Doctor Who, un diminuto repaso I

shot0002.pngAunque Doctor Who en estos días celebra su quincuagésimo aniversario, no está de más detenerse y considerar que el festejo también tiene su parte de homenaje acéfalo. Lo anterior no sin una dosis de mala leche, en la medida que la fama actual del Doctor Who es genuina en todo el amplio sentido de la palabra, pero resulta de procesos que se dan a partir de 2005 gracias a la intervención de Russell T. Davies.

showbiz_russel_t_davies.jpgEs decir, el Doctor Who que alguna vez existió hasta 1989, en realidad es artículo de un pasado tan perdido en el tiempo como los artilugios en el libreto de una historia en torno al personaje, porque su reciente fama mundial es más bien hija bastarda no deseada cuya legitimidad está a prueba de toda duda. ¿Motivo? Se trata del fenómeno social más apabullante de la narrativa de los siglos XX y XXI, porque cuando la BBC abandonó la idea de continuar su producción, décadas antes del surgimiento de las redes sociales en Internet, su base de aficionados impidió que se perdiera y la hizo resurgir con la fuerza que tiene en la actualidad.

La malicia antes de Baker

dwa6600.jpgDoctor Who fue una serie de televisión muy importante durante los años 60, en la medida que sirvió como escenario para recrear la ciencia ficción que despuntaba tras el final de la segunda guerra mundial, debido sobre todo a la aparición de la bomba atómica, así como los diferentes proyectos para salir de la atmósfera terrestre. Pero una vez que el hombre pisó la luna en 1969, el sub género debió admitir que buena parte de lo producido para los medios no era otra cosa sino fantasías disparatadas.

Así, la ruta que trazó la serie con las intervenciones de William Hartnell, Patrick Troughton y Jon Pertwee, además de entusiastas, poco a poco empezaron a verse afectadas por un factor cultural paralelo que le dio a Doctor Who el sello imperecedero que hoy ostenta: el Doctor no solo era un alienígena con apariencia humana transportándose por el tiempo y el espacio, era un anarquista con la resolución de cambiar las diferentes versiones de la realidad en que lograba participar.dwa6800.jpg

Desde 1963 hasta 1974, esos venerables actores —además de sus papeles— encarnaron las inquietudes de una época que recorrió aquello admitido como la norma; los procederes social, cultural y políticamente aceptados, gradualmente vueltos objeto de argumentos que trataron cuidado ecológico, genocidio, guerra fría, mutaciones producto de la intervención genética, militarismo, políticas internacionales… en una serie de televisión supuestamente dirigida al público infantil. Doctor Who fue el artífice de metáforas en torno a problemas tan o más contemporáneos que supuestas producciones «serias» para adultos.DW1971ann01cvrs.jpg

Pero así como la BBC de Londres aparecía en calidad de hogar del Doctor Who, también era motivo de preocupación que Gran Bretaña fuese objeto de críticas indirectas, tejidas con el espíritu de los años sesenta desde la producción televisiva oficial. Durante su undécimo año, el presupuesto había disminuido considerablemente hasta el punto de economizar los efectos especiales, pero justo cuando se preparaba la transición de Pertwee para el nuevo actor a punto de retomar la estafeta, la llegada de Tom Baker habría de transformar todo cuanto se sabía del personaje así como la ciencia ficción de su tiempo.

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