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Josh Bernhard y hacia Pioneer One, el ciberespacio capitulado I

Posted in Arte Contemporáneo, Artes, Autores, Cine with tags , , , , on agosto 8, 2011 by deepfocusmagazine

Pues bien, así como Vodo hizo las delicias de algunos que ansiaban contar con un sistema de distribución, otro tanto pasó para quienes se lo tomaron en serio. Por una parte se convirtió en modelo de presentación, promoción y exhibición, paralelo al ataque masivo que lanzó la industria hollywoodense contra los administradores de The Pirate Bay.

En algún punto, el debate público perdió de vista que mientras estaba concentrado en la «iniquidad» del sistema bittorrent para «robar contenidos protegidos en la red», por otra parte se estaba promoviendo la posibilidad para emplear la misma prestación tecnológica a favor de quienes no estaban adheridos a la industria o un proceso de producción «oficial». De hecho, que mientras para las grandes empresas representó una fuga importante de dinero para sus canales de recaudación ordinarios, para otros se estaba constituyendo en la primera fuente de ingresos financieros reales para culminar una realización cinematográfica.

Por allá del 2009, el primer ejemplo importante a propósito de eso fue la presentación del largometraje The Lionshare(Josh Bernhard, 2009) en eztv, isohunt, btjunkie.org, thepiratebay.org y vodo.net, que lo convirtieron en un auténtico parteagüas en términos cinematográficos, de producción y para internet.

La premisa del relato era bastante ordinaria —y en más de un aspecto insulsa—, un joven que hace una cita a ciegas con una muchacha, conforme platica con ella, le habla de su amor por el cine, que en breve lo lleva a hablar de su película favorita, Ghostbusters (Ivan Reitman, 1984). Ambos deciden ir a su departamento y desde la terminal de su máquina hacen una búsqueda para descargar la película de internet, ya que no la encuentran en el video club donde planean rentarla. El sitio que eligen justo se llama The Lionshare.

A medio camino entre el cine indie, muy influido por Wim Wenders y Werner Herzog, The Lionshare se transforma en el tipo de realización al que le importa un verdadero rábano lo que la industria hollywoodense entiende respecto a la realización de una película.

Abiertamente frontal, en la vena de lo que Jim Jarmusch decidió abordar cuando realizó Stranger Than Paradise (1983), Bernhard se toma todo el tiempo del mundo para narrar la espera de Nick (Mike Pantossi), desde una percepción en que la estructura del relato recae en torno a esa página web, la muchacha de quien no vuelve a tener noticias sino mucho después, al igual que el recorrido por una ciudad donde no se retratan efusividad ni ánimo desentendidos.

Es decir, algunos de los rompimientos y llamados de atención que prevalecen y siguen vigentes en los experimentos tanto del cine de vanguardia como en la producción europea, cuya filosofía consiste en producir sin atarse a los lugares comunes formulados por la obligatoriedad del cine estadounidense, están allí, en The Lionshare, sin extenderse en monólogos cansados ni en apologías de la existencia. Se limita a presentar una realidad de la producción en pequeña escala y desde una comunidad más bien sobria sin ánimos de ser espectacular.

Una especie de heredero del trabajo de Hal Hartley —realizador estadounidense independiente con cánones propios, pese a los estándares de Hollywood—, así como lo que ya se comentó de Jarmusch, Bernhard fue laureado por su filme completamente atípico, además de elogiarse su amparo en el uso de una plataforma que a su vez inspiraba el sentido de la cinta. Pese a la marginalidad del planteamiento, la película resultó un éxito y sirvió para cimentar el prestigio de un realizador muy joven y ambicioso.

Ante la posibilidad de un éxito fugaz propio de un advenedizo, Bernhard dio las primicias del siguiente proyecto en el que incursionaría, sin especificar del todo en qué consistiría, pero a principios del 2011 se abrió paso con Pioneer One.

Pese a que en su trabajo se descubren con cierta facilidad las influencias de autores y obras reconocidos del cine internacional, lo que se temía audacia sin más, mediante Pioneer One se confirman el rigor estilístico para dominar convenciones de género, así como la originalidad para interpretar con nuevos recursos planteamientos clásicos sin importar su austeridad, al igual que la falta de lugares comunes vistosos.

Pero de eso se hablará en la siguiente entrega.

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