Archivos para marzo, 2011

“El futuro del iPhone”

Posted in Ciencia Ficción, Cine with tags , , , on marzo 31, 2011 by deepfocusmagazine

Evidentemente no es así, pero ¿qué pasaría si un día los aparatos de Apple realmente dominaran todos los aspectos de la vida cotidiana en la Tierra?

Ron Mueck, muecas de un realismo exacerbado

Posted in Arte Contemporáneo, Artes, Autores, Escultura with tags , , , on marzo 23, 2011 by deepfocusmagazine

El hiperrealismo es una de las tendencias más delirantes de las que se haya llevado registro en la historia del arte. En líneas generales, actúa como apelación al enigma de la existencia.

Por un lado plantea la maestría del ejecutante respecto al dominio de una técnica que, a su vez, registra con minucia espectacular cuanto pretende duplicar de una referencia —la mayoría de las veces anatomías humanas o entidades orgánicas cuya sola existencia es en sí misma motivo de asombro—, pero en el proceso de creación lleva ya inscrita una forma de cuestionamiento, así como una abstracción flotante, indefinida, dado que parte del proceso estético de estos trabajos —cualquiera de los que pertenecen al ámbito hiperrealista—, provocan el efecto de una obra congelada en el tiempo. De una criatura desencajada del flujo normal de la naturaleza que, además de perturbar, fascina por un efecto mórbido de rompimiento.

Aunque fue un movimiento con una generación de representantes, en realidad era una población pequeña, en parte porque para el momento de su aparición el privilegio se concedía a las obras abstractas, en parte porque la ejecución en esta vertiente implica una pasión maníaca por la perfección técnica, misma que pondría en cuestión cuál de los elementos de una obra tiene mayor importancia: si el perfil obsesivo del autor haciendo un despliegue impresionante de habilidades o la pieza en sí misma, cuyo contenido debería desprenderse de todo aparato montado para asombrar a un espectador hipotético, sea cual fuere su propósito.

El hiperrealismo, con el paso del tiempo, perdió su vigor en calidad de escuela/movimiento, ya que la recuperación de las escuelas clásicas no estaban cuestionadas como referencias directas para el desarrollo de un estilo ni la capacidad para proveer a un autor de las herramientas indispensables para desarrollarse.

No obstante, pese a la dificultad profesional, así como el riesgo estético de una propuesta hiperrealista, goza de cierto prestigio y admiración. En la actualidad la obra de uno de los mayores ponente contemporáneos de este movimiento ha llegado a México: Ron Mueck.

Espectacular a más no poder, Mueck debutó en Monterrey en las instalaciones del MArCo (aunque ya había expuesto en 1999) con la primera exposición individual que presenta once de sus trabajos en gran formato, y desde los preparativos de la curación fue un montaje sin precedentes en la historia del museo: el uso de una grúa para introducir a «La bebé», tras haber desmontado la ventana del piso superior, hasta la disposición de la obra bajo el ojo vigilante del escultor.

Pese a que el autor no asistió a la inauguración de su muestra, la presencia de Mueck en México es uno de los eventos más esperados en años para la comunidad artística nacional.

La trayectoria del artista se encuentra envuelta, entre otras cosas, por un halo de misticismo propio del éxito caído del cielo. Aunque formado en el contexto de las bellas artes, durante años trabajó para la industria cinematográfica hasta que la mamá de su esposa le pidió esculpir un Pinocho y desde entonces el creador tanto de utilería como efectos especiales ingresó al mundo del arte.

A continuación, el vínculo lleva al sitio web del museo de Brooklyn, donde se presenta uno de los mejores videos con la participación del autor, así como el proceso de creación de una de sus esculturas: Ron Mueck.

 

All Star Superman, un renacimiento más para el hombre de acero

Posted in Animación, Arte Contemporáneo, Autores, Cine, Comics with tags , , , , , on marzo 4, 2011 by deepfocusmagazine


Leo Quintum, un filántropo cuyo genio y talento para las ciencias son similares a los de Lex Luthor, emprende un viaje de exploración en una nave equipada para lo que será el primer viaje humano hacia el sol. Ya en las capas superiores de la estrella, uno de los miembros de la tripulación se revela como clon sembrado por Luthor para sabotear la misión, además diseñado para estallar tan pronto se encuentren cerca de la superficie.

Justo entonces aparece Superman para salvar el día, pero cuando rescata la nave tanto Quintum como Superman descubren que la exposición prolongada al sol, además del contacto con el clon, desarrollan en el héroe una nueva habilidad: la capacidad para extender su «aura bioeléctrica», que le permite recuperar a los viajeros pero altera su fisiología hasta el punto de corromper su estructura genética en forma irreversible, desarrollando en él un equivalente a la metástasis de un cáncer.

A partir de ese momento Superman inicia una carrera contra el tiempo para realizar tantas empresas como estén al alcance de su mano, ante la amenaza de una muerte inminente que progresa poco a poco.

Superman viaja al sol (All Star Superman, Sam Liu), pese a ser el décimo título de una serie de largometrajes producidos por DC específicamente para su salida en DVD –en una iniciativa similar a la producción de OVAs japoneses–, es el primero que hace una adaptación fiel de un trabajo publicado por la empresa de cómics a partir de la creación de Grant Morrison, uno de los autores más innovadores y complejos de quien se tiene noticia en la industria del cómic contemporáneo.

Aunque ya se había intentado la adaptación de JLA: Earth 2 con Liga de la justicia: Crisis en dos Tierras (Justice League: Crisis on Two Earths, Lauren Montgomery, 2010), del mismo creador, esta adaptación se tomó más libertades que con su ya célebre All Star Superman, por lo que se considera un primer intento ni siquiera bien logrado.

Pese al lanzamiento oficial de la cinta el 22 de febrero del año en curso, en el breve plazo de unos días All Star Superman se ha convertido en una sensación para la prensa, ya sea que se hable de especialistas en cómic, cine o animación, en todos los casos la reacción es la misma: probablemente se trata de la segunda mejor realización llevada a la pantalla desde el Superman de Richard Donner en 1978; pero en todos los casos la conclusión es idéntica, ¿de qué otra forma podía ser, si se respetó casi en su totalidad el argumento original de Morrison?

Un ensayo personal


En 2005, ya con buena parte de su fama bien ganada gracias a The Invisibles, Grant Morrison volteó hacia la reconstrucción de algunos superhéroes –como hizo al comienzo de su carrera con Animal Man y Doom Patrol, previos incluso a The Invisibles–, pero a sabiendas de que el resultado sería más bien atípico y en muchos sentidos ecléctico, DC Comics le soltó las riendas al escritor inglés y dejó en sus manos un caprichito que a la fecha es una de las pequeñas obras maestras del autor en el contexto de la producción industrial: reconstruyó a Superman.

Cuando apareció All Star Superman, desde el primer ejemplar quedó clara la postura de Morrison en torno a su percepción del personaje y qué haría con él, ya que si parte del mito en torno al hombre de acero apunta hacia su ilimitada capacidad para enfrentar obstáculos, en el caso concreto de su tratamiento sondea cómo afrontar la presencia de una muerte garantizada y conforme progresan sus tareas, se vuelve gradualmente vulnerable pese al contradictorio incremento de su poder.

Famoso por su habilidad para deconstruir los elementos internos de las mitologías que componen a los diferentes personajes del universo del cómic para atribuirles nuevos rasgos desde una lectura integral, Morrison advirtió que su trabajo estaría desvinculado de la continuidad canónica de las títulos a la venta para el público tradicional. All Star Superman sería un trabajo aparte con una duración y límites predefinidos.

Así, este Superman confrontaría en el mencionado duelo con su propia vida, doce tareas como las de Hércules, previas al anuncio formal de su muerte. El rescate de la nave; la creación de una pócima capaz de otorgar por 24 horas un duplicado de sus poderes; la derrota de una esfinge del futuro mediante la respuesta de un acertijo sin solución para salvar la vida de Luisa Lane…

La elección de un tono

Allá por 1986, justo cuando se había llegado a la conclusión de que la figura de Superman era un absurdo insufrible, se consideró buena idea delegar a un autor recién integrado –pero célebre por sus tratamientos– el reinicio de la mitología del superhéroe, no sin antes darle un buen y certero fin para comenzar desde cero. Por esas fechas se comisionó el trabajo a Alan Moore para que se hiciera cargo del título ¿Qué pasó con el hombre del mañana? (Whatever Happened to the Man of Tomorrow?), también considerando la posible y eventual muerte de Superman en condiciones –además de complicadas– poco favorables para el personaje.


Aunque en ese trabajo predominaba un tono con privilegios para el naïve del icono que por ese entonces fue Superman, en medio de una época en que la cultura pop había roto el cascarón para transformarse en el primer y más nihilista dark del Siglo XX, en él operaba una especie de efecto de erosión por el que a falta de madurez de los creadores para evolucionar al ritmo de los tiempos predominantes, el superhéroe atestiguaba la descomposición gradual de su entorno, hasta el punto que su problemática consistía en determinar cómo hacerle frente a un conflicto general dirigido hacia su persona, que consistía en no dejarse rebasar por la abrupta e inesperada brutalidad de sus oponentes, quienes habían pasado en escalas de menos a más de enemigos simplones e idiotas a asesinos indolentes, hasta llegar a sus némesis mortales, convertidos en atrocidades de magnitud cósmica.

Fue un título magnífico para la época en la medida que hizo visible al peor y más implacable enemigo del cómic: su lector, ya que así como nutría su razón de ser, a la par de su existencia, había evolucionado para destruir de pies a cabeza las nociones sencillas de una visión maniquea sin más. Eran los años de una constante amenaza de guerra nuclear bajo el gobierno de Ronald Reagan, cuya traducción no tenía paralelo en la ingenuidad vacía de un trabajo sin elemental profundidad creativa.

A su vez, sería la primera de sucesivas muertes del personaje, que inauguraron un ciclo de reinicios cada 15 años, siempre bajo la expectativa de un renacimiento innovador, delegado sólo a los profesionales consagrados, apenas al calce para trabajar con el conato de semidiós que desde siempre ha tendido a ser Superman. Pero, si ya se había hecho, ¿en qué consistiría la modificación de Morrison?

¿Qué tal un Superman existencial?

Sí, es decir, un héroe que consciente de su mortalidad, decide crear un universo completo por sí mismo, donde vería la formación de una Tierra alternativa en la que no existe Superman, para con ello ganar paz y conciencia de que realmente no es indispensable. No solo eso, que desde su contemplación externa, atestigua el desarrollo de la noción de un superhombre bajo la pluma de un F. Nietzche, así como observa la creación de un Superman en calidad de personaje de ficción, pero nada más que eso. Ni por asomo una persona real.

Le hace saber a su enemigo mortal que el conjunto del universo, desde lo microscópico hasta lo invisible, es en realidad un conjunto de conexiones que unen todas las cosas y que, en lugar de un guardián del bien, el extraterrestre ha dedicado su existencia a custodiar ese equilibrio y allí donde hay disputa entre ellos, hace que desde la inteligencia de Luthor se percate de la estupidez de su enemistad, basada solo en las conclusiones miopes de la mente maestra.

Que el amor entre Luisa Lane y su ilusión de un salvador, por su carácter mesiánico, está más bien basado en la fantasía y, por ello, nunca imaginó desperdiciar años de su vida lejos del humano real que aprendió a conducir un tractor y venerar la Tierra donde lo educaron sus padres adoptivos. Ese Superman.

Pero dicho sin la cobertura de un argumento que reverbere sobre la estructura del personaje, es la realidad narrativa que imantó a miles de amantes del cómic y, de todos aquellos a quienes francamente la idea de leer un cómic con el personaje en realidad se antoja como invitación a la pereza, en este caso es el desperdicio de una buena lectura de un muy buen escritor.

Quizás el primer intento serio para una nueva posibilidad en términos de adaptaciones, relativamente libres de los cánones de argumentos simplones, Superman viaja al sol (All Star Superman) podría convertirse en la primera en una línea de adaptaciones de cómics para adultos y ojalá, la vanguardia de aquello que las producciones de Hollywood apenas conciben se puede realizar.

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