De regreso, una vez más…

Publicado en Cine, Arte Contemporáneo, Artes, Danza con etiquetas , , , , , , , el enero 28, 2012 por szofiel

Ha pasado mucho tiempo y numerosas cosas. Aunque se trata de una entrada breve, que sea para devolverle un poco de vida a esta página, bastante olvidada en el transcurso de unos meses.

Primero, le agradezco a Josh Bernard por ligar esta página con su cuenta de Twitter luego del artículo escrito en torno a Pioneer One, a Sean Hatter, con quien tengo una entrada pendiente pero ya es un seguidor de Reloj Makech y, sobre todo, a quienes no han dejado de visitar la página y más a quienes se han afiliado a los contenidos que van apareciendo en ella.

No es fácil mantener un lugar con estas características, del que se ha preguntado “¿Cuántas personas escriben en él?” “Como que es un blog medio raro… ¿no?” “Siempre son cosas de las que casi nadie habla…” entre otras, pero a medio camino de la intuición, la curiosidad y una buena porción de mera suerte, así se publicó una entrada de Ron Mueck cuando apenas se estaba organizando la exposición en Monterrey, a principios de 2011 y en 2008 se habló de Jason De Caires Taylor, cuyos registros en video hoy son una cortinilla de Canal Once… algo está funcionando bien.

Pero cuando se trabaja a solas, guiado como a palos de ciego, es difícil saber si se está siguiendo el camino apropiado, que en este caso específico es única y exclusivamente el del lector

Ya que no se trata de un trabajo con remuneración económica, sino el placer de escribir para convidar al lector interesado, así como editar para que la presentación sea tan decorosa como quepa, sí, es un hecho: Reloj Makech está muy lejos de morir. En el caso de que así parezca, sintonicen sus redes sociales, porque la vida diaria es la que determinará que las pausas sean cortas o extensas, pero esta página, los alientos que la sostienen, se mantendrán hasta que ya no quede más razón ni vida para continuar con el proyecto.

Así las cosas, para recibir a los recién llegados y animar a quienes regresan, una pequeña cucharada de ritmo y buen sabor con dos videos que considero mis muy personales favoritos.

Gracias por seguir aquí.

Josh Bernard y hacia Pioneer One, el ciberespacio capitulado II

Publicado en Artes, Autores, Ciencia Ficción, Cine, Historia, Nigel Kneale, Quatermass Experiment, TV con etiquetas , , , , , , el septiembre 3, 2011 por szofiel

A través de Pioneer One, de manera harto paradójica, Josh Bernard revisitó uno de los clásicos más importantes de la ciencia ficción británica que a largo plazo redefinió el esquema de la producción para televisión: The Quatermass Experiment.

Primer título importante producido por la BBC, The Quatermass Experiment fue uno de los hitos que —aunque poco se ha hablado formalmente de ello— se copió y transmutó en una de las referencias indispensables para el tratamiento de historias de ciencia ficción, a propósito de la llegada de vida extraterrestre inteligente capaz de infiltrarse en el modus vivendi humano sin ser percibida.

Por ejemplo, apenas un año después de la adaptación para el cine (The Quatermass Xperiment, Val Guest, 1955) tras el éxito de su transmisión por tv, en Estados Unidos se estrenó La invasión de los muertos vivientes (Invasion of the Body Snatchers, Don Siegel, 1956), tratamiento del que sobrevive la reacción de un grupo de humanos conscientes de la presencia de vida alienígena, excepto porque la narración se enfoca en la reacción de este encuentro en el contexto de un poblado pequeño, mientras en la versión original participa de primera mano el científico titular, Bernard Quatermass.

El argumento narra cómo el doctor Quatermass, tras enviar al espacio la primera nave tripulada por humanos, busca explicación a la pérdida de contacto con el aparato para después recuperarlo pero solo con uno de los tres astronautas que lo abordaron. De hecho, cuando se examina al viajero, presenta cambios en su estructura celular que anuncian una metamorfosis iniciada durante la desaparición de la nave.

Así, en una vena muy similar a la aportación de Nigel Kneale, guionista y creador de la serie, Josh Bernard presenta Pioneer One.

A la vuelta del Siglo XXI

¿Por qué sería paradójica la semejanza entre Pioneer One y Quatermass? Porque el realizador de la primera quizás se vuelva pionero de una forma de producción independiente con la que finalmente se demuestre la efectividad de internet como plataforma de distribución, con reglas, como en su momento fue innovador Kneale al demostrar que el nuevo medio de aquél entonces no era limitación para relatar una buena historia. Además, el parecido de sus narraciones.

Sin demeritar el trabajo de Bernard, mientras buena parte de la ciencia ficción de los años 50 mostró la cara de la paranoia estadounidense —debida en muy buena medida a la cacería de brujas macartista— y casi toda la producción del género se orientó por ella como metáfora del miedo hacia la «amenaza comunista», la inspiración de Kneale pasó al olvido y el desconocimiento masivos.

Pioneer One funciona como un homenaje hacia su trabajo, aunque se actualiza con ideas propias del joven autor, quien además revela una particular maestría para dominar el género con una premisa que ensambla hábilmente preocupaciones del anglosajón contemporáneo.

Durante una noche, desde diferentes puntos en la frontera entre Canadá y Estados Unidos, se avista la presencia de un objeto cuya caída primero es confundida con una estrella fugaz y después un misil arrojado por terroristas, ya que el objeto emite radiación y contamina tanto población como territorio de Edmonton. De inmediato se envían fuerzas especiales supervisadas por agencias gubernamentales para determinar la causa, pero en el lugar del impacto encuentran una cápsula tripulada por un joven quien viste un uniforme espacial de la Unión Soviética, habla ruso y la documentación consigo explica que proviene de una misión para colonizar Marte, donde nació en los años 80.

A partir de ese momento comienza una suerte de carrera contra el tiempo cuyo propósito consiste en determinar la naturaleza del fenómeno que cae en manos de dos agentes de seguridad nacional. Muy a la manera de la dupla Mulder/Scully en Los archivos secretos X, Tom Taylor (James Rich) y Sofie Larson (Alexandra Blatt) primero intentan resolver el enigma, pero nada consiguen hasta que se respaldan en la supervisión del científico Zachary Walzer (Jack Haley), cuya participación se vuelve decisiva para encontrar evidencias ante el silencio del muchacho.

Sin embargo, justo cuando podría confundirse con un refrito de la producción de Fox Television, mirando con cuidado surge una semejanza remota y muy sutil con otra serie de televisión británica: Zafiro y Acero (Sapphire and Steel, 1979), los agentes paranormales encargados de resolver disturbios en tiempo y espacio, dado el carácter de los personajes al igual que la tensión afectiva entre ellos, sin tocar siquiera de lejos el contraste creyente/suspicaz que predominó entre Mulder y Scully. Solo por eso, la dinámica de la narración gana en efectividad, al tiempo que hace un guiño para el aficionado al género.

Expectación a la vuelta de la esquina

Pero lejos de rememorar series originales por falta de creatividad, desde el primer episodio Pioneer One logró algo que se habría considerado casi imposible desde sus días de producción en 2010, hasta el último capítulo producido a la fecha: 3,170,095 descargas.

Ya que la mayoría del material presentado en Vodo.net se encuentra en proceso de producción, salvo si se trata  de una sola exhibición o un largometraje, los títulos dependen por completo del apoyo de los visitantes para recaudar los costos de producción a través de donaciones.

Bien mirado, equivale al costo de la taquilla en una película, una porción de la tarifa por el servicio de televisión en cable o algún servicio de transmisión exclusivo, por ello el apoyo recibido por este título es admirable, aunque de ninguna forma inesperado.

Proyectado como un trabajo en seis entregas de media hora para la primera temporada, cada uno de los episodios que la componen ha logrado mantener al espectador pegado en el borde de sus asientos. No le pide un cabello a una sola de las producciones más costosas de la televisión contemporánea, pese a la austeridad de la producción, que cuando se trata de locaciones, utilería, vestuario y efectos, es increíble la diferencia que pueden hacer en el manejo de recursos, a la vez que cambian y provocan cuestionamientos de fondo en torno a estereotipos y clichés hollywoodenses.

Todavía en el cuarto capítulo, faltan dos entregas, mismas de las que el quinto capítulo ya debe estar próximo a aparecer, con un epílogo en la cuarta emisión donde se refleja el entusiasmo del reparto, al igual que el apoyo recibido por el proyecto en su totalidad.

Ya en esas, ante el posible suspenso de Pioneer One, deténgase a pensar un momento y pregúntese: ¿daría ese dinero que paga a los piratas para promover cine y televisión independientes? Porque en estos momentos se está considerando la posibilidad de transmitir la totalidad de la serie entre los competidores de la televisión tradicional. Imagine lo que pasará cuando cristalice el proyecto Google TV.

Por eso Vodo.net tiene todas sus esperanzas puestas en este proyecto, porque con él habría un cambio definitivo en el mundo de la televisión e internet.

Hasta la próxima.

Josh Bernard y hacia Pioneer One, el ciberespacio capitulado I

Publicado en Arte Contemporáneo, Artes, Autores, Cine con etiquetas , , , , el agosto 8, 2011 por szofiel

Pues bien, así como Vodo hizo las delicias de algunos que ansiaban contar con un sistema de distribución, otro tanto pasó para quienes se lo tomaron en serio. Por una parte se convirtió en modelo de presentación, promoción y exhibición, paralelo al ataque masivo que lanzó la industria hollywoodense contra los administradores de The Pirate Bay.

En algún punto, el debate público perdió de vista que mientras estaba concentrado en la «iniquidad» del sistema bittorrent para «robar contenidos protegidos en la red», por otra parte se estaba promoviendo la posibilidad para emplear la misma prestación tecnológica a favor de quienes no estaban adheridos a la industria o un proceso de producción «oficial». De hecho, que mientras para las grandes empresas representó una fuga importante de dinero para sus canales de recaudación ordinarios, para otros se estaba constituyendo en la primera fuente de ingresos financieros reales para culminar una realización cinematográfica.

Por allá del 2009, el primer ejemplo importante a propósito de eso fue la presentación del largometraje The Lionshare(Josh Bernard, 2009) en eztv, isohunt, btjunkie.org, thepiratebay.org y vodo.net, que lo convirtieron en un auténtico parteagüas en términos cinematográficos, de producción y para internet.

La premisa del relato era bastante ordinaria —y en más de un aspecto insulsa—, un joven que hace una cita a ciegas con una muchacha, conforme platica con ella, le habla de su amor por el cine, que en breve lo lleva a hablar de su película favorita, Ghostbusters (Ivan Reitman, 1984). Ambos deciden ir a su departamento y desde la terminal de su máquina hacen una búsqueda para descargar la película de internet, ya que no la encuentran en el video club donde planean rentarla. El sitio que eligen justo se llama The Lionshare.

A medio camino entre el cine indie, muy influido por Wim Wenders y Werner Herzog, The Lionshare se transforma en el tipo de realización al que le importa un verdadero rábano lo que la industria hollywoodense entiende respecto a la realización de una película.

Abiertamente frontal, en la vena de lo que Jim Jarmusch decidió abordar cuando realizó Stranger Than Paradise (1983), Bernard se toma todo el tiempo del mundo para narrar la espera de Nick (Mike Pantossi), desde una percepción en que la estructura del relato recae en torno a esa página web, la muchacha de quien no vuelve a tener noticias sino mucho después, al igual que el recorrido por una ciudad donde no se retratan efusividad ni ánimo desentendidos.

Es decir, algunos de los rompimientos y llamados de atención que prevalecen y siguen vigentes en los experimentos tanto del cine de vanguardia como en la producción europea, cuya filosofía consiste en producir sin atarse a los lugares comunes formulados por la obligatoriedad del cine estadounidense, están allí, en The Lionshare, sin extenderse en monólogos cansados ni en apologías de la existencia. Se limita a presentar una realidad de la producción en pequeña escala y desde una comunidad más bien sobria sin ánimos de ser espectacular.

Una especie de heredero del trabajo de Hal Hartley —realizador estadounidense independiente con cánones propios, pese a los estándares de Hollywood—, así como lo que ya se comentó de Jarmusch, Bernard fue laureado por su filme completamente atípico, además de elogiarse su amparo en el uso de una plataforma que a su vez inspiraba el sentido de la cinta. Pese a la marginalidad del planteamiento, la película resultó un éxito y sirvió para cimentar el prestigio de un realizador muy joven y ambicioso.

Ante la posibilidad de un éxito fugaz propio de un advenedizo, Bernard dio las primicias del siguiente proyecto en el que incursionaría, sin especificar del todo en qué consistiría, pero a principios del 2011 se abrió paso con Pioneer One.

Pese a que en su trabajo se descubren con cierta facilidad las influencias de autores y obras reconocidos del cine internacional, lo que se temía audacia sin más, mediante Pioneer One se confirman el rigor estilístico para dominar convenciones de género, así como la originalidad para interpretar con nuevos recursos planteamientos clásicos sin importar su austeridad, al igual que la falta de lugares comunes vistosos.

Pero de eso se hablará en la siguiente entrega.

Vodo.net, una paradoja moderna de la distribución

Publicado en Autores, Bittorrent, Cine, Internet con etiquetas , , , el julio 23, 2011 por szofiel

Generalmente se asume un aire de imposibilidad y derrota cuando un trabajo cinematográfico debe emprender el largo camino que representa tocar puertas para obtener el apoyo de patrocinadores, fondos para costear la producción, recursos para rentar equipo y tiempo de edición, entre otros.

Sólo los tenaces y astutos sobreviven la faena y mucho menos logran que ese trabajo —sí, de la peor manera posible— realmente se exprese como un filme que inspire no nada más respeto ante la dificultad de todo el proceso, sino que sea visto como una cinta que extienda el lenguaje cinematográfico, al margen de cualquier buena intención.

Pero las nuevas tecnologías hasta eso están cambiando.

Aunque es de todos sabida la insistencia de las industrias de producción que, desde la aparición de internet, no han hecho otra cosa sino quejarse, inventar nuevas leyes para impedir la piratería y han creado cuanto artefacto se les ha ocurrido para mantener su anterior régimen de ganancias millonarias, poco es lo que han logrado para evitar la libertad que presenta el ciberespacio. De hecho, en lugar de formar alianzas o mejorar la calidad del antiguo sistema, se han limitado a entorpecer el acceso que representa el intercambio de archivos.

Ya en esas, un nuevo pionero ha incursionado en este ámbito: vodo.net

Gran parte de la piratería actual de películas, series de televisión y música, no es otra cosa que desconocimiento y falta de acceso a la tecnología. Lo que usualmente se maneja para descargar los archivos internet de cada una de esas producciones suele ser el sistema bittorrent, un protocolo de transferencia de información que consiste en una premisa básica y bastante difícil de controlar por parte de los grandes productores, así como servidores condicionados.

Consiste en la creación de un archivo indicador que condensa en una micro base de datos el contenido de una carpeta, un archivo o un grupo de carpetas. El archivo torrent se sube a un servidor público para su descarga y, cuando haya alguien interesado en los contenidos, mediante un cliente que administre archivos torrent se puede iniciar la descarga de tales archivos hasta haber duplicado el contenido en una computadora remota.

Este sistema funciona a partir del intercambio de archivos de un usuario que provee a otros usuarios cierta información, pero es un sistema que consiste en una clave básica: compartir significa permitir que otros accedan a dichos materiales hasta haber compartido el 100 por ciento de los archivos que se diseminará en la red, no antes. No se puede borrar ni modificar los archivos alojados en la computadora hasta haber devuelto lo que se tomó.

De allí sale toda la piratería actual, de gente que no sabe leer inglés, que no sabe usar protocolos, que no tiene computadoras o que de plano no le interesa manejar una.

Pero este proceso se ha transformado en la actual libertad de una generación de realizadores cinematográficos que han hecho de semejante nueva herramienta, un cambio de paradigma en Vodo.net.

¿En qué consiste? Mediante el uso de bittorrent y a través de notificaciones, los autores que han producido uno u otro trabajo, promueven sus realizaciones de tal forma que un público interesado descargue sus filmes, sin otro intermedio que la computadora y la página de Vodo.

Esta clase de iniciativa podría considerarse innecesaria y hasta fallida gracias a la presencia de You Tube, pero la gran diferencia consiste en que se trata de material de alta definición en formatos que se pueden reproducir en equipo DVD con capacidad para manejar archivos DivX/Xvid, así como BluRay por su capacidad para identificar ficheros MKV (matroska).

Eso es por una parte. Por la otra, algunos de los proyectos se han costeado por la participación de los visitantes a la página.

Pero de eso se hablará en la siguiente entrega.

El semillero de gobelinos

Publicado en Animación, Arte Contemporáneo, Artes, Autores con etiquetas , , , , el julio 12, 2011 por szofiel

Gobelins, la escuela de animación que se abrió paso en Europa desde 1975, en el transcurso de los últimos cinco años se ha colocado entre la crema y nata de la comunicación visual del mundo.

Desde los programas académicos entre 2005-2007, año con año Gobelins presenta cortometrajes en cuya galería destacan nuevos talentos que despuntan por un abierto despliegue de innovación y experimentos formales que infunden más vida en el ámbito de la animación.

Cuando no es así, hay casos de autores que dan indicios de empujar el campo con iniciativas formales y narrativas en un futuro no muy lejano.

El cierre de fin de ciclo que recién ha deslumbrado este año corresponde a Who’s Afraid of Mr. Greedy?, una auténtica maravilla a la que bastan apenas cuatro minutos y medio para sobrecoger a cualquiera, interesado o no en el mundo de la animación.

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