, pero sí una visión distinta y muy humanizada de cómo estos pandilleros lidian con una realidad que no sólo nos es ajena, sino inescrutable; no es una película justificatoria de su condición como pandilleros, pero sí un espejo en el cual vernos como una sociedad que privilegia la violencia como herramienta de ejercicio de poder, la sordera como política social y la ceguera como herramienta de convivencia.

La obra de Christian era un trabajo en permanente construcción. Su mirada nunca estaba quieta y si su lente fijaba una imagen, su mente y su andar la ponían en movimiento. Por eso alternaba la cámara fotográfica con la de video. Por eso sus trabajos en video tenían la esencia de la fotografía y por eso sus portafolios fotográficos emanaban esa dinámica de la imagen en movimiento.

Un buen fotógrafo tiene que tener la capacidad de editar personalmente su trabajo. La edición es todo un arte que se aprende al recorrer, estudiar y analizar trabajos, libros, exposiciones de maestros y de nuevos talentos. Es un ejercicio permanente que todo fotógrafo tiene la obligación de imponerse a todo lo largo de su carrera”. Esto escribió Christian en su blog, semanas antes de que fuese encontrado muerto con cuatro balazos en la cara, a propósito del profesionalismo con que un fotógrafo debe desempeñarse. Y tal vez fue este sentimiento de profesionalismo lo que llevó a Christian a su inevitable asesinato.

Sergio García Michel, la voz y la imagen

Posted in Artes, Autores, Cine, Documental with tags , , , , on septiembre 28, 2010 by camadorz

Antes de hablar, quisiera decir algo.

Groucho Marx

Sergio García es (así en presente) de esos escasos cineastas mexicanos que prestan su voz para que sea la de otros la que se escuche. A diferencia de quienes intentan hacer cine de autor, de quienes se abrazan al cine comercial, de aquellos que se esfuerzan por realizar un cine documental o de los que buscan experimentar con el cine, la obra de Sergio García se identifica con aquellos que hacen del cine un medio para expresarse a través de la voz de los otros, de definir la voz de una sociedad a través de la voz de un grupo social, de alzar la voz contra quienes vociferan para acallar a todos, de hacer del silencio voz, de la voz música y de la música contemplación.

Es ocioso referir el hecho de que si Sergio García hubiese nacido en otro país (EUA, Francia, España) su cine habría tenido una resonancia de acuerdo con su valía. Pero es cierto. Es inútil recomendar a estas alturas la obra de Sergio García como necesaria para entender la evolución de la cultura pop y la contracultura mexicanas. Pero es verdad. De nada vale recordar que sin la obra de Sergio García la cinematografía mexicana estaría un tanto miope de su enfoque documental. Pero es lo justo.

Sergio García fue un realizador lírico, maestro dedicado, terco productor, inigualable compañero y un cineasta completo. En él era común conjuntar al director, productor, guionista, camarógrafo, sonidista y editor. Las películas (cortos, largos, ficción, documental, reportajes, videoclips) de Sergio García tienen esa extraña cualidad de la ingenua mirada del novel cineasta, de aquel que hace del cuadro su lienzo y su página escrita, pero también una ventana para mirar al exterior y que los otros nos miren hacia adentro.

Se ha catalogado la obra de Sergio García como experimental, de culto, documental, de vanguardia, de crítica social y hasta de adelantada a su tiempo. Pero también se le ha visto como naive, arcaica, sin estructura, complaciente, proselitista y hasta inocua. Todos estos calificativos validan una obra surgida no de la pretensión, sino de la entraña; no del conformismo, sino de la inquietud; no de la ridícula imitación, sino de la instintiva búsqueda; no para la complacencia de las élites intelectuales, sino para el registro de la memoria popular.

Quien conozca la obra de Sergio García podrá adivinar a la persona y quienes lo conocimos entendemos del por qué de sus temáticas y su estilo. No es que Sergio tratara de hacer filmes oníricos, sino que le era fácil reconocer la belleza en la cotidianeidad; no es que se negara a crecer, sino que su mirada siempre fue adolescente; no es que buscara escandalizar, sino que buscaba reflejar aquello que ocultamos; no es que quisiera trascender, sino que sus palabras guardan una cercana identificación con nuestros anhelos.

Al revisitar la trayectoria fílmica y videográfica de Sergio García nos encontramos lo mismo con cortos experimentales de narración no lineal (El fin, 1970; Eran tres, 1972), largos de docu-ficción (Un toke de roc, 1988) y documentales tradicionales (Superman cayó en Vietnam y Tarzán en Angola, 1979; El ángel de la paz, 1995), rockumentales (Jorge Reyes en el año del eclipse, 1992; El cantar de los cantores, 2010) y gran cantidad de cortos de una amplia variedad de géneros. Pero más que en su filmografía, la valía de su cine está en la manera en que lo ejecutaba.

Sergio García trabajaba fuera de la industria y de los grupos. Más que un outsider era un maverick. Gozaba su independencia y hacía gala de ella al momento de grabar (sus últimos trabajos fueron en video. Dejó el celuloide hace muchos años). Los recursos monetarios eran escasos, si no inexistentes. Sus actores no cobraban y la gran mayoría de ellos juraban que trabajarían de nuevo con él cuando se los pidiese.

Ajustaba la historia a las locaciones, la dinámica de grabación a los actores y todo era parte orgánica de la película. Sus grabaciones nunca estuvieron del todo planeadas. Siempre dejaba espacio para el azar y la improvisación. Era un fiel creyente en que la labor del realizador es la de coordinar el talento de los demás y acomodar las piezas al final. Por esos sus filmes son tan distintos entre sí en cuanto al nivel de ejecución, pero tan similares en su esencia. Encontrar un cineasta como Sergio García en la historiografía mexicana no sólo es raro, sino excepcional. Para acercarse a ella hay que dejar de lado cualquier viso de lectura comercial o de autor. ¡Caray! Hay que dejar de lado, incluso, nuestro aprendizaje del lenguaje audiovisual que las nuevas tecnologías y la TV han traído consigo.

Las imágenes de Sergio García son anteriores no sólo a Youtube y a la TV, sino anteriores también a ese cine que se vale de la exagerada fragmentación del cuadro para poder diluir un discurso vacuo y carente de sustento. Las imágenes de Sergio García tienen esa extraña cualidad de estar viendo algo real, desnudo de drama innecesario y evitando los ejercicios de estilo que el mercado exige.

Sergio García no deja una obra inconclusa, sino accesible para quien quiera leerla.

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