Gantz, esa lenta y perturbada parafernalia I

A inicios del nuevo milenio, en pleno auge de la euforia por todo cuanto tuviese que ver con manga y anime, una serie se abrió paso entre los jóvenes ávidos de nuevas historias y giros argumentales: Gantz.

Declarado desde el principio como un trabajo hecho a partir de influencias —Matrix y The Cube entre las más notables, incluso con reconocimiento del autor—, también había elementos de Men in Black, 2001: A Space Odyssey, The X-Files, Battle Royale, Ichi: The Killer, Tron, Ghost Busters, Westworld, Dead or Alive

En fin, guiños desmedidos apelando a la cultura popular en los medios masivos pero, como en casi todo manga que se precie de serlo, amalgamada de tal forma que bien se podía percibir propia y con recursos autónomos.

El punto de partida de la serie se da cuando unos estudiantes se reencuentran en el andén de uno de los trenes subterráneos de Tokyo. De hecho, uno de ellos, Masaru Kato, baja a rescatar a un indigente que cayó en las vías, aunque no logra mucho; es entonces cuando reconoce a Kei Kurono, su antiguo compañero de escuela, a quien le pide ayuda y con más remilgos que disposición este desciende para apoyarlo.

No obstante, la buena acción les cobra el gesto con creces, ya que se acerca el siguiente tren y ellos, con toda ingenuidad creen se detendrá tan pronto esté cerca de la estación.

Pero los gritos de quienes ven cómo se desarrollan los eventos terminan por convertir la buena acción en tragedia: las vías donde están corresponden al tren expreso que no hace paradas y marcha a toda velocidad.

Y justo allí, donde el argumento podría ser todo lo que se desarrolla tras el deceso de los jóvenes, en realidad es el inicio de la aventura.

Sin explicación alguna, ambos reaparecen dentro de un departamento del que no tienen detalles, entre otras personas a quienes no conocen, un perro y una esfera negra en el centro de una habitación amplia.

Ignorantes de cuanto sucede, se limitan a presentarse con los extraños, cuyo rasgo común con ellos es una muerte violenta fracciones de segundo antes de llegar a la habitación. No hay comunicación con el exterior para aquellos con teléfonos celulares entre sus pertenencias; aunque lo intenten, tampoco pueden girar las perillas de las puertas ni abrir las ventanas. Más allá de eso, nadie conoce el propósito de su estancia en el lugar, aunque hay quienes dicen que se encuentran en el paraíso.

Cuando disminuye la tensión, aparece la manzana de la discordia y los protagonistas ven con horror cómo se efectúa la llegada de nuevos personajes en el escenario.

El comité de bienvenida se distorsiona con la súbita llegada de la joven y el inicial clima de camaradería se desvanece para dar inicio a un conato de violación, que a su vez resulta interrumpido por la intervención de Masaru, así como la entrada en actividad de la esfera:

En primer lugar, deberán admitir su destino, ya que Gantz —la esfera— es ahora dueña de sus vidas y todas las instrucciones procedentes de ella, deberán ser cumplidas al pie de la letra; en caso contrario, serán ejecutados. Pero las instrucciones en la superficie están escritas como por la mano de un hacker, al igual que su sintaxis y construcción parecen producto de un interno de hospital psiquiátrico.

Aun así, la orden es clara: exterminar al extraterrestre cabeza de cebolla.

Tras ello, Gantz se abre para entregar uniformes y armamento que servirán en la captura de la presa, dejando al descubierto al habitante de la esfera.

Atemorizados y aun más confundidos, sólo Kurono decide uniformarse, mientras el resto del grupo elige las armas y en unos cuantos minutos, así como llegaron, todos los ocupantes de la habitación son transportados al campo donde iniciarán su cacería: Tokyo.

El fenómeno GANTZ

Abigarrada, compleja, la trama de Gantz se tomó la molestia de presentar una historia que parecía en deuda con casi todos los géneros cinematográficos, videojuegos, mangas, animes y hasta costumbres locales de Japón, con tal de narrar una historia. Esfuerzo que, con todas las precauciones consideradas, bien podía representar su más rotundo fracaso.

Pero detrás del proyecto había un narrador muchísimo más maduro de lo que inicialmente cupo suponer, pues como diversos autores de mangas famosos estilan, alientan la producción de un cliché visual con vicios autorreferenciales —la repetición de una misma mecánica para justificar la producción del título—, Hiroya sí se valió de cierto lugar común en el manejo de la historia, pero —hasta el momento no es del todo claro— tuvo a bien plantear una transformación poco frecuente en el desarrollo de los personajes orientales, específicamente la de Kurono Kei.

De primera mano un reverendo inútil con aires de grandeza, se trata del protagónico más repelente en la propuesta inicial de una historia: es bastante ordinario, egoísta, contradictorio, despectivo… Son bastantes sus atributos negativos. De hecho, se presenta de tal modo imbécil que su propia muerte resulta repulsiva por la estupidez con que reacciona:

Primero con asco y después recriminándole a su amigo, ¡pese a que le ayudó voluntariamente!

Con ambos elementos en juego —el altruista dispuesto a ayudar versus el cobarde egoísta que parece afortunado en la supervivencia—, en algún punto del relato, el lector descubre que cada una de las misiones es en realidad una batalla a muerte contra lo desconocido, contra adversarios letales cuyo peligro aumenta de una misión a otra, salvo porque en caso de agonizar o estar profundamente malheridos, mientras venzan al oponente, podrán volver a la habitación de Gantz reconstituidos por completo.

Pero ese protagonista hueco, preocupado sólo por sus intereses, aunque la mecánica de los manga tiende a presentar la evolución de un personaje hasta elevarlo a niveles heroicos más allá de lo ordinario —casi en calidad de semi dioses—, en este caso establece una metamorfosis harto sui generis, incluso en términos de los cánones occidentales.

El personaje “odioso” bien puede, en algún momento de la narración, adquirir cierto grado de empatía con el resto de sus allegados y quizás no modificar siquiera un poco de su visión del mundo, pero sí puede volverse un antihéroe agradable con quien lector/auditorio establece su identificación.

No obstante, cuando alrededor suyo predominan asesinos, fanáticos, pervertidos, traficantes, mercenarios, vagos, víctimas… ¿con quién establecer empatía? De hecho, siguiendo las líneas de Gantz, los débiles —quienes por simpatía con el lector deberían contar con más favores— a veces mueren; pero los fuertes —quienes tendrían más armas y elementos a su favor para resistir— también. Con dicha premisa, basada sobremanera en el caos y lo impredecible, ¿hacia quién se inclina la balanza?

El autor es material dueño del desarrollo de los eventos y lo aplica en todos y cada uno de los casos que considera pertinentes. Allí radica una de las razones del éxito de Gantz: rompe los esquemas tradicionales de las simpatías, incluso del autor con sus personajes mascota. Pero también constituyó la clave de sus diferentes etapas en la lectura occidental.

Anuncios

2 comentarios to “Gantz, esa lenta y perturbada parafernalia I”

  1. Muy bien elavorado. Hare un pdf de este post y lo colgare x la web para ke circule dandote tus respectivos creditos por supuesto.

    Me gusta

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: